lunes, 31 de julio de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Esculapio -1 de enero-

Esculapio y Salus 
Aniversario de la fundación del templo a Esculapio en la Isla Tiberina.

Esculapio, dios médico
Se trata del Asclepios griego, llamado por los romanos Aesculapius. Hijo de Apolo, dios de la medicina por antonomasia, y la mortal Coronis. La mitología de esta deidad es amplia. Criado por el más notorio de los centauros, Quirón, que le instruyó en las artes médicas y herboristas. Tal era su habilidad en vida que era capaz de resucitar a los muertos, por lo que Zeus, temeroso al ver peligrar el orden natural, lo mató. Tras ciertas vicisitudes mitológicas, Zeus dispuso al difunto Asclepios entre las estrellas, convertido en la constelación de Ofiuco.
Uno de sus símbolos más conocidos es la serpiente, animal que vive tanto sobre como en el interior de la tierra, conociendo sus secretos, teniendo en cuenta que el veneno es tanto ponzoña como medicina. Un animal temible, complejo pero custodio de útiles secretos.
La diosa Salus se identifica, en relación con Asclepios, con la griega Hygea (ver el festival del Augurium Salutis).
En Roma se adoptó desde siglos tempranos a Apolo como dios médico. Siglos más tarde Esculapio, otra deidad griega, se añade al panteón de divinidades extranjeras aceptadas por los romanos. Al fin y al cabo, eran los tiempos del helenismo.

El serpenteante Esculapio llega a Roma
Roma dirimía el victorioso final de las guerras samnitas que tantas pérdidas y sufrimientos había ocasionado a la república. En el 295 a C. la batalla de Sentino había sido decisiva y favorable a Roma; pero la alegría no era completa. Tras la batalla, una plaga azolaba desde hacía tres años la ciudad y los campos romanos. Conjuntamente a otros prodigios, se decidió consultar los libros Sibilinos en busca de una respuesta, como narra Tito Livio en su Historia de Roma X (57, 6-7): “Los múltiples motivos de alegría de aquel año apenas si bastaron para aliviar de una única calamidad: una epidemia que arrasó simultáneamente la ciudad y el campo; el azote tenía ya el aspecto de un acontecimiento de mal augurio y se consultaron los libros para saber qué final o qué remedio concedían los dioses para semejante desgracia. Se vio en los libros que había que traer a Esculapio de Epidauro a Roma: pero como los cónsules estaban absorbidos por la guerra, aquel año no se hizo nada en este sentido, aparte de la celebración de un día de rogativas a Esculapio.”

Aunque se conocía al griego Asclepios, en Roma no existía templo alguno en su honor. Por ello, tras la consulta, se envió a Epidauro, la sede más influyente e importante de Asclepios en la Hélade, a Q. Ogulnio como embajador –destacar que este antiguo cónsul fue un gran defensor de la plebe-, para solicitar la ayuda del dios. Una vez allí, la embajada rogó a la deidad que viviese en Roma. Al punto, una serpiente del templo, símbolo y encarnación de Asclepios, atravesó veloz y sin temor alguno, algo singular al tratarse de un animal tímido, la ciudad hasta arribar al trirreme romano atracado en el puerto. Este hecho se consideró un prodigio y una demostración favorable de la deidad por la causa romana. La serpiente, una vez a bordo, se adentró en el camarote de Ogulnio, enroscándose tranquilamente, a la espera de zarpar hacia Roma.
La travesía de regreso a Roma duró unos tres apacibles días. Una sola vez tocaron tierra antes de llegar, en Antium, una localidad que sí tenía un santuario a Asclepios. La serpiente desembarcó, entrando en el santuario, para mostrar sus respetos y regresar al barco tras tres días de estancia. Otro hecho insólito como poco.
Una vez en el Tíber, en la misma Roma, se preparaba el trirreme para arribar a puerto con los gozosos embajadores, cuando súbitamente la serpiente abandona el barco y se adentra en la Isla Tiberina, como clara muestra del lugar donde debía edificarse el templo a Esculapio.
Ovidio, en sus Metamorfosis XV (730-740) narra la llegada del trirreme, el alborozo general y el prodigio de la serpiente nadando hasta la Isla Tiberina, lo que fulmina de inmediato la plaga:

“Aquí de todo el pueblo por todas parte y de las madres y de los padres
al paso la multitud se lanza y las que los fuego, oh troyana Vesta,
guardan tuyos, y con alegre clamor al dios saludan,
y por donde a través de las enfrentadas ondas la nave rápida es conducida,
inciensos sobre las riberas, en aras por orden hechos,
por ambas partes suenan y aroman el aire de sus humos,
y herida entibia la víctima a ella lanzados los cuchillos.
Y ya a la cabeza de los estados, de Roma había entrado a la ciudad:
se yergue la sierpe y en lo alto del mástil empinada
su cuello mueve y sedes para sí alrededor busca aptas.
Se escinde en gemelas partes, circunfluyente su caudal
-Insula de nombre tiene- y por la parte de los costados ambos,
extiende iguales, en medio la tierra, sus brazos:
aquí desde el pino del Lacio la Feba serpiente
se traslada y un fin, su apariencia celeste retomada,
a los lutos impuso y vino el Salutifer a la Ciudad.”

Aedes Aesculapii
El templo tras varios años de construcción fue inaugurado el 1 de enero del 289 a. C. La Isla Tiberina le está consagrada por completo, aunque la comparte con otras divinidades y sus templos. Tanto en el templo como en la isla abundan las signa Aesculapia, estatuas representando al dios y una serpiente enroscándose en el cayado que porta; destaca una colosal estatua en uno de los pórticos del aedes. El templo está profusamente decorado con frescos.
En todos los aspectos es un asklepieon, tanto un lugar de culto como un “hospital”. Aunque difiere de nuestro concepto moderno en muchos aspectos. El templo dispone para los fieles enfermos de un abaton, una gran sala para la incubatio, en la que tras reposar y dormir, reciben al dios oníricamente. Los sacerdotes, tras consulta con el paciente, aconsejan las medidas médicas a seguir. A este servicio acuden enfermos sin importar su condición social: todos son bienvenidos; aunque todos deben donar una moneda y rogar a la divinidad. Sin olvidar, además, antes de la incubatio, asearse en el tholos o fuente dispuesta en el exterior del templo, aunque dentro del recinto templario.
Por el templo pululan multitud de serpientes –no venenosas- en representación de la deidad. Son libres de ir allí donde les plazca, lo que a menudo resulta curioso a los enfermos que acuden al abaton para la incubatio. Puede ser difícil dormir con una serpiente observando nuestro sueño…

Nota del autor
Debe entenderse que al referirme a templo lo hago en su conjunto. Un edificio alberga la estatua de la divinidad, siendo un lugar reservado a los sacerdotes y fieles más allegados. Otros, como el abaton o el tholos, aunque estén dentro de lo que se considera “templo”, son lugares más públicos y accesibles.

