martes, 15 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Dies natalis del templo a los Lares Permarini -22 de diciembre-

Representación de un puerto
Aniversario conmemorativo de la dedicación a los dioses marinos conocidos como lares permarini; aunque también denominados lares marini.

El término permarini
Groso modo, permarini puede traducirse como “de los mares”, aunque es un término algo más complejo. Sería más apropiado indicar que hace uso de los mares, ya sea navegando por los mismos o habitándolos.

¿Quiénes son estos lares permarini?
Divinidades protectoras de la navegación, de los marinos y sus navíos, especialmente en momentos de grave necesidad, como tormentas o borrascas. Son similares a los lares compitales o los lares praestites (ver los festivales de la Compitalia y Laribus respectivamente). En cierta medida y debido a su naturaleza “civilizada”, los permarini suelen tener mayor influencia en las aguas surcadas habitualmente por los barcos y las tutas marítimas mejor conocidas.
Muchos navíos disponen en sus proas una pequeña cella, un pequeño habitáculo, en la que depositan las efigies, de simple barro en la mayoría de los casos, de estos lares. Se trata, claro está, de un singular y marino lararium. Al fin y cabo, los permarini son los protectores de los marineros.
Son similares, curiosamente, a las divinidades fenicias denominadas pataicos, representados como niños grotescos, espantosos, de barrigas abultadas, ocultos también en la proa de sus navíos.
Debido a la influencia helenística, estos lares permarini, siempre de número y aspecto variable, han sido identificados a su vez con diversas divinidades, por ello se pueden considerar permarini a Castor y Pólux, a los tritones, a Palemon, Tetis, a Salacia– la griega Anfítrite- y su esposo, Neptuno. Por lo tanto, tenemos a los lares permarini y otras divinidades asociadas a ellos, o bien, que al ser identificadas con el mismo nombre, por costumbre o el paso del tiempo, se han convertido en permarini.

La batalla de Mioseno (190 a. C.)
Luchaba la república romana contra Antíoco III el Grande, rey de Siria, descendiente ya lejano de Seleuco, uno de los comandantes de Alejandro Magno. Ambos estados, Roma y Siria, decidían en esta contienda cual de ellos dominaría tanto la Hélade como Asia Menor. Antíoco deseaba que su reino recuperase el prestigio y el poder que había tenido antaño, tras una larga decadencia.
La guerra se libraba tanto por tierra como por mar, asunto que nos interesa. Comandaba la flota romana L. Emilio Régilo y la del rey Antíoco, Polixénidas, un general y almirante rodio desterrado. Tras diversos amagos y órdagos entre los dos líderes contendientes –cada uno buscaba el momento propicio para la batalla-, decidieron el combate naval en Mioseno, entre las islas de Quíos y Samos, en Asia Menor.
Apiano, en Sobre Siria (27), nos describe la batalla y su resultado: “Poco tiempo después tuvo lugar un combate naval entre Polixénidas y los romanos en las proximidades de Mioneso, donde se habían congregado Polixénidas con noventa naves acorazadas y Lucio, el almirante romano, con ochenta y tres, de las cuales veinticinco procedían de Rodas. Eudoxo, el comandante de estas últimas, estaba colocado en el ala izquierda y, cuando vio que Polixénidas por el otro lado extendía su línea mucho más allá de la establecida por los romanos, tuvo miedo de ser rodeado y, navegando velozmente alrededor con sus naves rápidas y sus remeros expertos en la mar, condujo en primer lugar contra Polixénidas a las naves portadoras de las máquinas de fuego, que resplandecían por las llamas desde todos los ángulos. Las naves de éste no se atrevían a embestirlas por temor al fuego y, dando vueltas alrededor en círculos, se escoraban llenándose de agua de mar y se golpeaban con las serviolas. Finalmente, una nave rodia embistió a una sidonia y, como consecuencia del fuerte golpe, salió disparada el ancla de la nave sidonia y fue a clavarse en la rodia quedando trabadas ambas naves entre sí. Por este motivo, al estar inmovilizadas las naves, el combate entre las tripulaciones tuvo lugar como en tierra firme. Entretanto, muchas otras naves acudieron en auxilio de una y otra, y se entabló una brillante pugna por ambos bandos en la que las naves romanas navegaron contra el centro de la línea de Antíoco, que había quedado desguarnecido por la razón expuesta, y rodearon al enemigo antes de que se diera cuenta. Cuando éstos lo advirtieron, se produjo la huida y la persecución y fueron destruidas veintinueve naves de Antíoco, de las que trece fueron capturadas con sus tripulaciones. Los romanos perdieron sólo dos.”

Durante la batalla, L. Emilio Régilo había prometido un templo a los lares permarini, sabiendo que una victoria naval en ese momento podía ser decisiva para el transcurso de la guerra siria. Tras Mioseno, se pierde el nombre de Polixénidas, que huyó hasta la corte de Antíoco.

Aedes Lares Permarini
El templo, prometido por L. Emilio Régilo durante la batalla de Mioseno, fue inaugurado, sin embargo, once años más tarde. Fue inaugurado por el censor M. Emilio Lépido el 22 de diciembre del 179 a. C., siendo su dies natalis.
Tito Livio en su Historia de Roma XL (52. 4) nos habla de un detalle que puede admirarse en el templo: una placa conmemorativa sobre la batalla.
“Encima de los batientes de la puerta del templo se fijó una placa con este texto: «A Lucio Emilio, hijo de Marco Emilio, que partió a resolver una importante guerra para someter a los reyes, esta batalla le sirvió de base para concluir la paz… bajo sus auspicios, su mando, su buena estrella y su dirección, entre Éfeso, Samos y Quios, ante los ojos del propio Antioco, de todo su ejército, de su caballería y sus elefante, la hasta entonces invicta flota del rey Antioco fue dispersada, aplastada y puesta en fuga, y allí fueron capturadas aquel día cuarenta y dos naves de guerra con toda su dotación. Después de librarse aquella batalla, el rey Antioco y su reino… Por esta victoria prometió con voto un templo a los lares del mar». Se fijó otra placa con el mismo texto sobre la puerta del templo a Júpiter en el Capitolio.”

El templo está situado en la zona meridional del Campo de Marte, entre los pórticos de Pompeyo y Minucia. En este último se realiza una importante función en la ciudad: la distribución de alimentos a la plebe, por lo que suele ser un lugar muy concurrido. El templo a los Lares Permarini está adscrito a una zona sagrada que comparte con otros templos dedicados a Feronia, a Fortuna Huiusce Diei y Juturna.

lunes, 7 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Spei Victoriis Duabus -1 de agosto-

Moneda de cobre de Vespasiano, y Victoria Navalis
Aniversario conmemorativo de la dedicación de dos templos en esa fecha, a Spes, la esperanza y otro a Victoria.

