lunes, 31 de julio de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Esculapio -1 de enero-

Esculapio y Salus 
Aniversario de la fundación del templo a Esculapio en la Isla Tiberina.

Esculapio, dios médico
Se trata del Asclepios griego, llamado por los romanos Aesculapius. Hijo de Apolo, dios de la medicina por antonomasia, y la mortal Coronis. La mitología de esta deidad es amplia. Criado por el más notorio de los centauros, Quirón, que le instruyó en las artes médicas y herboristas. Tal era su habilidad en vida que era capaz de resucitar a los muertos, por lo que Zeus, temeroso al ver peligrar el orden natural, lo mató. Tras ciertas vicisitudes mitológicas, Zeus dispuso al difunto Asclepios entre las estrellas, convertido en la constelación de Ofiuco.
Uno de sus símbolos más conocidos es la serpiente, animal que vive tanto sobre como en el interior de la tierra, conociendo sus secretos, teniendo en cuenta que el veneno es tanto ponzoña como medicina. Un animal temible, complejo pero custodio de útiles secretos.
La diosa Salus se identifica, en relación con Asclepios, con la griega Hygea (ver el festival del Augurium Salutis).
En Roma se adoptó desde siglos tempranos a Apolo como dios médico. Siglos más tarde Esculapio, otra deidad griega, se añade al panteón de divinidades extranjeras aceptadas por los romanos. Al fin y al cabo, eran los tiempos del helenismo.

El serpenteante Esculapio llega a Roma
Roma dirimía el victorioso final de las guerras samnitas que tantas pérdidas y sufrimientos había ocasionado a la república. En el 295 a C. la batalla de Sentino había sido decisiva y favorable a Roma; pero la alegría no era completa. Tras la batalla, una plaga azolaba desde hacía tres años la ciudad y los campos romanos. Conjuntamente a otros prodigios, se decidió consultar los libros Sibilinos en busca de una respuesta, como narra Tito Livio en su Historia de Roma X (57, 6-7): “Los múltiples motivos de alegría de aquel año apenas si bastaron para aliviar de una única calamidad: una epidemia que arrasó simultáneamente la ciudad y el campo; el azote tenía ya el aspecto de un acontecimiento de mal augurio y se consultaron los libros para saber qué final o qué remedio concedían los dioses para semejante desgracia. Se vio en los libros que había que traer a Esculapio de Epidauro a Roma: pero como los cónsules estaban absorbidos por la guerra, aquel año no se hizo nada en este sentido, aparte de la celebración de un día de rogativas a Esculapio.”

Aunque se conocía al griego Asclepios, en Roma no existía templo alguno en su honor. Por ello, tras la consulta, se envió a Epidauro, la sede más influyente e importante de Asclepios en la Hélade, a Q. Ogulnio como embajador –destacar que este antiguo cónsul fue un gran defensor de la plebe-, para solicitar la ayuda del dios. Una vez allí, la embajada rogó a la deidad que viviese en Roma. Al punto, una serpiente del templo, símbolo y encarnación de Asclepios, atravesó veloz y sin temor alguno, algo singular al tratarse de un animal tímido, la ciudad hasta arribar al trirreme romano atracado en el puerto. Este hecho se consideró un prodigio y una demostración favorable de la deidad por la causa romana. La serpiente, una vez a bordo, se adentró en el camarote de Ogulnio, enroscándose tranquilamente, a la espera de zarpar hacia Roma.
La travesía de regreso a Roma duró unos tres apacibles días. Una sola vez tocaron tierra antes de llegar, en Antium, una localidad que sí tenía un santuario a Asclepios. La serpiente desembarcó, entrando en el santuario, para mostrar sus respetos y regresar al barco tras tres días de estancia. Otro hecho insólito como poco.
Una vez en el Tíber, en la misma Roma, se preparaba el trirreme para arribar a puerto con los gozosos embajadores, cuando súbitamente la serpiente abandona el barco y se adentra en la Isla Tiberina, como clara muestra del lugar donde debía edificarse el templo a Esculapio.
Ovidio, en sus Metamorfosis XV (730-740) narra la llegada del trirreme, el alborozo general y el prodigio de la serpiente nadando hasta la Isla Tiberina, lo que fulmina de inmediato la plaga:

“Aquí de todo el pueblo por todas parte y de las madres y de los padres
al paso la multitud se lanza y las que los fuego, oh troyana Vesta,
guardan tuyos, y con alegre clamor al dios saludan,
y por donde a través de las enfrentadas ondas la nave rápida es conducida,
inciensos sobre las riberas, en aras por orden hechos,
por ambas partes suenan y aroman el aire de sus humos,
y herida entibia la víctima a ella lanzados los cuchillos.
Y ya a la cabeza de los estados, de Roma había entrado a la ciudad:
se yergue la sierpe y en lo alto del mástil empinada
su cuello mueve y sedes para sí alrededor busca aptas.
Se escinde en gemelas partes, circunfluyente su caudal
-Insula de nombre tiene- y por la parte de los costados ambos,
extiende iguales, en medio la tierra, sus brazos:
aquí desde el pino del Lacio la Feba serpiente
se traslada y un fin, su apariencia celeste retomada,
a los lutos impuso y vino el Salutifer a la Ciudad.”