Suetonio, en su Vida de Claudio (25) nos narra una de las medidas legislativas de este emperador, con la intención de atajar una mala práctica asociada al templo de Esculapio: “En vista de que algunas personas, hartas de cuidar de sus esclavos enfermos y debilitados, los exponían en la isla de Esculapio, estableció que quedaran libres todos aquellos que fueran expuestos, y que no volvieran a caer bajo la autoridad de su dueño si sanaban; pero que si alguien prefería matar a uno de sus esclavos a exponerlo, incurriera en el delito de asesinato.”

La isla, como puede apreciarse, es un lugar concurrido. No son pocos los enfermos que acuden con la esperanza de obtener el favor y la ayuda del dios sanador. Muchos dejan recuerdos votivos tras su curación, como ejemplo de la eficacia de Esculapio y sus sacerdotes.
El templo, al estar situado fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad, es adecuado para recibir la visita de embajadores extranjeros, por lo que pueden verse comitivas de bárbaros entremezcladas con la afluencia de fieles enfermos y los senadores que suelen ser sus anfitriones.

Aguas y paludismo
En la antigüedad, el Mediterráneo está azotado por el paludismo, siendo una enfermedad común entre las gentes de toda condición social, siendo básico para la salud escoger bien las fuentes acuáticas, según sus diversas propiedades, ya sean estas sulfurosas, aluminosas, bituminosas, nitrosas… Vitrubio, en su Arquitectura I (2, 6), lo explica del siguiente modo: “[…] a todos los recintos sagrados se les buscan las orientaciones más saludable y los manantiales con las aguas apropiadas en los parajes donde se establezcan sus santuarios, especialmente en el caso de Esculapio y Salud y aquellos dioses con cuya acción curativa para sanar mayor número de enfermos. Y es que si los pacientes son trasladados de un lugar malsano a uno saludable y se les suministra agua de un manantial de aguas salubres, se restablecerán con mayor rapidez. Así resultará que, aprovechando la naturaleza del lugar, la divinidad se granjeará mayor fama y la verá aumentada conforme a su dignidad.”

La Isla Tiberina es uno de los lugares más saludables de Roma, megalópolis de la antigüedad, teniendo en cuenta que se trata de una ciudad enorme, vital, comercial, cosmopolita, a la que arriban mercaderías de todo tipo y, por lo tanto, sucia; pese a sus magníficas cloacas y acueductos, es todo un reto lograr que la ciudad esté razonablemente limpia e higiénica, y eso incluye el Tíber, que a veces se ve desbordado en ese aspecto. En otras palabras, la isla es saludable según los parámetros de Roma.

Una fiel devota alimentando a las serpientes del asklepeion

jueves, 27 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Felicitate in Capitolio -9 de octubre-

Denario de plata representando a Felicitas
Sacrificios en honor a Fausta Felicitas, conjuntamente con Venus Victrix y el Genius Publicus. El nombre oficial del festival es Genio Publico, Faustae Felicitati, Veneri Victrici in Capitolio.

Dea Felicitas
Divinidad personificación de la buena suerte, la dicha y, por supuesto, la felicidad, lo que afecta aspectos diversos de la vida, como la fecundidad, la victoria, el éxito o gozar de buena suerte en general. Fausta se traduce como favorable. Aunque es similar a la diosa Fortuna, esta puede ser desfavorable e injusta –existe la Mala Fortuna, pero no la Mala Felicitas-.
La palabra latina felix indica, desde tiempos arcaicos, una vinculación especial con la divinidad, indicando un tipo de bendición. Ya desde la Roma primitiva, agraria y rural, felix significaba “que da frutos”, los árboles frutales reciben el nombre de felix arbor –árbol que da frutos-. Felicitas, afortunado y fecundo, incluyendo a las féminas. Incluso se considera que palabras como filius, hijo, proceden de esta.
No solo la felicitas es un atributo personal, también puede “transmitirse”. Una persona bendecida con ella por los dioses es beneficiosa para todos aquellos que la frecuentan, sus empresas, incluidas las militares, tienen mayor probabilidad de éxito.
Cicerón nombra cuatro cualidades ideales para un militar: scientia rei militaris –arte militar-, virtus –valor propio de un hombre-, autoridad –auctoritas-, y por supuesto, felicitas; de entre todos los generales de su tiempo, para Cicerón destacaba la felicitas de Pompeyo Magno.
Sus atributos más representativos son la cornucopia y el caduceo, símbolos de gran prestigio en la religión romana. Es una de las divinidades más representadas en las monedas, especialmente en tiempos imperiales, ya que muchos emperadores, sobre todo en épocas problemáticas, la presentan como su ideal de prosperidad y concordia civil.
No se tiene noticia de culto de esta divinidad hasta el siglo II a. C., cuando se le inaugura un templo.

Hic habitat Felicitas!
Es habitual en las ciudades romanas, en las puertas de los locales de muy variada condición comercial –lo que va desde panaderías hasta burdeles- presentar relieves con formas fálicas. A menudo estos van acompañados de la frase Hic habitat Felicitas! -¡Aquí habita la Felicidad!-. Esta alegre representación debe observarse más como un amuleto apotropaico que como una simple representación sexual. Se trata del fascinum, protector del mal de ojo entre otros posibles males, como la envida e incluso maleficios. Además de estos relieves, los romanos empleaban una cantidad asombrosa de amuletos con formas fálicas, siendo muy comunes.

Quod bonum faustum, felix fortunatumque sit!
Esta singular y simpática frase se emite antes de comenzar diversas empresas con la intención de propiciar la buena suerte, la felicidad y la prosperidad. Incluso llega a pronunciarse como fórmula ritual religiosa. ¡Toda ayuda divina es poca cuando se necesita la suerte de nuestro lado!

Fausta Felicitas
Pequeña capilla –aedicula- en honor a Fausta Felicitas situada en el Capitolio; aunque esta divinidad posee varias capillas en Roma. La capilla la comparte Felicitas con Venus Victrix y el Genius Publicus; no se sabe si se trata de tres capillas separadas con sus correspondientes altares, o de una conjunta.
Es posible, aunque no se sabe a ciencia cierta, que fuese consagrada por Sila, que se consideraba amado de los dioses, y especialmente de Fortuna, Felicitas o Venus; en vida hizo añadir a su nombre el de Felix, haciéndose llamar Lucio Cornelio Sila Felix.
Esta divinidad poseía un templo en el Velabro, en el Vicus Tuscus –el antiguo barrio etrusco-, valle situado a los pies de la colina capitolina y el monte palatino, entre el Foro romano y el Foro Boario. Inaugurado en el siglo II, desgraciadamente sufrió un terrible incendio durante el principado de Claudio. Nunca fue reconstruido –aunque existe controversia al respecto-. Cicerón, comenta en sus Verrinas, que este templo poseía en su interior magníficas y exquisitas obras de arte dignas de ser admiradas.

Nota del autor
Apenas sabemos algo sobre este festival, salvo que se realizaba el sacrificio de un animal –probablemente una vaca- en la capilla del Capitolio. En tiempos de zozobra imperial el culto a Felicitas se utiliza ampliamente como propaganda política, por lo que es posible que el sacrificio sea majestuoso, o al menos goce de gran publicidad.

miércoles, 26 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Iovi Fulguri -7 de octubre -

Denario de plata de época republicana con la efigie de Júpiter
Desconocidos ritos realizados en honor a Júpiter Fulgur –«que hace relampaguear»-, la más pura y poderosa divinidad del rayo diurno; siendo Summanus el dios del rayo nocturno. El culto a este dios con este epíteto se considera de gran antigüedad; a veces se le denomina Fulgurator o Fulgens, incluso Fulminator.