¡Esperanza y Victoria!
El pueblo y el senado de Roma ha medida que avanzaban en su conquista de Italia –los samnitas no se lo pusieron fácil- y pugnaban contra la gran potencia de Cartago, sufrían tantas victorias como derrotas. Acompañadas estas guerras con hambrunas, escasez y privaciones de todo tipo, sin olvidar el gigantesco coste humano y material. Tiempos inciertos, de máxima tensión, de cambios, adaptación y, por supuesto, de dudas morales, cívicas y religiosas. Por ello, en esos tiempos, se solicitó la ayuda de multitud de divinidades que conforman las mejores cualidades de un ser humano. Se erigen templos a dioses como a Virtus, Honos, Fides o Mens –la Inteligencia-; y en este caso a Spes, la esperanza, y la Victoria.
A finales de la República en Roma abundan templos que no veneran a las divinidades “clásicas”, por llamarlas de algún modo –su nombre exacto es dii consentes-. Cicerón, como algunos eruditos de su tiempo, se mofan de esta multiplicidad de dioses asimilables a las necesidades y cualidades humanas. Así lo manifiesta en su Sobre la naturaleza de los dioses II haciendo una relación de divinidades, digamos, sospechosas: “Es el caso de Confianza y de Mens […]. Ves el templo de Valor, ves el de Honor […]. ¿Qué decir del templo a Ops, del de Salvación, del de Concordia, del de Libertad o del de Victoria?”.

Sin embargo, la mayoría de los romanos sí consideran a estas divinidades importantes, dignas de confianza y veneración.

La diosa Spes
La personificación divina de la esperanza –con especial dedicación a la juventud-, con amplio culto en Italia y otras partes del occidente romano, incluyo culto privado. Spes, así como los cultos de Fortuna o Fides, poseen asistentes que reciben el nombre de magistri, la mayoría esclavos, aunque también cuenta entre sus miembros libertos y ciudadanos libres –destacar que estos magistri pueden ejercer en Italia, pero no en la propia Roma-. Entre los griegos se la equipara a Elpis, aunque no tiene culto en la Hélade.
Se la representa como una joven portando un canasto floral, a veces una cornucopia, aunque su imagen más reconocida es la de una diosa de gesto sosegado, tranquilizador, jugueteando con una simple flor en la mano.
En tiempos imperiales, Spes Augusta se identifica con una de las virtutes, una de las cualidades que hacen mejor al ser humano y, por extensión, en el caso de la propaganda de la familia imperial, la capacidad del emperador de ofrecer a su pueblo de mejores condiciones de vida –o al menos, la esperanza de ello-.

Aedes Spei
Templo erigido e inaugurado por A. Atilio Calatino durante la primera guerra púnica, como rogativa a la esperanza de ganar una guerra de incierto final. La fecha es incierta, quizás el 247 a . C., siendo censor Calatino, aunque sí se sabe el día: 1 de agosto.
Está situado en el Foro Holitorium –mercado de verduras y hortalizas-, muy cerca del teatro de Marcelo; le acompañan dos templos más, el de Juno Sospita y el templo de Jano. Los tres miran hacia el Capitolio. Está unido por un pórtico al templo de Apolo Médico –porticus post Spei ad Tiberim ad aedem Apollinis Medici-, construido por orden de M. Fulvio en el 179 a. C.
En el 218 a. C. fue alcanzado por un rayo, época de grandes temores: comenzaba la segunda guerra púnica Tito Livio en su Historia de Roma 21 (62) nos narra el estado de ánimo de Roma en aquellos momentos, cuando se produjeron numerosos prodigios: “En Roma o sus aledaños ocurrieron aquel invierno muchos prodigios, o bien, como suele ocurrir cuando se apodera de los ánimos el temor religioso, se habló de muchos y se les dio crédito de forma irreflexiva; entre ellos, que un niño de seis meses nacido libre había gritado ¡Victoria! en el mercado de verduras, y que en el mercado de ganado vacuno un buey había subido por si solo a una tercera planta y, espantado por el alboroto de los vecinos, se había arrojado al vacío desde allí, y que en el cielo habían brillado unas imágenes de navíos, y que el templo de la Esperanza que está en el mercado de las verduras había sido alcanzado por un rayo […].”

En el 213 a. C. el templo ardió, junto a otros, tras un incendio que duró dos noches y un día, creándose una comisión especial para su reparación. Desgraciadamente, el templo sufre otro incendio en el 31 a. C. En este caso Dión Casio en su Historia romana L (10) nos explica las circunstancias de este hecho, posiblemente un acto de descontento e insurrección entre los libertos: “Un incendio destruyó, entre otros monumentos, una parte considerable del propio circo, así como el templo de Ceres y uno de los dos templos de Esperanza. Se creyó que habían sido los libertos quienes habían hecho aquello, pues a todos los libertos que vivían en Italia y poseían una fortuna superior a cincuenta mil denarios se les había ordenado que pagaran, en calidad de tributo, la octava parte. A raíz de aquella disposición provocaron numerosos disturbios, crímenes e incendios y no se restableció el orden hasta que fueron dominados por las armas.”

En el 17 d. C., en tiempos de Augusto, es restaurado por Germánico, en el amplio programa restaurador ordenado por el emperador.
Como curiosidad se puede decir que el emperador Claudio nació un 1 de agosto, coincidiendo con el dies natalis del templo a Spes. Debido a ello la efigie de la diosa es habitual en las monedas acuñadas durante su principado.

La diosa Victoria
Divinidad que encarna, como su propio nombre indica, la victoria, aunque especialmente aquella relacionada con el mundo bélico. Su nombre deriva de vincere, «la vencedora», aunque Varrón, en su Lengua Latina V, es algo más creativo y la deriva de vincire, atar, “por el hecho de que los vencidos son atados”.
Es una divinidad de gran importancia en la sociedad romana, involucrada en los triunfos de los generales victoriosos y en la existencia misma de Roma como vencedora y conquistadora de la ecumene. Aparece por doquier en monedas y otros objetos, coronada, con sus características alas, llevando la palma y la corona de laurel en gesto de ofrecimiento, de triunfo, acompañada de dos trofeos, dos monumentos consagrados que representan, junto a ella, la triada de Marte, Venus y Victoria, tan importantes en el culto militar. A Victoria se le ruega para vencer antes de la batalla, y se le agradece si se derrota al adversario. Para los soldados, y especialmente los legionarios, Victoria junto a Fortuna, son sus diosas. Divinidades como Vica Pota se identifican casi plenamente con Victoria.

Templum Victoriae
Situado en el Palatino, ascendiendo desde el Velabro por la escalinata que lleva su nombre –Clivus Victoriae-, partiendo desde la Porta Romana. Esta subida se bifurca debido a la antigua casa del emperador Tiberio, la domus Tiberiana. Se trata de un tramo subterráneo, de una calle interior. Aquí muchos se esconden para jugar con dados y apostar, lo que está prohibido por ley (aunque también hay guardias por la zona que no parecen entorpecer estos juegos y apuestas).
Este templo fue, según la más antigua tradición, erigido por el mítico Evandro. Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma I (32, 5), lo narra sucintamente al describir las obras de este rey: “En la cima de la colina eligieron el lugar consagrado a la diosa Victoria e instituyeron sacrificios anuales en su honor, que incluso en mi época los romanos le ofrecían.”

