miércoles, 19 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Hilaria –del 15 al 27 de marzo-

Altar en honor a Cibeles y Atis
Festival en honor a Cibeles, en el cual se conmemora la resurrección del dios Atis. Durante el festival se celebra a su vez el equinoccio de primavera.

Hilaria privada
La Hilaria recibe el nombre, siendo más “oficial”, de Hilaria Matris Deum; la idea es distinguirla del término privado de hilaria –que en latín significa «alegría, regocijo»- en relación a los días de júbilo familiar, como puede ser la celebración de una boda o el nacimiento de un hijo. Aunque este término es tardoimperial (siglo IV, posiblemente).

Origen del festival
Como se explica en los Ludi Megalenses, el culto a Cibeles llegó a Roma durante el siglo III a. C., por lo que es de suponer, que el culto a Atis comenzó a popularizarse a partir de esa fecha, procedente de Asia Menor. Lo que no se sabe es la fecha exacta de la primera Hilaria, ni a iniciativa de quien se instauró.
Ya en tiempos imperiales se realizan anualmente, como aseguran Herodiano o Macrobio, por lo que debe considerarse la popularidad entre los romanos del festival, siendo conocidos y muy participativos.

Nota del autor
Para saber algo más sobre Cibeles, ver Ludi Megalenses.

El dios Atis
Joven dios consorte de Cibeles, de origen frigio –en Asia Menor-, cuyo culto fue aceptado tanto por griegos como romanos. Representa el ciclo vital de la vegetación: el dios muere en invierno y resucita en primavera. Cuenta el mito que se castró bajo la sombra de un pino, enloquecido –aunque las circunstancias y el árbol pueden variar según la procedencia del mito y el autor que lo relate-. Culto sangriento cuyos sacerdotes, los galli, son eunucos. Atis está al servicio de Cibeles.

Cibeles y las Hilarias, según Macrobio
Este autor en sus Saturnales I (21, 7-10) reflexiona sobre la naturaleza de Cibeles y el inicio de la primavera, culminando con una explicación sobre la razón de las Hilarias: “De modo similar, los frigios, aunque con leyendas y prácticas religiosas diferentes, ofrecen la misma concepción de la Madre de los Dioses y Atis. Pues, ¿quién dudaría que la Madre de los Dioses es considerada la tierra? Esta diosa es conducida por leones, animales llenos de ímpetu y vehemencia, como la naturaleza del cielo, cuya bóveda encierra el aire que transporta la tierra. Una flauta y una vara adornan al sol, porque los vientos, entre los cuales no existe la igualdad, toman del sol su propia esencia; la vara, en cambio, confirma el poder del sol, que lo gobierna todo. Ahora bien, que la consideración del sol se torna fundamental en estas ceremonias sagradas puede deducirse asimismo del hecho de que, en el ritual de este pueblo, el comienzo de la alegría se celebra el octavo día antes de las calendas de abril, una vez que el sol ha completado el descenso y se ha puesto fin a la simulación del duelo. A este día lo llaman las Hilarias, porque es el primero en el que el sol hace el día más largo que la noche.”

Una anécdota histórica
Durante el principado de Cómodo se rebeló un antiguo militar llamado Materno, reconvertido en salteador de caminos. Gozaba este desertor de prestigio entre sus hombres –la mayoría caído en desgracia como él-. Materno solo tenía en mente una cosa: acabar con Cómodo. Para ello ideó un arriesgado y singular plan durante las Hilarias del año 187 d. C. Así lo detalla Herodiano en su Historia del Imperio Romano I (10, 5-6): “Al comienzo de la primavera, cada año en un día fijo, los romanos marchan en procesión en honor de la madre de los dioses. Todos los objetos más valiosos de los particulares y los tesoros imperiales, auténticas maravillas por su material o por su labor artística, desfilan en la procesión delante de la diosa. Se da a todo el mundo licencia absoluta para cualquier tipo de diversión y cada uno se disfraza como quiere. Y no hay cargo tan alto o privilegiado que no permita a quien quiera hacerlo disfrazarse con su indumentaria y con ello divertirse y esconder la verdadera identidad de tal forma que no sea fácil distinguir entre la persona real y la imitada. Materno pensó que era la ocasión propicia para que el plan se pusiese en práctica sin despertar sospechas. Creyó que, si se disfrazaba de pretoriano y se armaba del mismo modo a los suyos y, luego, se mezclaba entre la multitud de guardias de tal manera que fuera considerado como parte integrante de la comitiva, nadie estaría prevenido cuando se abalanzara inopinadamente sobre Cómodo y lo mataría.”