Sacellum Jovis
Posee un sacellum inaugurado en el 252/1 a. C. –algunas fuentes hablan del 292 a. C.-, un pequeño santuario dotado de un altar en el Campo de Marte, donde se le ofrendan los sacrificios pertinentes en su festival.

Una nota sobre los templos a Fulgur
Vitruvio en su Arquitectura I (2, 5) da algunos detalles sobre cómo deben ser los templos o santuarios consagrados a Júpiter Fulgur y otras divinidades asociadas al cielo: “[…] cuando se les erijan edificios a Júpiter Fúlgur y al Cielo, así como al Sol y a la Luna, se establecerán al descubierto e hipetros; y es que tanto las estatuas de estos dioses como sus señales propicias se vea a cielo abierto y a plena luz.

Un templo hipetros carece de cobertura en su parte central, lo que permite observar el cielo desde su interior, los signos celestes, dejando entrar la luz con amplitud. Las plegarias, invocaciones, ruegos o sacrificios dedicados a los dioses celestes deben dirigirse al cielo. De otro modo, la comunicación con ellos sería imposible

El rito del condere fulgur –enterrar el rayo-
A Júpiter – no pocas veces como Fulgur o como Summanus, ya caiga el rayo durante el día o durante la noche- se le consagran los lugares donde cae el rayo –fulguritum-, considerándose desde ese momento locum religiosum, un término que oscila entre sagrado y maldito. Los pontífices se encargan de “enterrar” el rayo simbólicamente en una ceremonia de origen etrusco: tanto la zona afectada como la inmediatamente alrededor debe arrojarse en un agujero practicado donde halla caído el rayo, todo convertido en ceniza. Sobre esta oquedad se sacrifica una oveja bidental, esto es una joven oveja de dos años, mientras se murmura una siniestra letanía; por ello los pontífices al realizar este rito para calmar la posible ira divina reciben el nombre de bidentales.
Tras ello, se rodea el lugar de una pequeña cerca -puteal-. La estructura es similar a la de los pozos, dejándolo abierto al cielo. Está prohibido pasar por encima del mismo o tocarlo, siendo un sacrilegio hacerlo. Para los más extremistas o devotos está prohibido incluso mirarlo. Creencia es que aquel que mancille un bidental provocará la ira divina, siendo castigado con la locura. Sí está permitido repararlo en el caso de deterioro, pero no de trasladarlo. Uno de los más famosos es el puteal Libonis –también llamado puteal scribonianum-, al este del Foro en Roma, al que concurren banqueros, comerciantes, prestamistas y usureros.

Notal del autor
Desgraciadamente desconocemos que tipos de ritos y sacrificios eran llevados a cabo en este modesto festival en honor a Júpiter Fulgur. Respecto al condere fulgur, algunas fuentes no especifican si los sacerdotes encargados de realizar el rito deben ser pontífices, refiriéndose simplemente a ellos como sacerdos –sacerdotes-.

Bidental

martes, 25 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Sol Indiges -9 de agosto y 11 de diciembre-

Antigua imagen del Sol Indiges
Antiguos sacrificios en honor al Sol Indiges –o Sol Indigete-. El del 9 de agosto rito recibe el nombre oficial de Soli Indigiti in colle Quirinale, o bien el más específico de Solis Indigitis in colle Quirinale sacrificium publicum; el del 11 de diciembre, Agonium Solis Indigete (para más información ver el festival Agonium).

Etimologías de sol y de indigete
No pocos autores consideran que el nombre sol procede da la palabra etrusca Usil, siendo la deidad de la luz de los etruscos, pero también adoptado por los umbros. En este caso Varrón, el gran lingüista, se equivoca al buscar el origen del nombre sol. Así lo explica en su Lengua Latina V (68): “El Sol tiene su denominación, o bien porque así lo denominan los sabinos, o bien porque solamente (solus) él brilla, de manera que de este dios procede la luz del día.”
La palabra indiges/indigete es más compleja, aunque puede hacer referencia a diversos aspectos de la deidad:
  • Resaltar su origen autóctono, para distinguirlo de otras divinidades solares foráneas.
  • Simplemente significa “que pertenece a un sitio”, en referencia a Roma.
  • Que posee una labor específica, estando relacionado con la palabra indigitamenta.

Culto sabino
El culto al Sol fue instituido, según algunos autores, por el rey sabino Tito Tacio, poco después de la fundación de Roma –recordar que este rey gobernó junto a Rómulo-; culto que en tiempos imperiales se confunde con los cultos a Helios y a Apolo, ambos de origen griego. No debe confundirse este antiguo Sol con el culto al Sol Invicto, posterior y de origen oriental.

Aedes Solis et Lunae
En el interior del famoso Circo Máximo existe una antigua capilla en honor al Sol Indiges, honor que comparte con la diosa Luna. El dies natalis de este lugar sagrado es el 28 de agosto, aunque se desconoce el año de su inauguración. Ese día se ofercen sacrificios a ambas divinidades. Destaca una magnífica estatua del Sol Indiges conduciendo una cuadriga.

Mitos solares en el Lacio: Latino, Circe y el río Numicio
Según Virgilio, en su Eneida XII, el dios Latino es bisnieto del dios solar, como detalla del siguiente modo al describir al rey dispuesto para la guerra:
“Latino va montado en su carro
de majestuoso empaque que unce cuatro corceles. Resplandecen
en torno de sus sienes los doce rayos de oro,
el emblema del Sol, su antecesor.

Es una curiosa genealogía, pues habitualmente se le considera hijo de Fauno. Además, asegura que la célebre bruja Circe es a su vez hija del Sol y abuela de Latino, habitando en el promontorio conocido como Circeo, al sur del Lacio.
Este Sol Indiges, además de en Roma, recibe especial culto a lo largo del modesto río Numicio, donde posee altares a lo largo de su ribera. Este río se encuentra al sur del Lacio, entre las poblaciones de Lavinio y Ardea. Su mitología está relacionada con Anna Perenna y con el propio Eneas.

Una curiosidad geográfica: la pequeña Bantia
Además, en la pequeña ciudad osca de Bantia -al sur de Italia, en Lucania- destaca que culto al Sol Indiges se realice conjuntamente con Caelus Nocturnus –el cielo nocturno-, representando ambos la totalidad del firmamento. Extraño culto tan alejado de Roma, siendo el Sol Indiges de origen sabino.