Siendo edil curul L. Postumio Megello (c. 307 a. C), en tiempos de las guerras samnitas, logró recaudar una nada despreciable cantidad de dinero cobrando las multas de aquellos que no respetaban las leges Liciniae-Sextiae. Una alcanzada una cantidad suficiente, Postumio prometió un templo a Victoria, inaugurándolo siendo cónsul el 1 de agosto del 294 a.
Durante los años 204-191 a. C. se construyó el templo a la Magna Mater (ver el festival de los Ludi Megalenses), por lo que era necesario encontrar un lugar seguro y adecuado para depositar la gran piedra de Cibeles, siendo escogido este templo.
Tito Livio, en su Historia de Roma XXXV (9) nos dice que el severo y tradicional M. Porcio Catón inauguró una capilla a Victoria Virgo, aunque desconocemos la razón de su voto: “Por las mismas fechas Marco Porcio Catón dedicó una capilla a la Victoria Virgen, cerca del templo de la Victoria, dos años después de haberlo prometido con voto”.

Ubicación del templo a Victoria en el Palatino

sábado, 5 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Mens -8 de junio-

Ubicación del Aedes Mentis en el Capitolio
Aniversario de la inauguración del templo erigido en honor a la diosa Mens; a esta diosa a veces se la conoce como Mens Bona. Este dies natalis también se conoce como Mentis in Capitolio.

La diosa Mens…
Personificación de la inteligencia, de la facultad intelectual, del buen juicio y la prudencia. Cuando se prometió su templo se tuvo en cuenta especialmente el uso de la inteligencia para la planificación de las campañas militares: se dedicó tras una desastrosa derrota en Trasimeno.

…¿O la diosa Venus Mimnermia?
Algunos autores consideran que Mens es un aspecto de Venus, con el epíteto de Mimnermia. El gramático Servio la denomina “quod meminerit omnium” –la que lo recuerda todo-. Cuando se consagró su templo se hizo junto al de Venus Ericina, siendo solicitados los dos cultos por los libros Sibilinos.

Plinio el Viejo y su valoración sobre Mens
Este autor en su Historia Natural II (14-15) nos muestra una crítica feroz sobre la divinización de cualidades humanas, como la Inteligencia, entre otros. Muchos eruditos romanos, incluido Cicerón, censuran a estos dioses “inventados”: “Desde luego, es incurrir en la mayor simpleza el creer que hay innumerables dioses (y, aún más, creerlo por los defectos de los hombres) como la Honestidad, la Concordia, la Inteligencia, la Esperanza, el Honor, la Clemencia y la Lealtad, o, como quería Demócrito, solamente dos, el Premio y el Castigo. Los mortales, perecederos y sufrido, recordando su propia debilidad hacen esta clasificación por partes, de forma que cada cual rinde culto a aquellos aspectos de los que más falto está.”

El desastre del Lago Trasimeno (217 a. C.)
Tras la desastrosa derrota romana a manos de Aníbal en la batalla del Lago Trasimeno, Roma entró en pánico. Habían muerto o caído prisioneros más de veinticinco mil combatientes, incluido el cónsul C. Flaminio. La ciudad no contaba en ese momento con efectivos militares y la segunda guerra púnica se perfilaba de una dureza singular. Entre varias medidas se nombró dictador a Q. Fabio Máximo, apodado Cunctator, que escogió hostigar al enemigo, asediarlo en Italia pero evitando cualquier confrontación directa. Aníbal en esos momentos era invencible.
Se consultaron los libros Sibilinos para averiguar que medidas debían tomarse en relación a la divinidad. Tito Livio, en su Historia de Roma XXII (9-11) nos narra los hechos: “Los decenviros, consultados los libros del destino, informaron a los senadores que el voto que se había hecho a Marte con motivo de aquella guerra no había sido realizado en debida forma y había que hacerlo de nuevo desde el principio y con mayor solemnidad; además, había que prometerle con voto a Júpiter unos grandes juegos, y a Venus Ericina y a Mens, un templo, y celebrar una rogativa y un banquete sagrado […].”

De este modo se votó por el templo a Mens, una súplica, una búsqueda más racional y planificada de la larga guerra que debía librarse en casa, en la patria italiana. Dos fueron los templos prometidos: uno a Venus Ericina y otro a Mens. El primero debía ser prometido por la autoridad máxima, por lo que el templo a Mens lo prometió un pretor. Tito Livio nos lo explica: “La promesa del templo a Venus Ericina la hizo el dictador Q. Fabio Máximo, pues de acuerdo con los libros del destino se había dictaminado que hiciese el voto quien detentase la máxima autoridad en la ciudad; la promesa votiva del templo a Mens la hizo el pretor Tito Otacilio Craso.”

El 8 de junio del 215 a. C. los templos fueron inaugurados, siendo su dies natalis, por Q. Fabio Máximo y T. Otalicio, oficiando como duumviri aedi dedicandae, cargos especiales cuya función es inaugurar templos.

Aedes Mentis
El templo está situado en el Capitolio, un área densamente poblada de edificios religiosos. Junto a él se encuentra el templo de Venus Ericina, separados solo por un pequeño desagüe –canali discretae-.
Debido a su situación, en la esquina suroeste, se puede ver la Roca Tarpeya o el templo de Júpiter Capitolino.
En el 115 a. C (o en el 107) fue restaurado por M. Emilio Escauro, uno de los políticos más relevantes y brillantes de su tiempo, victorioso tanto en la guerra como en la diplomacia, demostrando con creces ser el más idóneo para restaurar un templo a la inteligencia.
En el 193 d. C., el emperador Pertinax hace acuñar monedas con la efigie de Mens, resaltando sus dotes de inteligencia política y militar. La divinidad aparece junto a Juno y el epígrafe mentes laudandae –alabemos o elogiemos la inteligencia-.

viernes, 4 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Honos y Virtus -17 de julio-

Sestercio de oricalco acuñado por Vitelio (69 d. C.) representando a Honos y Virtus
Aniversario del templo dedicado a Honos y Virtus, dos cualidades divinizadas por los romanos (y por los griegos).

Virtus
Esta divinidad encarna el conjunto de cualidades que dan al hombre su valor físico y moral, es su carácter distintivo, lo que le convierte en un “hombre”. De virtus deriva la palabra virtudes, sus dotes, su calidad. Hace especial referencia al valor guerrero, a la cualidad de un milite o un general, al coraje o la excelencia en el ejercicio del arte militar. Por ello no es raro que se le asocie con Honos, el honor. Su equivalente griego es la diosa Areté.
Se la representa, a menudo, como un joven ataviado con una simple túnica y una lanza (o jabalina). A veces se le ve portando un casco y un escudo. Siendo una virtud militar no se le suele representar con un aspecto bélico fiero. Incluso en numerosas monedas se le representa como una joven con atributos militares.

Honos
De igual forma que Virtus, esta deidad hace referencia especialmente a su aspecto bélico, siendo el honor ganado en batalla. Representa tanto el honor como el respeto y la honra en el mundo militar, destacando su devoción entre el orden ecuestre. En cierto sentido también es el honor debido a Roma. Así, en las legiones, los centuriones honran el Honos Aquilae, el emblema de la legión, al que consideran sagrado.
Se le suele representar como un joven con armadura sosteniendo un globo que simboliza el mundo y una rama de olivo; a veces sostiene una cornucopia en la mano izquierda y una lanza en la derecha.