Desgraciadamente para Materno, fue delatado por uno de los suyos, siendo apresado y ejecutado posteriormente.

El festival
Las Hilarias duran varios días, comenzando el 15 de marzo para finalizar el 27 de marzo, constituyendo una “semana sagrada”. Todo el mundo puede participar en el festival como asistente, pero los ciudadanos romanos y libertos que deseen participar activamente en las celebraciones deben inscribirse en el collegium de los dendróforos, “los portadores del árbol”. Las mujeres, la mayoría de noble condición y vírgenes, se inscriben entre las canéforas, “las portadoras de los canastos”. Ambos tienen su función específica en las Hilarias, siendo hermandades religiosas de gran importancia social.

Día 15: Canna intrat (la llegada de la caña)
Nacimiento de Atis y su hallazgo entre las cañas del río Sangario, en Asia Menor. Según la procedencia del mito, lo encontraron unos pastores o la propia Cibeles. Las canéforas son las encargadas de recoger la caña para este día. Comienza un periodo de nueve días de ayuno, en los que no se permite consumir pan, granadas, membrillos, así como cerdo y pescado. El vino está a su vez prohibido, pudiéndose consumir leche. No todos respetan tal ayuno, y menos el del vino. Ese día se sacrifica un toro.

Día 22: Arbor intrat (la llegada del árbol)
Se conmemora la castración y muerte de Atis bajo un pino. Los dendróforos deben cortar un árbol, y del mismo suspender una imagen del dios. El árbol debe depositarse en el templo de Cibeles. Comienzan tres días de luto, en las que las lamentaciones están permitidas. Bajo el principado de Claudio este día comenzó a inscribirse en los calendarios.

Día 23: Luctus (duelo)
Coincidiendo con el festival del Tubilustrium, el árbol, como símbolo fúnebre, se expone en el templo de Cibeles: de igual forma que los muertos deben velarse, así se hace con este árbol que no es otro que Atis. El sonido de los clipeus sagrados golpeados por los salii, así como el sonido de las trompetas, asemejan a la exótica música oriental de los coribantes, sacerdotes del culto.

Día 24: Dies sanguinis (día de la sangre)
Se desata el frenesí entre los asistentes, especialmente los galli, que salpican con su sangre al azotarse los altares en honor a Atis. Los más fanáticos se castran al estilo de los galli. Al caer la noche, se entierra simbólicamente a Atis: en este caso encarnado por el árbol talado por los dendróforos, junto a la imagen del dios.

Día 25: Hilaria (regocijo)
Los sacerdotes desentierran el árbol, recorren la multitud de asistentes, susurrando la gran noticia de la resurrección del dios. Se desata el júbilo entre los devotos y los galli. Los discípulos del culto acogen la noticia como una promesa de su propia resurrección. Como se ha detallado más arriba –Una anécdota histórica-, este día se permite a todo el mundo disfrazarse y gozar de la fiesta como desee.

Día 26: Requietio (descanso)
Como su propio nombre indica, un día tranquilo, de reposo tras los excesos emocionales de días anteriores.

Día 27: Lavatio (purificación, limpieza)
Se realiza una procesión desde el templo a Cibeles hasta el arroyo Almo, un afluente que desemboca en el Tíber a pocas millas al sur de Roma. Se abandona la ciudad por la Puerta Capena. Una figura argenta tallada en tosca piedra y que representa a Cibeles es lentamente transportada por varios bueyes. La nobleza romana precede la procesión, con sus pies desnudos. Un estrépito de tambores y sones de flautas les acompaña. El gran sacerdote del culto, ataviado con una llamativa túnica púrpura o roja, lava con agua del Almo la carreta, la efigie y demás objetos sagrados. Acto solemne de gran simbolismo religioso. A la vuelta, al anochecer, a la luz de las antorchas, se esparcen flores primaverales sobre el carro, la efigie y los sacerdotes. Nadie parece recordar los días previos de tristeza, luto y regocijo.
Este último día se cree fue instaurado por Augusto (o bien por Claudio). El colegio sacerdotal de los quindecimviri sacris faciundis asiste, desde tiempos de Claudio, a los sacerdotes de Cibeles durante el festival, siendo una de sus funciones vigilar los cultos extranjeros en Roma.

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