Curiosidad histórica: el eclipse a la muerte de César
Tras la muerte del gran estadista y general, Virgilio detalla en sus Geórgicas I (465) un eclipse solar que causó gran temor: se consideró un mal presagio, una advertencia divina procedente del mismo Sol. Al parecer fue un eclipse especialmente largo y tenebroso, lo que provocó pánico y temor en las gentes:
 “Al Sol, ¿quién se atrevería a llamarlo mentiroso? En verdad es él quien con frecuencia nos advierte los ocultos tumultos que amenazan y que el engaño y las guerras fermentan en secreto. Él es también quien, extinguido César, se compadeció de Roma, cubriendo su brillante cabeza de obscura herrumbre y provocando el temor de una noche eterna a una generación impía.”

Pulvinar Solis
El 9 de agosto se ofrece al Sol un pulvinar junto a una capilla dedicada a Quirino –cerca de la Porta Quirinalis en la muralla serviana-, donde la divinidad solar posee un altar inaugurado por Tito Tacio. La familia que tiene el honor de organizar este rito es la gens aurelia –nombre que significa “dorado”, asociándolo al sol, cuyas etimologías comparten-. Para la ocasión se crea una plataforma temporal adornada con cojines y almohadones sobre un lecho, al estilo de un lectisternium, en la que la divinidad asiste como el principal invitado: una estatua reclinada o sentada es la figura principal de este evento. Se realizan, además, sacrificios en su honor. Durante este festival se ofrece un banquete a la divinidad y a los asistentes. Suelen ser comidas suntuosas en las que la familia organizadora se juega su prestigio.

Nota del autor
No sabemos si el Agonium Solis Indigete del 11 de diciembre lo organizaba la gens aurelia, aunque es improbable, al tratarse de un sacrificio estatal.

Curiosidad histórica: la batalla de Farsalia
Esta crucial batalla librada por Julio César contra Pompeyo Magno aconteció el 9 de agosto del 48 a. C. Saliendo César vencedor, dedicó ese día al Sol, posiblemente iniciando la costumbre del pulvinar anual en honor a la divinidad solar, ya que los sacrificios posiblemente sean más antiguos.

Calendario religioso romano: Transvectio equitum -15 de julio-


Procesión ecuestre realizada en honor de Castor y Pólux, en la que se conmemora la victoria del Lago Regilo.

Los hijos de Júpiter
Aunque de origen complejo, la mayoría de los autores consideran que Castor y Pólux son hijos de Leda y Júpiter, teniendo en cuenta que se trata de un mito de origen griego –por lo que en este caso Júpiter se identifica plenamente con Zeus-.
Leda era una princesa etolia casada con Tindáreo, uno de los reyes espartanos. Leda fue madre de Helena –sí, la célebre y bella Helena de Troya-, de Clitemnestra, y de Castor y Pólux. Júpiter, prendado de ella, la sedujo transformado en cisne, dejándola en cinta, como era propio de esta divinidad de trucos amatorios tan singulares. La misma noche, Leda cohabitó con su esposo Tindáreo. De esta doble unión nacieron Helena, Castor y Pólux –este último también conocido como Polideuces-. Respecto al nacimiento de estos hermanos, los mitos son diversos. Dos huevos fueron los que dio a luz Leda. Uno de ellos conteniendo a los dioscuros y otro a Helena. Otro autores consideran que uno de los huevos contenía a Castor y Helena, siendo hijos de Júpiter y, por lo tanto, inmortales; Pólux nacería como mortal, siendo hijo de Tindáreo. Por ello, a los dioscuros –que significa “hijos de Zeus”-, también se les conoce como tindáridas, “hijos de Tindáreo”; al fin y cabo, este rey espartano era padrastro de Castor.
En Roma a los dioscuros se les denomina en ocasiones como Gemini, “los gemelos”. Siendo muerto Pólux, el hermano mortal, Castor rogó a Júpiter que lo resucitase. La divinidad accedió: ambos compartirían su inmortalidad, pero catasterizados, esto es, transformados en la constelación de Geminis. Aunque otro mito explica como Júpiter permite a los dioscuros permanecer entre los dioses un día de cada dos, y el otro en el Inframundo.
Los mitos asociados a los dioscuros son numerosos, siendo parte de la tripulación de los argonautas, de la cacería organizada contra el Jabalí de Calidón y partícipes de la Guerra de Troya.
Ambos son conocidos por ser excelentes guerreros y cazadores, destacando Castor en el arte ecuestre y Pólux como pugilista. Son patronos de los navegantes. Se les ruega en el mar por su protección, lo que incluye seres marinos de todo tipo, aunque los marineros suelen rogarles especialmente para gozar de vientos favorables. Nuestros modernos fuegos de San Telmo son denominados en la antigüedad “Antorchas de Castor y Pólux”.  Tanto en Grecia como Roma se les asocia con las competiciones atléticas y ecuestres.

La Batalla del Lago Regilo (15 de julio del 496 a. C.)
Siendo joven la república romana, esta luchaba contra la Liga Latina –Tarquinio el Soberbio, el rey expulsado, reclamaba el trono perdido por la fuerza-. Roma luchaba por su supervivencia y supremacía en el Lacio. Una guerra vital de incierta conclusión, siendo la batalla que había de acontecer en el lago Regilo el punto de inflexión.
Nombrado dictador Aulo Postumio Albo, comandaba la infantería en la batalla, y Tito Ebucio Helva, siendo magister equitum, la caballería. Oscilaba la victoria entre ambos ejércitos –fue una batalla que parece se ganó por muy poco-, hasta que cayó del lado romano. Cuenta el mito que Castor y Pólux aparecieron milagrosamente en escena: prueba evidente de que Júpiter estaba del lado de Roma.
Dionisio de Halicarnaso nos lo narra en su Historia antigua de Roma VI (13, 2-3):
“Se dice que en esta batalla dos jinetes de barba incipiente y muy superiores en belleza y estatura a lo que presenta la naturaleza humana se aparecieron a Postumio, el dictador, y a los que con él estaban y, poniéndose al mando de la caballería romana, hirieron con sus lanzas a los latinos que les salieron al encuentro y los rechazaron en desorden. Cuando, hacia la tarde, después de la huida de los latinos y de la toma de su campamento, terminó la batalla, cuentan que fueron vistos del mismo modo en el Foro de Roma dos jóvenes vestidos con atuendo militar, altísimos, bellísimos y de la misma edad. Conservaban en sus rostros las señales del combate, como si vinieran de una batalla, y traían los caballos empapados de sudor. Cuando ambos lavaron y abrevaron sus caballos en el manantial que bruta junto al templo de Vesta, formando un estanque pequeño pero profundo, una muchedumbre los rodeó, queriendo saber si traían alguna noticia del campamento, y ellos les contaron como se había desarrollado el combate, y que los romanos habían vencido. Dicen que, una vez que salieron del Foro, nadie los vio más, pese a que el hombre que había quedado al mando de la ciudad –el praefectus urbi- llevó a cabo una intensa búsqueda. Cuando, al día siguiente, los que se encontraban al frente de la ciudad recibieron la carta del dictador y, junto con todas las demás incidencias de la batalla, se enteraron también de la aparición de las divinidades, pensaron, como era lógico, que ambas apariciones eran de los mismo dioses, y se convencieron de que las figuras eran las de los Dioscuros.”