Aedes Honos et Virtus
Situado en lo que era las afueras de la ciudad en época republicana, muy cerca de la Porta Capena –Regio I de Roma, al sureste-. Posee dos capillas, cada una dedicada a una deidad: Honos, la más antigua, y a Virtus. Antes de su construcción en la zona se encontraba una aedicula Camenarum, una pequeña capilla dedicada por Numa en honor de las Camenas. Se encontraba dañada por la caída de un rayo, así que durante un tiempo estas diosas compartieron espacio con Honos y Virtus, hasta que fue trasladada al templo de Hércules Musarum (ver el festival de la Carmentalia para más información sobre las Camenae).
El templo original fue inaugurado por Q. Fabio Máximo Verrucoso el 17 de julio del 234 a. C. tras una guerra contra los ligures, siendo su dies natalis. Este general le había prometido el templo a Honos si vencía.
En el 222 a. C., M. Claudio Marcelo venció a los insubres en la batalla de Clastidio en el norte de Italia, prometiendo un templo a Honos y Virtus. De esta contienda destaca que Claudio Marcelo obtuvo una spolia opima, un singular botín de guerra: solo se puede obtener este honor al combatir y ganar a un oponente en combate singular. El oponente, claro está, es el comandante del ejército adversario. En este caso se trató de Viromaro, el rey de la tribu celta de los gaesetae.
Claudio Marcelo, tras la toma de Siracusa (214-212 a. C.), renovó sus votos de dedicar el templo a Honos y Virtus. En el 208 a. C., ya en Roma, intentó dedicar el mismo templo a las dos deidades, provocando la ira de los pontífices, que alegaban que era imposible inaugurar un solo templo a dos divinidades de ese modo. Tito Livio, en su Historia de Roma XXVII (25, 7-9), lo detalla: “A Marcelo lo retenían en Roma una serie de escrúpulos religiosos que se le venían a la mente, entre ellos el hecho de que en Clastidio, durante la guerra con la Galia, había prometido con voto un templo al Honor y el Valor pero los pontífices ponían inconvenientes a la dedicación del mismo, diciendo que en rigor un único santuario no podía ser dedicado más que a una única divinidad, porque si era alcanzada por un rayo o tenía lugar en él algún hecho portentoso, la expiación iba a ser problemática al no poder saber a cual de los dioses se ofrecía el culto, pues propiamente una sola víctima no puede ser sacrificada a dos dioses salvo que estén bien determinados.”

Por lo tanto, se restauró el templo a Honos y se construyó una nueva capilla para Virtus. De ese modo el aedes tiene una capilla doble –gemella facie-. Fue inaugurado por su hijo Marcelo en el 205 a. C. En su interior eran abundantes los tesoros y obras de arte, donadas por Claudio Marcelo tras la conquista de Siracusa. Desgraciadamente, en tiempos del Imperio, muchos de estos tesoros han desaparecido.
El emperador Vespasiano restauró el templo –posiblemente dañado tras el incendio del principado de Nerón o a causa de la caída de un rayo-, encargando a dos notorios pintores, Cornelio Pino y Atio Prisco, su decoración.

Ubicación de la Porta Capena

jueves, 3 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Tempestates -1 de junio-


Aniversario del templo consagrado a la diosa Tempestates; también Tempestas, en singular.

La diosa Tempestates
Esta divinidad personifica la tormenta, aunque su nombre suele figurar en plural. Sería más correcto decir “Diosa de las tempestades”
Su nombre, según Varrón, procede, curiosamente, de tempus, tiempo; lapso de tiempo, momento, época; y según contexto, buen o mal tiempo; aunque es común el significado de tormenta, tempestad, desgracia, infortunio, calamidad, peligro o perturbación.
Su culto (escaso, eso sí), suele ir acompañado de otras divinidades de índole natural y acuático, como Juturna, Fons, o incluso Flora. Sin embargo, no es raro jurar por Tempestas, especialmente si uno es un marinero o un mercader acostumbrado a ir por los caminos. Esta divinidad también rige los cambios bruscos del tiempo.

Cicerón y la diosa Tempestates
Este gran autor, en su Sobre la naturaleza de los dioses III (51), duda de la existencia de esta divinidad (entre otros). Considera que no todo son dioses. Lo explica del siguiente modo: “[…] habrá de incluirse entre ellos –a los dioses-, a buen seguro, a los temporales –tempestates-, que han sido consagrados mediante los ritos del pueblo romano. Y, en consecuencia, se ha de pensar que son dioses las lluvias, los aguaceros, las tormentas y los torbellinos… Nuestros caudillos, al menos, tenían la costumbre de inmolar una víctima a las olas, cuando se hacían a la mar.”

Al sacrificio al que hace referencia es costumbre tanto griega como romana. Las vísceras -cruda exta- de la víctima inmolada son arrojadas al mar en honor de las divinidades marítimas. El mar es peligroso y un poco de ayuda divina nunca viene mal. Nadie cree en los dioses hasta que aparece una borrasca en alta mar.
Podría aclararse que para muchos eruditos romanos y griegos, las tormentas y la mayoría de los fenómenos meteorológicos tienen un origen natural, explicable en gran medida. Eso no impide que, a veces, la divinidad sea la causante de tales perturbaciones y violencias.

Aedes Tempestates
Erigido por L. Cornelio Escipión (abuelo del célebre L. Cornelio Escipión Africano) tras un solemne voto, como promotor particular, muestra clara de su devoción y su poder económico –fuente de prestigio y envidia por igual-.
Siendo cónsul (259 a. C.), durante la primera guerra púnica, la flota que comandaba sufrió una tormenta cerca de las costas corsas: su misión era tomar Córcega e impedir que los cartagineses al mando de Hannón establecieran una base naval en la isla. Todo parecía perdido, cuando Escipión prometió a la diosa un templo si salvaba las naves, y así ocurrió. Salvó la flota y tomó la isla y su capital, Aleria.
El aedes fue inaugurado un 1 de junio, siendo su dies natalis. Está situado en la Regio I de Roma, entre la Porta Capena y el templo de Marte, no muy lejos de la tumba de los Escipiones.
En una de las tumbas reza su epitafio: “
“Los romanos en su mayoría están de acuerdo
que este fue el mejor de los hombres buenos
Lucio Escipión, hijo de Barbato,
fue cónsul, censor, edil
tomó Córcega y la ciudad de Aleria
dedicó un templo de mérito a las tempestades”

Nota del autor
Algunos historiadores consideran que el dies natalis del templo es el 23 de diciembre, pero es improbable; se basan en la lista de los Fasti Antiates Maiores, pero muchas de sus fechas no mantienen un orden coherente. Ovidio, sin embargo, deja muy clara la fecha (salvo que se equivoque, que nadie es infalible). En sus Fasti VI, al hablar del 1 de junio, dice lo siguiente: “También tú, Tempestad, confesamos que mereciste un santuario cuando la escuadra fue casi sepultad en las aguas corsas.”

Localización del Sepulcrum Scipionum y del aedes Tempestates

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Bellona -3 de junio-

Ubicación del templo a Bellona
Aniversario del templo a la guerrera diosa Bellona en el Campo de Marte.