Aedes Aesculapii
El templo tras varios años de construcción fue inaugurado el 1 de enero del 289 a. C. La Isla Tiberina le está consagrada por completo, aunque la comparte con otras divinidades y sus templos. Tanto en el templo como en la isla abundan las signa Aesculapia, estatuas representando al dios y una serpiente enroscándose en el cayado que porta; destaca una colosal estatua en uno de los pórticos del aedes. El templo está profusamente decorado con frescos.
En todos los aspectos es un asklepieon, tanto un lugar de culto como un “hospital”. Aunque difiere de nuestro concepto moderno en muchos aspectos. El templo dispone para los fieles enfermos de un abaton, una gran sala para la incubatio, en la que tras reposar y dormir, reciben al dios oníricamente. Los sacerdotes, tras consulta con el paciente, aconsejan las medidas médicas a seguir. A este servicio acuden enfermos sin importar su condición social: todos son bienvenidos; aunque todos deben donar una moneda y rogar a la divinidad. Sin olvidar, además, antes de la incubatio, asearse en el tholos o fuente dispuesta en el exterior del templo, aunque dentro del recinto templario.
Por el templo pululan multitud de serpientes –no venenosas- en representación de la deidad. Son libres de ir allí donde les plazca, lo que a menudo resulta curioso a los enfermos que acuden al abaton para la incubatio. Puede ser difícil dormir con una serpiente observando nuestro sueño…

Nota del autor
Debe entenderse que al referirme a templo lo hago en su conjunto. Un edificio alberga la estatua de la divinidad, siendo un lugar reservado a los sacerdotes y fieles más allegados. Otros, como el abaton o el tholos, aunque estén dentro de lo que se considera “templo”, son lugares más públicos y accesibles.

Suetonio, en su Vida de Claudio (25) nos narra una de las medidas legislativas de este emperador, con la intención de atajar una mala práctica asociada al templo de Esculapio: “En vista de que algunas personas, hartas de cuidar de sus esclavos enfermos y debilitados, los exponían en la isla de Esculapio, estableció que quedaran libres todos aquellos que fueran expuestos, y que no volvieran a caer bajo la autoridad de su dueño si sanaban; pero que si alguien prefería matar a uno de sus esclavos a exponerlo, incurriera en el delito de asesinato.”

La isla, como puede apreciarse, es un lugar concurrido. No son pocos los enfermos que acuden con la esperanza de obtener el favor y la ayuda del dios sanador. Muchos dejan recuerdos votivos tras su curación, como ejemplo de la eficacia de Esculapio y sus sacerdotes.
El templo, al estar situado fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad, es adecuado para recibir la visita de embajadores extranjeros, por lo que pueden verse comitivas de bárbaros entremezcladas con la afluencia de fieles enfermos y los senadores que suelen ser sus anfitriones.

Aguas y paludismo
En la antigüedad, el Mediterráneo está azotado por el paludismo, siendo una enfermedad común entre las gentes de toda condición social, siendo básico para la salud escoger bien las fuentes acuáticas, según sus diversas propiedades, ya sean estas sulfurosas, aluminosas, bituminosas, nitrosas… Vitrubio, en su Arquitectura I (2, 6), lo explica del siguiente modo: “[…] a todos los recintos sagrados se les buscan las orientaciones más saludable y los manantiales con las aguas apropiadas en los parajes donde se establezcan sus santuarios, especialmente en el caso de Esculapio y Salud y aquellos dioses con cuya acción curativa para sanar mayor número de enfermos. Y es que si los pacientes son trasladados de un lugar malsano a uno saludable y se les suministra agua de un manantial de aguas salubres, se restablecerán con mayor rapidez. Así resultará que, aprovechando la naturaleza del lugar, la divinidad se granjeará mayor fama y la verá aumentada conforme a su dignidad.”

La Isla Tiberina es uno de los lugares más saludables de Roma, megalópolis de la antigüedad, teniendo en cuenta que se trata de una ciudad enorme, vital, comercial, cosmopolita, a la que arriban mercaderías de todo tipo y, por lo tanto, sucia; pese a sus magníficas cloacas y acueductos, es todo un reto lograr que la ciudad esté razonablemente limpia e higiénica, y eso incluye el Tíber, que a veces se ve desbordado en ese aspecto. En otras palabras, la isla es saludable según los parámetros de Roma.

Una fiel devota alimentando a las serpientes del asklepeion

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