Tras la batalla, el dictador Postumio dedicó un templo a los dioscuros y la primera transvectio equitum en su honor, tal y como vuelve a narrar Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma VI (13, 4-5)

“De esta increíble y asombrosa aparición de las divinidades hay en Roma muchas señales: no solo el templo de los Dioscuros, que erigió la ciudad en el Foro, allí donde se vieron sus figuras, y la fuente adyacente que recibe el nombre de estos dioses y que se ha considerado sagrada hasta nuestros días, sino también fastuosos sacrificios que el pueblo celebra cada año, durante las fiestas más importantes, en los llamados Idus del mes que denominan Quintilis –julio-, día en que ganaron esta batalla. Además de esto, se celebra, después del sacrificio, la procesión de los que tienen un caballo público, que, ordenados por tribus y centurias, avanzan cabalgando y en filas, como si vinieran de una batalla, coronados con ramos de olivo y vestidos con la toga púrpura bordeada de escarlata que llaman trabea. Inician la procesión en un templo de Marte que se levanta fuera de la ciudad, recorren esta y, a través del Foro, llegan al templo de los Dioscuros, a veces hasta cinco mil hombres, llevando todos los premios al valor que recibieron de los generales en las batallas, espectáculo hermoso y digno de la grandeza del dominio de Roma. Esto es lo que he sabido que dicen y hacen los romanos en relación con la aparición de los Dioscuros.”

Augusto y la transvectio equitum
A medida que la república romana avanzaba en el tiempo fue olvidando el desfile ecuestre hasta que simplemente dejó de celebrase. Cuando Augusto, el gran restaurador de la antigua religión romana, obtuvo el poder, reorganizó los diversos festivales, entre ellos la transvectio equitum, con la idea de dar nueva vitalidad al orden de los caballeros.
Así lo narra Suetonio en su Vida de los doce Césares, II 38 (3):
“Pasó revista con frecuencia a los escuadrones de caballería, restableciendo la costumbre del desfile, largo tiempo suspendida. Pero no permitió que ningún caballero fuese sacado de la fila por un acusador durante esta ceremonia, como solía ocurrir, y dio licencia a los que se destacaban por su avanzada edad o por alguna incapacidad física para enviar su caballo dentro de la fila y venir a pie a presentarse cuantas veces fueran citados; luego concedió la gracia de devolver el caballo a aquellos que, siendo mayores de treinta y cinco años, no quisieran conservarlo.”

En tiempos imperiales el desfile vuelve a la vida, gozando de una numerosa participación, pudiendo ver la plebe al orden ecuestre desfilar con sus mejores galas: vestidos con sus togas púrpuras y coronados de olivo. Algunos incluso llevan lanzas de plata. Toda una demostración popular de maestría ecuestre y fortaleza física, puesto que Augusto la combinó con la llamada recognitio o probatum equitum, en la que los jinetes deben mostrar en público su valía a caballo con diversos ejercicios. Resulta curioso que participen en la misma incluso niños de muy corta edad -iuventus-, acompañados de sus padres y tíos.

Recorrido
La procesión parte del templo de Marte situado en las afueras de la ciudad, en la Vía Apia –al sudeste de Roma-, en una arboleda de la que partían las tropas en época republicana. Tras pasar por el templo de Honos et Virtus entra en la ciudad por la Porta Capena, haciendo parada en el templo de Castor y Pólux, donde rinden honores y sacrificios, para proseguir hasta el templo de Júpiter Óptimo Máximo en la colina capitolina.

Templo de Castor y Pólux -Aedes Castoris
Situado en la esquina sudeste del área del foro, cerca de la fuente de Juturna. Lo prometió Postumio tras la victoria del Lago Regilo, aunque fue inaugurado por su hijo el 27 de enero del 484 a. C. Restaurado en el 117 a. C. por L. Cecilio Metelo, y años más tarde por el execrable Verres. En tiempos imperiales ha sido reformado numerosas veces: Tiberio lo reconstruyó tras un incendio, dedicándoselo a sí mismo y a su hermano Druso; Calígula lo anexionó a su palacio, convirtiéndolo en su vestíbulo; Claudio lo reformó para acabar con esa excentricidad; con Domiciano pasa a llamarse templum Castoris et Minervae, al incorporar a esta divinidad al templo; Trajano y Adriano lo restauraron. Pese a todas estas reformas y “reconstrucciones”, el podium original del templo permanece.
Este templo es uno de los preferidos por el senado para sus reuniones –incluidas reuniones secretas-, siendo uno de los centros políticos del Imperio. Bajo el podium -el suelo del templo- se encuentra oculto y protegido parte del tesoro del fiscus del imperio. Tal es su fama de seguro, que numerosos particulares guardan sus tesoros aquí. No son pocos los argentarii –banqueros, cambistas, agentes de negocio- que tienen sus oficinas cercanas al templo. También se guardan aquí las pesas y medidas que se emplean para comprobar las balanzas, siendo vitales para los mercaderes cercanos de la Via Sacra, la calle principal de esta parte de Roma.

Ubicación del templo de Castor y Pólux

domingo, 23 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Ludi pescatorii -7 de junio-


Humilde y sencillo festival en el que los pescadores y buceadores del Tíber honran al Padre Tíber y a Vulcano.

Origen
Siendo un festival humilde y arcaico, poco se sabe sobre su posible origen, aunque lo más probable es que sea de tiempos de Numa; no así de tiempos de Rómulo, como consideran algunos autores. Numa sustituyó, según el mito, los sacrificios humanos –ya raros en su época-, por sacrificios de animales. Ovidio, en sus Fasti III (340), lo explica didácticamente en una conversación entre el padre de los dioses, Júpiter, y Numa, este último con la intención de convencer a la divinidad de la conveniencia de tornar la naturaleza brutal de los sacrificios humanos en otros menos bárbaros: “«Corta una cabeza», dijo el dios, y el rey le respondió: «Obedeceremos, cortaremos una cebolla arrancada de mi jardín». El dios agregó: «La de un hombre». El otro dijo: «Tú tomarás sus cabellos». El dios le pidió una vida, a lo que Numa respondió: «La de un pez».”

Tras esta corta conversión, Júpiter, convencido por la astucia y audacia de Numa, acepta de buen grado el cambio. Curiosamente, Numa pone de ejemplo la vida de un pez como sustituto de la vida humana, lo que tiene relación con este festival y con el festival de la Volcanalia, con el que tiene similitudes.

El sencillo festival
Se trata de un día festivo para los pescadores, buceadores y, posiblemente, todos aquellos cuyo modo de vida inmediato sea esté relacionado con las riquezas que proporciona el propio Tíber –barqueros, pescaderos, tenderos de productos fluviales-. Los pescadores y buceadores son miembros de un collegium profesional que recibe el nombre de corpus piscatorum et urinatorum totius alvei Tiberis. Como curiosidad se puede añadir que los buceadores no se dedican realmente a la pesca, sino a recuperar las mercaderías que caen de los barcos y barcazas fluviales al desembarcarlas a tierra.
El pretor urbano es el encargado de organizar el festival y los ludi que lo amenizan. Ovidio, en sus Fasti VI (235), menciona el festival y los ludi: “[…] recuerdo que contemplé los juegos en el césped del Campo de Marte, y que esos juegos eran tuyos, Tíber escurridizo. Ese día es festivo para los que tiran del hilo mojado, y ocultan los anzuelos ganchudos en pequeños trozos de alimento.” Al parecer, el costo de los ludi es modesto, teniendo relación con la venta de pescado.
Ese día se pesca únicamente para las divinidades: prohibida está la venta de pescado en los mercados. La captura de ese día se ofrece al Padre Tíber, aunque se sacrifica en el altar que posee Vulcano en el Volcanal, siendo muy similar al modo en que se realiza durante el festival de la Volcanalia: se arrojan los peces al fuego del altar.