La diosa Bellona
Diosa de la guerra de origen sabino. Según Varrón, en su Lengua Latina VIII, la divinidad recibía antaño el nombre de Duellona. Se la representa ataviada como una guerrera con casco, portando un escudo, una lanza o una espada, o bien una antorcha o, como describe Virgilio en la Eneida VIII, “un látigo sanguinolento”. Se dirige a la batalla conduciendo una cuadriga.
Debido a su naturaleza, se la identifica con Nerio, antigua divinidad bélica compañera de Marte; a Nerio a menudo se le ofrecen los botines de guerra, aunque con el tiempo pierde preeminencia. A Nerio también se la confunde con Minerva. Un asunto complejo.
Para los griegos, sin embargo, Bellona es la diosa de la guerra Enyo, compañera de Ares –a veces madre, hermana o esposa-.
En la lejana Capadocia, se identifica con Ma, una antiquísima deidad bélica. Tanto es así que a menudo se la denomina Ma-Bellona. En tiempos imperiales puede decirse que es una sola divinidad. Es interesante decir que las legiones de Sila fueron las que realmente trajeron a la diosa Ma a Roma: los milites son perfectos vehículos para traer nuevos cultos a la ciudad.
Se le rinde culto, muy a menudo, conjuntamente con Marte y con Virtus, símbolo de varonil actitud, incluyendo el valor militar. Tiene devotos y santuarios en todo el Occidente romano, destacando, además de la propia Italia, Numidia y Germania Superior; aunque debe aclararse que se trata de un culto minoritario.
Además de su carácter bélico, su naturaleza, a menudo, es brutal, incluso sanguinaria. En el imaginario disfruta de la violencia y la carnicería. En la poesía se la describe disfrutando al decapitar la cabeza de sus enemigos, observando hasta el paroxismo escenas truculentas. La compañera ideal para la guerra.

Aedes Bellonae
Acontecía la tercera guerra contra los samnitas –apoyados además por los etruscos-, liderado el ejército romano por Apio Claudio, el Ciego. Se presentó batalla contra estos, y temiendo Claudio la derrota, rogó a Bellona por una cruenta victoria, prometiendo un templo en su honor si Roma vencía. Era el año 296 a. C., y la diosa cumplió: derrotado quedó el enemigo samnita. Años después el templo fue inaugurado un 3 de junio, siendo su dies natalis.
El aedes está situado en el extremo meridional del Campo de Marte, al este de la Via Trimphalis, a la vista del Circo Flaminio. Erigido fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad, es adecuado para recibir a los generales victoriosos que reclaman el triunfo. Los senadores deben deliberar y decidir si aceptan esta reclamación. De igual modo, se suelen recibir a los embajadores de las naciones extranjeras en este lugar. Cerca del templo se encuentra un senaculum, un recito apropiado tanto para las reuniones del senado como para la recepción de embajadores u otros personas a las que no se les permita atravesar el pomoerium.
Plinio el Viejo en su Historia Natural XXXV (12) nos detalla una curiosa decoración del templo, entre lo bélico, pues se trata de escudos, y lo privado, pues en ellos están pintados efigies de antepasados del promotor del templo: “Por lo que sé, Apio Claudio, que era cónsul con P. Servilio, fue el primero en dedicar escudos en honor a su propia familia en un lugar público o privado. Puso las representaciones de sus antepasados en el templo de Bellona, erigidas por mandato suyo en un lugar elevado, para ser admiradas, y en ellas inscritas sus honores y hazañas para ser leídas. Una disposición sumamente elegante; más singularmente cuando una multitud de niños aparecen representados por tantas figuras minúsculas, mostrando la continuación de la saga familiar; escudos como éstos nadie puede mirar sin sensación de placer y de vivo interés.”

Estos escudos, denominados clypei en plural, son de antigua manufactura, circulares y elaborados en metal bruñido, aunque muy delgados para llevar en batalla; en este caso son decorativos. Pintados sobre ellos las efigies de los familiares fallecidos. Como puede leerse en el texto, Apio Claudio fue el que inició esta costumbre ya común en tiempos imperiales.

La Columna Bellica y los fetiales
Cerca del templo se halla una pequeña columna truncada –columella-, que recibe la curiosa denominación de Columna Bellica.
También se asocia a Apio Claudio, el Ciego. Era el año 280 a. C., y Pirro, rey del Epiro, guerreaba al sur de Italia. El senado, agotado en la contienda estaba dispuesto a firmar la paz con el rey, pero Apio lo impidió tras dar un emotivo discurso patriótico, y aquí es donde entra en la historia la columna de la guerra.
Costumbre era desde antaño declarar la guerra al enemigo en una ceremonia en la que se arroja una lanza en suelo adversario. Los encargados de este arcaico y simbólico rito bélico son los fetiales, colegio sacerdotal instituido por Numa Pompilio. Son los que declaran formalmente la guerra o la paz. Sin ellos no se puede firmar un tratado con pueblos extranjeros.
Apio, tras su discurso, ya con el senado enardecido, se dirigió a la columella. Una vez allí, sabiendo los pormenores necesarios para realizar el rito, obligó a uno de los soldados de Pirro allí presentes en la comitiva a que “comprase” un pequeño terruño ante la estatua. Y así hizo. Ya tenía ante sí Apio, el Senado y Roma un pedazo de territorio enemigo al que hincar la lanza. Había nacido la Columna Bellica.
Ovidio en sus Fasti VI (200-205) hace mención del curioso y aguerrido episodio: “Cuando hayan pasado dos mañanas y Febo haya repetido su salida y las mieses se hayan humedecido dos veces con al escarcha caída, un día como ese dicen que fue consagrada Belona durante la guerra etrusca, y siempre asiste favorablemente al Lacio. Su promotor fue Apio, quien, al negar la paz a Pirro, vio bien con el entendimiento, pero estaba privado de la luz del día. Un breve llano ofrece desde el templo la vista de la parte alta del Circo Flaminio. Allí una pequeña columna de no pequeño significado: desde ella es costumbre arrojar con la mano una lanza, que anuncia la guerra, cuando deciden empuñar las armas contra un rey y pueblos.”

Este singular rito aún perdura en tiempos de Marco Aurelio. Dion Casio comenta en su Historia romana que la lanza se encuentra en el templo a Bellona. En su dies natalis se recrea la acción de Apio y su declaración de guerra contra Pirro.

Las Hilarias de Ma-Bellona
En marzo acontecen las Hilarias a Cibeles, deidad procedente de Asia Menor. Esta gran diosa está vinculada a Ma-Bellona. Ambos son cultos extremos, mistéricos, en esencia orientales. Las Hilarias duran varios días, siendo denominado el día 27 dies sanguinis, el día de la sangre. Los sacerdotes de Cibeles, los galli, se flagelan violentamente en honor a Atis. La sangre brota en abundancia este día, y los propios sacerdotes de Ma-Bellona les van a la zaga. Reciben el nombre popular, plebeyo, de bellonarii –su nombre oficial es hastiferi, portadores de lanzas, organizados como una milicia-. Se flagelan y mutilan con cuchillos de doble hoja, arrancando parte de su carne, para apaciguar la ira, la violencia de su cruel y bélica deidad. La sangre que produce sus tremendas heridas es el sacrificio. Incluso llegan a consumirla. Corren poseídos por la deidad, gritando grotescamente, profiriendo profecías. Para muchos son una plaga, ocasionando destrozos allí donde se encuentren. El poeta Marcial los llama turba entbeata Bellonae –la turba posesa de Bellona-. También se dice que emplean estramonio, planta de naturaleza alucinógena –nuestra atropa belladonna-, para llegar al éxtasis con su divinidad. Para ello se bebe con vino.
La cuestión es que en tiempos de Cómodo, la mayoría de estos bellonarii simulan las heridas, produciéndose pequeños cortes. Todo un espectáculo pero sin cortes reales. El emperador, al ser informado del engaño, puso especial énfasis en remediar esta cuestión: nada de cortes simulados con sus cuchillos de doble hoja. Una muestra más de la crueldad de Cómodo, muy acorde, además, con la brutalidad de Bellona.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a la Luna -31 de marzo-

La diosa Luna con su característica corona bicorne 
Aniversario de la inauguración del templo de la Luna en el Aventino.