Nota del autor
Considero que solo una parte simbólica de los peces se arrojarían al altar, ya que algunos autores especifican que se sacrifican y ofrendan “pequeños peces vivos”. El resto posiblemente se consumiría en un banquete nocturno, o bien se entregaría al pretor como pago por los ludi.
Otra cuestión es dónde se realizaba el festival. Algunos autores consideran que se realizaba en el Trestévere, barrio humilde poblado de, entre otros, pescadores, barqueros… Pero leyendo a Ovidio y estando el Volcanal situado cerca del Capitolino, creo personalmente que se realizaría en la ribera del Campo de Marte. Los participantes en el festival –junto a sus familias- llevarían su captura desde el Trastévere hasta el Volcanal, y posteriormente asistirían al Campo de Marte para disfrutar de sus particulares ludi.

viernes, 21 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Larentalia -23 de diciembre-

Acca Larentia

Festival funerario dedicado a Acca Larentia, nodriza de Rómulo y Remo, siendo la esposa del pastor Fáustulo. El festival también recibe los nombres de Larentinas, Larentinalia y Accalia, aunque son denominaciones poco empleadas.

Origen mítico del festival
Macrobio, pone en boca de G. Licinio Macro, tribuno de la plebe, en sus Saturnales I (10), un posible origen del antiguo festival: “[…] Macro asegura que Acca era la esposa de Fáustulo, y Larencia la nodriza de Rómulo y Remo; y que esta mujer, durante el reinado de Rómulo, se casó con un rico etrusco, un tal Carucio, y se enriqueció con la herencia del esposo; luego, dejó esta herencia a Rómulo, a quien había criado, y este, por piedad, instituyó un sacrificio fúnebre y un día de fiesta.”

Por lo tanto sería un festival fúnebre fundado por Rómulo, agradecido a Acca Larentia por salvarle la vida y criarlo, sin ser su hijo natural. Siendo, además, uno de los fundadores de los hermanos arvales (ver el Festival de Dea Dia), otorgando a Rómulo de prerrogativas religiosas.

El festival, según Varrón
Este autor nos explica someramente algunos detalles en su Lengua Latina VI (23,24): “Las Larentinas, día que algunos, en sus escritos, denominan Larentalia, recibieron su nombre por Acca Larencia, a quien nuestros sacerdotes dirigen un sacrificio en nombre del estado el día festivo que por ella recibe la denominación de dies Parentalium Accas Larentinas «día de las Parentales de Acca Larentina». Este sacrificio se hace en el Velabro, por donde se sale a la calle Nueva, junto al sepulcro de Acca, como afirman algunos, porque allí cerca los sacerdotes hacen sacrificios a los dioses manes de los esclavos –manes serviles-; y estos dos lugares estuvieron fuera de la ciudad antigua, no lejos de la puerta Románula […].”

Como puede deducirse de la denominación de dies Parentalium Accas Larentinas este festival honra a Acca como pariente de todos los romanos, siendo similar al festival de la Parentalia. A su vez, se honran a los lares, asimilados en este caso con Rómulo y Remo.

El barrio del Velabro
Valle situado a los pies de la colina capitolina y el monte palatino, entre el Foro romano y el Foro Boario, sin olvidar al cercano Tíber al oeste. Antaño un pantano, en este lugar quedó atrapada la cesta que transportaba a Rómulo y Remo cuando apenas eran unos bebés, siendo rescatados, según el mito por Fáustulo y su esposa Acca. Tiene especial importancia una higuera silvestre denominada Ficus Ruminalis, cuyas raíces fueron las que atraparon la cesta de los gemelos, permitiendo que la pareja pudiese rescatarlos.  Por lo tanto, el Velabro es un lugar cargado de simbolismo para los romanos. En tiempos imperiales es un distrito comercial –vino, aceite, alimentos-, vital y bullicioso, aunque a veces sufre inundaciones debido a la cercanía del río.
Aquí se encuentra, según la tradición, el sepulcro de Acca Larentia. Cercano al mismo se encuentra la Curia Aculeya (ver el festival de Angeronalia).

Acca Larentia
En los mitos romanos dos son las Acca Larentia, aunque ambas de singular reputación: estas mujeres tuvieron fama de ser lupae, esto es, lobas, un eufemismo para referirse a las prostitutas.
Como curiosidad, se puede decir que el femenino nombre de Acca puede traducirse de cierta forma como un simple e infantil “mamá”, aunque poco empleado entre los romanos; entre los griegos se escribe Akkó, y entre los etruscos Aka.
En el primer mito, siendo el más aceptado por los romanos, Acca es la esposa de Fáustulo, madre de doce hijos y fundadora del colegio sacerdotal de los Hermanos Arvales, siendo la madre adoptiva de los gemelos Rómulo y Remo.
Macrobio, en sus Saturnales I (10, 12-16) nos describe el otro mito: “[…] durante el reinado de Anco Marcio, el guardián del templo de Hércules, tomándose un descanso durante las fiestas, retó al díos al juego de los dados: el mismo tiraría los dados por los dos, pero con la condición de que el perdiera, pagaría cena y puta. Pues bien, venció Hércules, y el guardián introdujo en el templo a Acca Larentia, puta muy afamada en aquella época, y la cena; al día siguiente, Acca hizo correr el rumor de que, tras la coyunda con el dios –en sueños, como es propio de los dioses-, había recibido, como regalo, el augurio de que no desaprovechara la oportunidad de la primera ocasión que se le presentara de regreso a casa. Sucedió, pues, que, nada más salir del templo, un tal Carucio, cautivado por su belleza, le dirigió la palabra; Acca secundó sus deseos y se unió a Carucio en matrimonio; a la muerte de su esposo, se convirtió en dueña de todos sus bienes, y a su muerte, nombró heredero al pueblo romano. Por esta razón, Anco hizo que la enterraran en el Velabro, el lugar más concurrido de la ciudad, y decretó en su honor un sacrificio solemne, en el que, por medio de un flamen, se realizaría un sacrificio en honor de sus manes, y las fiestas fueron consagradas a Júpiter, porque los antiguos pensaban que era Júpiter quien daba las almas y las almas, tras la muerte, regresaban de nuevo a él. Según Catón, Larentia, enriquecida por el oficio de meretriz, dejó a su muerte al pueblo romano los campos de Turax, Semurio, Lintirio y Solinio, y por ello fue considerada digna de un sepulcro suntuoso y del honor de una conmemoración fúnebre anual.