La diosa Luna
Divinidad de origen sabino, pero tomada como propia por los romanos desde tiempos antiguos, como asegura Varrón en su Lengua Latina V (74), al hacer una relación de divinidades, que según su criterio, fueron introducidos en la ciudad por rey Tito Tacio: “Y a lengua de los sabinos huelen los altares que por promesa del rey Tacio fueron consagrados en Roma, pues, como dicen los Anales –registro anual escrito por los pontífices-, los prometió a Ops, A Flora, a Vedíove y a Saturno, al Sol, a la Luna […]. Y algunos nombres de éstos tienen sus raíces en una y otra lengua, como los árboles que, nacidos en un límite de tierras, serpentean dentro de una y otra.”

Se la considera compañera o hermana del Sol –el Helios griego-, de igual forma que se la equipara a Selene, lo que incluye la mitología de esta diosa griega. Es común encontrarla, además, formando una triada con Proserpina y Hécate, la llamada “diosa triforme” –diva triformis-. Todas diosas con atributos lunares y nocturnos y, como no pude ser de otro modo, asociadas al mundo de las brujas y la hechicería. Multitud son los conjuros en los que se emplean sus nombres.
Tiene vital importancia en la constitución del calendario romano y, por lo tanto, en la agricultura, siendo, junto al Sol, clarísima mundi lumina, los dos astros más brillantes del firmamento. Ambas deidades, claramente visibles en los cielos, simbolizan, además, para la propaganda imperial el poder de Roma sobre la ecumene. Los emperadores de época severa, por ejemplo, a veces se hacen representar como el Sol y las emperatrices como la Luna.

Representación y atributos
Se la representa coronada con una luna creciente, un atributo propio denominado bicornis –con dos cuernos, aunque más correcto es traducirlo como “luna en creciente”-. Horacio, en el Carmen Saeculare –un himno a petición de Augusto para recitar en los Ludi Saeculares del 17 d. C.-, la denomina siderum regina bicornis –creciente reina de los astros-.
En multitud de monedas aparece conduciendo una biga, un carro de dos caballerías –aunque a veces los caballos se sustituyen por bueyes-; Helios, en cambio, conduce una cuadriga.

Aedes Lunae
Aunque el culto a Luna fue introducido en Roma por Tito Tacio, no fue hasta el reinado de Servio Tulio que se le erigió un templo. La tradición considera que se inauguró un 31 de marzo, como asegura Ovidio.
Está situado al norte del monte Aventino, muy cerca del templo a Diana, lo que es muy apropiado, al tratarse de otra deidad lunar. Cerca se halla la Porta Trigemina, en la vieja Muralla Serviana, adyacente a la ribera del Tíber. La puerta tiene tres aberturas, para permitir el paso de carros, siendo zona de tránsito entre Roma y el puerto de Ostia. Es muy frecuentado por mendigos y pedigüeños.
Tito Livio, en su Historia de Roma XL (1, 2) nos describe un prodigio meteorológico que afectó al templo y la zona cercana. Era el 21 de abril del año 182 a. C.: “Aquel año hubo una primavera tormentosa. La víspera de los Parilia, hacia el mediodía, estalló una tremenda borrasca con viento que ocasionó estragos en muchos lugares sagrados y profanos, derribó estatuas de bronce en el Capitolio, arrancó y se llevó por los aires una puerta del templo de la Luna situado en el Aventino y la estrelló contra las paredes traseras del templo de Ceres, derribó otras estatuas en el Circo Máximo junto con los pedestales que las sostenían, y arrancó los salientes de los pináculos de algunos templos y los destrozó de mala manera. Por consiguiente, se interpretó como un prodigio aquella borrasca y los arúspices prescribieron medidas expiatorias.”

Otro hecho aconteció en el 82 a. C. (o bien en el 84 a. C.) El populista y problemático L. Cornelio Cinna, para otros un patriota y hombre de Estado, uno de los aspirantes al máximo poder en aquella época turbulenta (hacía poco que había muerto Mario), fue asesinado por sus tropas amotinadas al marchar contra uno de sus rivales, Sila. Poco después –algunos dicen que ambos hechos fueron simultáneos-, cayó un rayo en el templo a Luna y en el de Ceres, extraños presagios. Los augures retrasaron las comitia hasta el verano, por lo que el compañero de Cinna en el consulado, G. Papirio Carbo, quedó como único cónsul hasta esa fecha.

Los bronces de Corinto
En los teatros griegos se colocan vasos de bronce de diferentes tamaños, similares a campanas para mejorar la acústica. Vitruvio, en su Arquitectura V (5) lo detalla con precisión, aclarando además que en el sur de Italia también se utilizan. Como ejemplo, pone al gran L. Mummio, conquistador y destructor de Corinto, que los trajo a Roma: “Lo cierto es que, si se pregunta en qué teatro se han instalado tales vasos, en Roma no podemos mostrarlo, pero sí en las regiones de Italia y en numerosas ciudades de los griegos, e incluso tenemos como testigo a Lucio Mummio, quien depués de haber derribado el teatro de Corinto trajo a Roma aquellos bronces y los dedicó como parte del botín en el templo de Luna.”

Era el año 146 a. C., y el victorioso general se trajo un magnífico botín desde la Hélade. Nada tomó para sí. Las estatuas y otros objetos de valor que obtuvo, los distribuyó como decoración en numerosos edificios en Roma, destacando estos vasos resonadores de bronce.

Nota del autor: el incendio de Nerón
La noche del 19 de julio del 64 a. C. es la fatídica fecha del gran incendio atribuido erróneamente a Nerón. Según Tácito, entre otros edificios, el templo a Luna desapareció entre las llamas. Tras este hecho, no se tienen más noticias de este lugar, pero eso no significa en absoluto que no se reconstruyese. Simplemente significa eso: que no se tienen noticias.
Ubicación de la Porta Trigemina

martes, 1 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Concordia – 22 de julio-

Denario de época severa
Aniversario de la inauguración del templo a la diosa Concordia en el foro romano.