Como puede verse, los dos mitos transcurren en dos épocas diferentes: uno antes de la fundación de Roma, y otro ya en la época de los reyes. En el primero son protagonistas Fáustulo, Rómulo y Remo, y en el segundo interviene Hércules y el etrusco Carucio –ya anciano en esta historia, muriendo poco después de casarse-. Cerca del Velabro se encuentra el Ara Máxima consagrada en honor del aguerrido Hércules.
Según Plutarco, existieron estas dos Larentia, aunque la segunda en realidad se llamaría Fábula. Ambas estarían enterradas, en ambos mitos, en el Velabro.

Mater Larum
Según algunos autores, en realidad Acca Larentia es una divinidad conocida como «Madre de los Lares» –Mater Larum-, aunque la maternidad de los lares está disputada entre diversas divinidades, como Larunda –denominada también Muta- o incluso Mania (por ejemplo, de los lares compitales), sin olvidar a Dea Dia.
Por lo tanto, existiría una tercera Acca Laurentia, aunque en este caso su nombre significaría simplemente Madre de los Lares, siendo una divinidad, posiblemente, de origen etrusco; o de origen sabino, según Varrón, y con el nombre, a su vez, de Mania (ver el festival Compitalia). Esta Acca sería, para algunos autores, la madre de los lares praestites, identificados a menudo con Rómulo y Remo, divinizados.
Un laberinto de maternidades y lares, entendiendo, además, que existen diversos tipos de lares. Un laberinto que incluso los romanos y griegos han intentado desentrañar.

El festival
Se realiza en el Velabro, como indica Varrón, siendo oficiado por el flamen quirinalis –sacerdote de Quirino/Rómulo-, asistido por los pontífices. Se da acción de gracias a la diosa por preservar los bienes de los romanos a lo largo de todo el año. Se sacrifica en el altar que la diosa posee en el lugar, tanto en su honor como a los manes y lares protectores de la ciudad. Es importante recordar que se trata de una ceremonia fúnebre similar a la Parentalia, por lo que es posible que los ritos llevados a cabo durante el festival sean similares.

El Velabro está situado casi en el centro de Roma

Calendario religioso romano: Brumalia -25 de diciembre-



Antiguo festival instituido por Rómulo para conmemorar el solsticio de invierno. Se realiza en honor a Saturno, Ceres y Baco. Algunos autores consideran que la Brumalia solo se realiza en honor a Baco –en este caso, el más romano y antiguo Liber Pater (ver Liberalia)-.

El término bruma
En latín es la palabra que designa el solsticio de invierno (época del año en que los días son más cortos), aunque también puede designar de forma poética y genérica el invierno. Varrón, en su Lengua Latina VI (8), nos lo detalla del siguiente modo, explicando el origen de la palabra: “El solsticio de invierno (bruma) recibió su denominación porque entonces es muy corto (brevissimus) el día.” (Ver el festival Angeronalia para la relación del solsticio de invierno y la diosa Angerona).
Otros autores, sin embargo, consideran que el festival recibe el nombre por uno de los sobrenombres de Baco: bromius, que significa «ruidoso, bullicioso, que ruge». Durante el festival se llenan unos pellejos con aire, y al saltar sobre los mismos se produce una sonora cacofonía, por lo que no es del todo imposible esta opción. La intención sería reproducir el estrépito de las ruidosas bacantes.

Sacrificios
El final de diciembre es época tenebrosa, oscura, de escasa o nula actividad agrícola y cinegética. Para la mentalidad antigua el mundo está dormido, en cierto modo muerto. Se realizan diversos sacrificios en honor a las divinidades más importantes de ese dormido mundo agrícola. Los agricultores sacrifican a Saturno y Ceres –aunque algunos sustituyen Ceres por Ops-, un cerdo; para Baco, una cabra, animal peligroso y devastador para las jóvenes viñas. Con los pellejos de las cabras sacrificadas se elaboran sacos, los cuales se llenan de aire; posteriormente se salta sobre ellos en un singular rito.

Ofrendas a la Magna Mater
Las autoridades ofrecen a los sacerdotes de esta divinidad ofrendas agrícolas recolectadas a lo largo del año: vino y aceite, grano y miel, sin olvidar los frutos arborícolas. Además, panes elaborados sin agua.

Otras posibles fechas
Algunos autores consideran que la Brumalia se realiza la noche del 24 de diciembre, no la del 25; o bien que la festividad se realiza desde el 17 hasta el 25 (para coincidir con el 21 de diciembre, fecha más apropiada para el solsticio); otros incluso que se realiza dos veces al año, el 12 de marzo y el 18 de septiembre, recibiendo la primera fecha el nombre de hiemalia y la segunda fecha la de bruma.

Nota del autor
Apenas sabemos nada sobre cómo celebraban los romanos la Brumalia, aunque al parecer la festejaban con una alegre cena, en la cual el vino era abundante y las costumbres se relajaban.
Catón, en su Sobre la agricultura (12,1), en relación al solsticio, explica lo siguiente: “Madera de roble y madera de vid para los adornos, siempre están maduros para el corte en el solsticio de invierno.” Quizás fuese costumbre realizar efigies de madera y regalarlos en esta fiesta, o solo fuese un consejo agrícola más.
Otra costumbre, aunque tardía, era brindar por los amigos, tras pronunciar su nombre en alto, con la frase Vives annos! (¡Vive por años!).
Desgraciadamente, gran parte de la información de este festival nos ha llegado alterada por las fuentes tardías cristianas, que la consideraban negativa, asociando a Saturno con el Inframundo de un modo peyorativo y negativo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Hilaria –del 15 al 27 de marzo-

Altar en honor a Cibeles y Atis
Festival en honor a Cibeles, en el cual se conmemora la resurrección del dios Atis. Durante el festival se celebra a su vez el equinoccio de primavera.

Hilaria privada
La Hilaria recibe el nombre, siendo más “oficial”, de Hilaria Matris Deum; la idea es distinguirla del término privado de hilaria –que en latín significa «alegría, regocijo»- en relación a los días de júbilo familiar, como puede ser la celebración de una boda o el nacimiento de un hijo. Aunque este término es tardoimperial (siglo IV, posiblemente).

Origen del festival
Como se explica en los Ludi Megalenses, el culto a Cibeles llegó a Roma durante el siglo III a. C., por lo que es de suponer, que el culto a Atis comenzó a popularizarse a partir de esa fecha, procedente de Asia Menor. Lo que no se sabe es la fecha exacta de la primera Hilaria, ni a iniciativa de quien se instauró.
Ya en tiempos imperiales se realizan anualmente, como aseguran Herodiano o Macrobio, por lo que debe considerarse la popularidad entre los romanos del festival, siendo conocidos y muy participativos.

Nota del autor
Para saber algo más sobre Cibeles, ver Ludi Megalenses.

El dios Atis
Joven dios consorte de Cibeles, de origen frigio –en Asia Menor-, cuyo culto fue aceptado tanto por griegos como romanos. Representa el ciclo vital de la vegetación: el dios muere en invierno y resucita en primavera. Cuenta el mito que se castró bajo la sombra de un pino, enloquecido –aunque las circunstancias y el árbol pueden variar según la procedencia del mito y el autor que lo relate-. Culto sangriento cuyos sacerdotes, los galli, son eunucos. Atis está al servicio de Cibeles.