La diosa Concordia
Varrón, Lengua Latina V (74), nos explica el origen de su nombre: “Concordia procede de cor congruens «corazón acorde». Así, esta antigua divinidad romana, simboliza la buscada y deseable unión entre los hombres, la conformidad y paz social, la buena armonía.
Tiene especial relevancia en la historia política romana ya desde tiempos de la República. Los tribunos de la plebe C. Licinio y L. Sextio habían logrado que se aprobasen las leyes llamadas por ellos leges Liciniae-Sextiae. Estas leyes no eran del agrado de los patricios por diversas cuestiones –limitaba, por ejemplo, el interés en los préstamos; y que uno de los dos cónsules anuales fuese de origen plebeyo-. El asunto provocó violentos altercados entre ambos órdenes sociales: plebeyos contra patricios. Incluso los plebeyos amenazaban con la secesión.
Los patricios nombran a M. Furio Camilo como dictador para que solucione el asunto como mejor desee, lo que incluye el uso de la violencia más extrema. Sin embargo, Camilo solucionó el problema diplomáticamente, logrando que se aprobasen parcialmente las leyes y la paz entre patricios y plebeyos.
Tito Livio lo narra en su Historia de Roma VI (42, 9-12) del siguiente modo, como muestra de lo complicado del sistema político romano: “[…] una sedición civil más terrible lo recibió en Roma, y, después de muy duros enfrentamientos, el dictador y el senado fueron vencidos, en el sentido de ser aprobados los proyectos de ley de los tribunos; y, a pesar de la oposición de la nobleza, se celebraron comicios consulares en los que Lucio Sexito, el primer plebeyo, fue elegido cónsul. Y ni siquiera así terminaron los enfrentamientos. Como los patricios declaraban que ellos no iban a validar la elección, la situación llegó casi a una secesión de la plebe y a otras terribles amenazas de luchas civiles. No obstante, por mediación del dictador se aplacaron las discordias por transacción: la nobleza cedió ante la plebe en lo referente al cónsul plebeyo, la plebe ante la nobleza en lo referente a nombrar un pretor patricio que administrase justicia en Roma.”

Camilo, antes de comenzar las difíciles negociaciones había prometido un templo a la diosa Concordia, como muestra de su actitud y la que debían tener los implicados políticos. Fue erigido el 22 de julio del año 367 a. C., siendo este su dies natalis original.

Epítetos comunes
A veces el nombre de la diosa va acompañado de diversos epítetos, como:
  • Concordia Augusta, el empleado por la familia y el culto imperial.
  • Concordia Militaris, en relación a la armonía en el ejército.
  • Concordia Provinciarum, la paz entre las provincias.
  • Concordia Conjugalis, a veces la más difícil de obtener, en el matrimonio.

Representación
A Concordia se la representa como una matrona, a menudo velada, llevando gruesos ropajes. Suele portar una pátera –una escudilla empleada en sacrificios y libaciones-, una rama de olivo representando la paz y una cornucopia, simbolizando la prosperidad y la abundancia obtenida cuando todos trabajan en armonía. A veces porta un caduceo y una corona. Se la asocia con la cigüeña, símbolo de la devoción familiar entre los romanos. En ocasiones junto a su imagen aparecen dos manos derechas abiertas en disposición de ser estrechadas, simbolizando el acuerdo entre dos personas.
Se la suele representar acompañada de divinidades a pares, como Salus y Pax; o Securitas y Fortuna; o incluso Mercurio y Hércules.

Aedes Concordia
Inaugurado el 22 de julio del 367 a. C. por orden del dictador M. Furio Camilo, está ubicado en la esquina noroeste del foro romano, en lo que se conoce como area Concordiae.
Varios son los prodigios que se le atribuyen. Tito Livio, en su Historia de Roma XXXVI (23) nos narra uno de ellos ocurrido en el 211 a. C.: “La Victoria que estaba sobre el pináculo del templo de Concordia, alcanzada por un rayo y derribada, quedó enganchada en las Victorias que había en las antefijas y no se cayó al suelo.” Nunca debe olvidarse la importancia de los rayos en la mentalidad religiosa romana.
Cuenta Julio Obsecuente, en su Libro de los Prodigios, un singular fenómeno ocurrido en el exterior del templo dos veces, el primero en el año 183 y el segundo en el 181 a. C.: llovió sangre durante dos días en la explanada que comparte Concordia con el templo a Vulcano (para más información sobre este último templo, ver Volcanal en el festival de la Volcanalia).
Dión Casio nos narra otro prodigio u hecho insólito en su Historia Romana L (8, 2) en tiempos de la guerra entre M. Antonio y Octaviano: “Un búho voló, en un primer momento, por encima del templo de la Concordia y, a continuación, por encima de casi todo los demás lugares más sagrados y al final, cuando se le echó de aquellos lugares, se posó sobre el templo del Genio del pueblo. Y ni se le consiguió capturar ni levantó el vuelo hasta pasado mucho tiempo.
En el 121 a. C., tras la muerte del notorio C. Graco, el senado ordenó restaurar el  templo al cónsul L. Opimio, que construyó al norte del templo una basílica que lleva su nombre –Basilica Opimia-. Desde ese momento, el templo se emplea a menudo como lugar de reunión del Senado y del colegio de los hermanos arvales.
En el 7 d. C. Tiberio comienza a reestructurar el templo gracias al botín obtenido en Germania, denominando ahora al templo como Aedes Concordiae Augustae, haciéndolo en memoria de su difunto hermano Druso; culmina la obra el 16 de enero del 10 d. C., para algunos un nuevo dies natalis.
Ovidio, en sus Fasti I (635-650) nos explica, especialmente poético, cómo M. Furio Camilo erigió el templo y Tiberio, “capitán venerable”, lo restauró, siendo la esposa de Augusto, Livia, la encargada de adornarlo, siendo una gran promotora de esta deidad: “Diosa refulgente, el día siguiente te instaló en un templo blanco como la nieve, donde la alta Moneta pasea sus pasos sublimes. ¡Ahora verás bien a la muchedumbre del Lacio, Concordia; ahora te han colocado manos sagradas! Furio, vencedor del pueblo etrusco, te había prometido en exvoto en la antigüedad y había cumplido su promesa. Fue la razón que la plebe con las armas empuñadas hizo la secesión de los patricios, y la misma Roma temía a su propia fuerza. La causa reciente es mejor: la Germania ofreció sus cabellos sueltos a tus auspicios, capitán venerable. Entonces ofrendaste el regalo del pueblo vencido y levantaste el templo a la diosa que tú mismo veneras. Tu madre, la única que se ha hallado digna de compartir el lecho del gran Júpiter, adornó este templo con un altar y demás accesorios.”

El templo a Concordia es uno de los grandes museos estatutarios de Roma. Sus donaciones son casi incontables. Augusto, por ejemplo, lo dotó de estatuas empleando el dinero que le ofrecían para hacer las propias, a este templo, así como a Pax y Salus. Destacan estatuas a multitud de divinidades, obras de arte de magnífica factura. Están representados, como asegura Plinio el Viejo, Apolo, Juno, Latona con Apolo y Diana infantes, Esculapio y Hygea, Marte, Mercurio, Ceres, Júpiter o Minerva; sin olvidar pinturas, pues el templo también es pinacoteca, de Marsias, Liber o Casandra. Entre otras obras, cuatro elefantes de obsidiana dedicados a Augusto, y un famoso ónice que había pertenecido al tirano Polícrates de Samos (siglo VI a. C., toda una antigüedad).

Reconstrucción ideal del templo a Concordia

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Juno Sospita -1 de febrero-

Juno Sospita en un denario de época republicana, acuñado por la gens procilia, oriunda de Lanuvio
Aniversario de la inauguración del templo en honor a Juno Sospita en el Forum Holitorium; en Lanuvio, de donde es originaria, se la conoce como Juno Sospes, o Juno Seispes Mater Regina.