Cibeles y las Hilarias, según Macrobio
Este autor en sus Saturnales I (21, 7-10) reflexiona sobre la naturaleza de Cibeles y el inicio de la primavera, culminando con una explicación sobre la razón de las Hilarias: “De modo similar, los frigios, aunque con leyendas y prácticas religiosas diferentes, ofrecen la misma concepción de la Madre de los Dioses y Atis. Pues, ¿quién dudaría que la Madre de los Dioses es considerada la tierra? Esta diosa es conducida por leones, animales llenos de ímpetu y vehemencia, como la naturaleza del cielo, cuya bóveda encierra el aire que transporta la tierra. Una flauta y una vara adornan al sol, porque los vientos, entre los cuales no existe la igualdad, toman del sol su propia esencia; la vara, en cambio, confirma el poder del sol, que lo gobierna todo. Ahora bien, que la consideración del sol se torna fundamental en estas ceremonias sagradas puede deducirse asimismo del hecho de que, en el ritual de este pueblo, el comienzo de la alegría se celebra el octavo día antes de las calendas de abril, una vez que el sol ha completado el descenso y se ha puesto fin a la simulación del duelo. A este día lo llaman las Hilarias, porque es el primero en el que el sol hace el día más largo que la noche.”

Una anécdota histórica
Durante el principado de Cómodo se rebeló un antiguo militar llamado Materno, reconvertido en salteador de caminos. Gozaba este desertor de prestigio entre sus hombres –la mayoría caído en desgracia como él-. Materno solo tenía en mente una cosa: acabar con Cómodo. Para ello ideó un arriesgado y singular plan durante las Hilarias del año 187 d. C. Así lo detalla Herodiano en su Historia del Imperio Romano I (10, 5-6): “Al comienzo de la primavera, cada año en un día fijo, los romanos marchan en procesión en honor de la madre de los dioses. Todos los objetos más valiosos de los particulares y los tesoros imperiales, auténticas maravillas por su material o por su labor artística, desfilan en la procesión delante de la diosa. Se da a todo el mundo licencia absoluta para cualquier tipo de diversión y cada uno se disfraza como quiere. Y no hay cargo tan alto o privilegiado que no permita a quien quiera hacerlo disfrazarse con su indumentaria y con ello divertirse y esconder la verdadera identidad de tal forma que no sea fácil distinguir entre la persona real y la imitada. Materno pensó que era la ocasión propicia para que el plan se pusiese en práctica sin despertar sospechas. Creyó que, si se disfrazaba de pretoriano y se armaba del mismo modo a los suyos y, luego, se mezclaba entre la multitud de guardias de tal manera que fuera considerado como parte integrante de la comitiva, nadie estaría prevenido cuando se abalanzara inopinadamente sobre Cómodo y lo mataría.”

Desgraciadamente para Materno, fue delatado por uno de los suyos, siendo apresado y ejecutado posteriormente.

El festival
Las Hilarias duran varios días, comenzando el 15 de marzo para finalizar el 27 de marzo, constituyendo una “semana sagrada”. Todo el mundo puede participar en el festival como asistente, pero los ciudadanos romanos y libertos que deseen participar activamente en las celebraciones deben inscribirse en el collegium de los dendróforos, “los portadores del árbol”. Las mujeres, la mayoría de noble condición y vírgenes, se inscriben entre las canéforas, “las portadoras de los canastos”. Ambos tienen su función específica en las Hilarias, siendo hermandades religiosas de gran importancia social.

Día 15: Canna intrat (la llegada de la caña)
Nacimiento de Atis y su hallazgo entre las cañas del río Sangario, en Asia Menor. Según la procedencia del mito, lo encontraron unos pastores o la propia Cibeles. Las canéforas son las encargadas de recoger la caña para este día. Comienza un periodo de nueve días de ayuno, en los que no se permite consumir pan, granadas, membrillos, así como cerdo y pescado. El vino está a su vez prohibido, pudiéndose consumir leche. No todos respetan tal ayuno, y menos el del vino. Ese día se sacrifica un toro.

Día 22: Arbor intrat (la llegada del árbol)
Se conmemora la castración y muerte de Atis bajo un pino. Los dendróforos deben cortar un árbol, y del mismo suspender una imagen del dios. El árbol debe depositarse en el templo de Cibeles. Comienzan tres días de luto, en las que las lamentaciones están permitidas. Bajo el principado de Claudio este día comenzó a inscribirse en los calendarios.

Día 23: Luctus (duelo)
Coincidiendo con el festival del Tubilustrium, el árbol, como símbolo fúnebre, se expone en el templo de Cibeles: de igual forma que los muertos deben velarse, así se hace con este árbol que no es otro que Atis. El sonido de los clipeus sagrados golpeados por los salii, así como el sonido de las trompetas, asemejan a la exótica música oriental de los coribantes, sacerdotes del culto.

Día 24: Dies sanguinis (día de la sangre)
Se desata el frenesí entre los asistentes, especialmente los galli, que salpican con su sangre al azotarse los altares en honor a Atis. Los más fanáticos se castran al estilo de los galli. Al caer la noche, se entierra simbólicamente a Atis: en este caso encarnado por el árbol talado por los dendróforos, junto a la imagen del dios.

Día 25: Hilaria (regocijo)
Los sacerdotes desentierran el árbol, recorren la multitud de asistentes, susurrando la gran noticia de la resurrección del dios. Se desata el júbilo entre los devotos y los galli. Los discípulos del culto acogen la noticia como una promesa de su propia resurrección. Como se ha detallado más arriba –Una anécdota histórica-, este día se permite a todo el mundo disfrazarse y gozar de la fiesta como desee.

Día 26: Requietio (descanso)
Como su propio nombre indica, un día tranquilo, de reposo tras los excesos emocionales de días anteriores.

Día 27: Lavatio (purificación, limpieza)
Se realiza una procesión desde el templo a Cibeles hasta el arroyo Almo, un afluente que desemboca en el Tíber a pocas millas al sur de Roma. Se abandona la ciudad por la Puerta Capena. Una figura argenta tallada en tosca piedra y que representa a Cibeles es lentamente transportada por varios bueyes. La nobleza romana precede la procesión, con sus pies desnudos. Un estrépito de tambores y sones de flautas les acompaña. El gran sacerdote del culto, ataviado con una llamativa túnica púrpura o roja, lava con agua del Almo la carreta, la efigie y demás objetos sagrados. Acto solemne de gran simbolismo religioso. A la vuelta, al anochecer, a la luz de las antorchas, se esparcen flores primaverales sobre el carro, la efigie y los sacerdotes. Nadie parece recordar los días previos de tristeza, luto y regocijo.
Este último día se cree fue instaurado por Augusto (o bien por Claudio). El colegio sacerdotal de los quindecimviri sacris faciundis asiste, desde tiempos de Claudio, a los sacerdotes de Cibeles durante el festival, siendo una de sus funciones vigilar los cultos extranjeros en Roma.