De Juno Sospes…
Sospita no es oriunda de Roma, pero sí del Lacio. Se trata de una deidad latina procedente de la ciudad de Lanuvio, al sureste de Roma. Durante años, en tiempos de la República, sostuvo varias guerras contra Roma en su conquista del Lacio, hasta caer bajo su dominio en el 338 a. C.
Posee desde tiempo inmemorial un importante y popular culto a Juno Sospes –como se la conoce en esa localidad-, siendo la deidad protectora de Lanuvio. Cuando la ciudad cayó bajo dominio romano, estos desearon compartir el culto con los de Lanuvio, pero sin apropiárselo, dejando constancia del respeto que se le ofrenda a la deidad. Tito Livio, en su Historia de Roma VIII (14, 2), nos lo detalla: “A los de Lanuvio se les concedió la ciudadanía y se les restituyó su culto, con la condición de que el templo y el bosque sagrado de Juno Sospita fuesen compartidos por los municipios lanuvinos y el pueblo romano.”

Aunque se compartió el culto, Roma no dispuso templos para ella en la ciudad. Además, el culto de Lanuvio siempre fue más popular e influyente que la Juno Sospita romana. Lanuvio y su culto, incluso en tiempos imperiales, sigue gozando de gran preeminencia. Los emperadores Augusto, Antonino Pío o Cómodo han sido sus grandes benefactores, ampliando sus dominios en todos los aspectos, lo que incluye los monetarios y posesión de tierras. Casi puede confundirse el municipio de Lanuvio con el culto y templo a Juno Sospes.

… a Juno Sospita
A medida que avanzaba el tiempo, Juno Sospita seguía sin poseer templo, hasta que el año 197 a. C., guerreaba Roma en el norte de Italia contra los celtas, aunque ya finalizada la terrible y devastadora segunda guerra púnica, el cónsul C. Cornelio Cetego prometió a la deidad un templo si “salvaba” la batalla. Al fin y al cabo, es lo que significa sospita, “Salvadora”.
Tito Livio, en su Historia de Roma XXXII (30, 10), lo narra del siguiente modo: “Al comenzar la batalla el cónsul prometió con voto un templo a Juno Sospita si aquel día eran derrotados y puestos en fuga los enemigos; los soldados prorrumpieron en gritos diciendo que ellos harían que el cónsul cumpliera su promesa, y se produjo la carga contra el enemigo. Los insubres no aguantaron el primer choque. Según algunos historiadores, tuvieron que combatir en dos frentes, pues inesperadamente los atacaron también los cenomanos por retaguardia, y entre los dos frentes cayeron treinta y cinco mil enemigos y fueron cogidos vivos cinco mil doscientos, entre ellos Amilcar el general de los cartaginenses que había sido el causante de la guerra; […].”

Tras ganar la batalla, transcurrieron tres años hasta que Cetego, ya siendo censor, cumplió su promesa. De nuevo, Tito Livio nos lo narra: “[…] a Juno Matuta en el mercado de las hortalizas; lo había prometido con voto y había adjudicado su construcción hacia cuatro años, durante la guerra de la Galia Cisalpina, el cónsul Gayo Cornelio, el mismo que lo dedicó siendo censor.

Sobre Juno Sospita
Quizás la mejor forma de comprender la naturaleza de esta Juno de Lanuvio yRoma es su epíteto sospes. Tiene multitud de significados positivos relacionados entre sí: que salva, que guarda o defiende, conservar sano y salvo, o incluso favorable, propicia, y raramente, libertadora.
Se trata de una Juno, de las muchas que existen en la religión romana e itálica, cuyo principal cometido es proteger desde el mismo momento del nacimiento, teniendo cierta relación con la fertilidad, la realeza y las lustraciones. Su mes es febrero, siendo el indicado para esas cuestiones. Esta diosa es madre, reina y guerrera, portadora de lanza y escudo. Se la representa en actitud desafiante, ya se a pie, conduciendo un carro o al galope.
Cicerón, en su Sobre la naturaleza de los dioses I (82), nos la describe del siguiente modo, en relación al aspecto de las distintas divinidades: “[…] como a ti aquella Sospita vuestra, a la que tú nunca ves –ni siquiera en seños- salvo con su piel de cabra, su lanza, su escudito y sus botitas encorvadas. Mas no es así la Juno de Argos, ni la de Roma –en referencia a Juno Egina-, de modo que la apariencia de Juno es una para los de Argos y otra para los de Lanuvio.”

Algunos, debido a ese curioso atuendo animal, la consideran similar, sino la misma, que a Juno Caprotina (ver el festival de las Nonas Caprotinae).

Aedes Iuno Sospita
Como ya se ha podido leer, el 1 de febrero del 194 a. C. se inauguró su templo en el Foro Holitorium. Junto a su aedes tiene dos más, uno consagrado a Spes y otro a Jano, compartiendo el mismo lugar sagrado.
En el 90 a. C. el templo se hallaba deteriorado, aconteciendo un prodigio relacionado con esa laxitud devota. La hija de Q Cecilio Metelo Baleárico soñó con la divinidad, tal y como cuenta Julio Obsecuente en su Libro de los Prodigios (55): “Metela Cecilia contó que había soñado que Juno Sospita se marchaba porque sus templos eran profanados con inmundicias, y que ella, con sus súplicas, había conseguido hacer a duras penas que diera la vuelta; limpió el templo, manchado por los sucios y sórdidos menesteres de las matronas –incluso había en él, al pie de una estatua de la diosa, el cubil de una perra con su camada-, y después de celebrar rogativas le devolvió su antiguo esplendor.”

Ese mismo año el cónsul L. Julio lo restaura. El problema, en realidad, era que debido al extremo deterioro del templo, se empleaba como lugar de encuentro de prostitutas y sus clientes. Toda una afrenta a la moral. No por la prostitución, sí por el lugar escogido.

Los Sacerdotes Lanuvini
El culto posee un colegio sacerdotal denominado Sacerdotes Lanuvini, compuesto de caballeros romanos; este colegio y culto está supervisado por los pontífices y por los dictadores de Lanuvio, sus magistrados superiores, equivalentes a los duoviri. Los cónsules romanos son los encargados de ofrecer el sacrificio anual en su dies natalis.

Augusto, el gran reformador
Relata Ovidio en sus Fasti II (55) como el gran emperador ordenó la restauración e incluso la reconstrucción de muchos templos en Roma, incluyendo el de Juno Sospita. Las guerras civiles habían propiciado esta situación, mostrando el estado en que se encontraban los templos en la ciudad: “A principios del mes se dice que la Salvadora, homóloga de la Madre frigia, fue engrandecida con nuevos santuarios. ¿Me preguntas dónde están ahora los templos consagrados en aquellas calendas? Se vinieron al suelo a lo largo del templo. De que no se resquebrajasen y cayeran los demás templos con similar ruina se encargó el cuidado providencial de nuestro sagrado caudillo, bajo cuyo mandato no sienten envejecimiento algunos los santuarios.”

Aunque Ovidio comete un error al confundir a la Madre frigia, ya que en realidad a Juno Sospita se la equipara a veces con Mater Matuta.

Los tres templos situados en el Foro Holitorio (en el centro el de Juno Sospita)