martes, 31 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Júpiter Óptimo Máximo -13 de septiembre-

Templo de Júpiter Óptimo Máximo y Área Capitolina
Aniversario conmemorativo de la inauguración del templo fundado en honor a Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio.

Un poco de historia: la Roma de los reyes
La colina capitolina es desde sus inicios un lugar sagrado, cuajado de diversos altares y santuarios dedicados a dioses muy diversos, como Término o Juventas, aunque, según la tradición, era territorio de los sabinos del rey Tito Tacio.
Fue el rey Tarquinio Prisco el que prometió el templo tras la guerra con los sabinos, comenzando su construcción, nivelando gran parte del Capitolio –denominado también en tiempos arcaicos mons tarpeius-. La idea principal era dotar a Roma de un magnífico templo digno de ella, con la clara intención de rivalizar con los grandes templos de otras ciudades del Lacio o Etruria; la postrera intención era poseer una alternativa a los santuarios religiosos de la Liga Latina.
Tito Livio nos narra los hechos en su Ad Urbe Condita: […] “para liberar la zona de los demás cultos y dedicarla exclusivamente a Júpiter y al templo que se le iba a erigir, decidió desacralizar algunos santuarios y capillas que el rey sabino Tacio había primero prometido, en el momento crucial de su lucha contra Rómulo, y más tarde consagrado e inaugurado en aquel enclave. Al comenzar a construir el edificio en cuestión, se dice que los dioses emitieron una señal de su voluntad para significar la grandeza del imperio; en efecto, las aves consintieron la desacralización de todas las capillas, pero no fueron favorables en la del lugar sagrado de Término. Este presagio y augurio fue interpretado en el sentido de que el no cambiar Término de sitio y el ser el único dios que no podía ser desplazado de su recinto consagrado, vaticinaba la firmeza y la estabilidad del Estado. A este presagio de durabilidad siguió otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: al excavar los cimientos del templo apareció, según dicen, una cabeza humana con los rasgos intactos. Esta aparición presagiaba con toda claridad que aquél iba a ser el epicentro del imperio y la capital del mundo; así lo vaticinaron los adivinos, tanto los de la ciudad como los que se hizo venir de Etruria para estudiar aquel hecho.”

Alentadores presagios auguraban un gran destino a la pequeña pero pujante ciudad de Roma. Sin embargo, sería Tarquinio el Soberbio el que dedicase más recursos en la edificación del templo. Irónicamente, este rey, el último de ellos en Roma, no pudo dedicar el templo al ser expulsado de la ciudad.

Nace la República (509 a. C.)
Tras la expulsión del último rey, y tras diversos avatares políticos y militares, son elegidos cónsules Valerio Publícola y Horacio Pulvilo. Se trata del primer año de la república y el Senado desea inaugurar el gran templo al dios nacional romano por excelencia, Júpiter.
La rivalidad entre los cónsules es manifiesta, por lo que se echa a suerte cual de ellos tendrá el gran honor de inaugurar el templo y pasar a los anales de la historia como protagonista de tal hecho.
Nuevamente, Tito Livio en su Ad Urbe Condita II (8) nos lo narra, incluyendo una curiosa anécdota muy propia de las élites romanas, su estoicismo proverbial y su lealtad al Estado: “No había sido aún dedicado el templo de Júpiter en el Capitolio; los cónsules Valerio y Horacio echaron a suerte cuál de los dos lo dedicaba. La suerte se inclinó por Horacio; Publícola partió para la guerra contra Veyes. Los amigos de Valerio tomaron a mal más de lo debido el que la dedicación de un templo tan famoso se le encomendase a Horacio. Trataron de impedirlo por todos los medios y, después de haber fracasado todas las demás tentativas, cuando ya tenía el cónsul la mano puesta sobre la jamba de la puerta y estaba invocando a los dioses, lanzan una noticia siniestra: su hijo ha muerto, y con la familia de luto por una muerte no puede dedicar el templo. Sobre si es que no creyó la noticia o es que su entereza de ánimo fue muy grande, la tradición no es segura ni las conjeturas son fáciles; pero, ante tal noticia, sólo interrumpió lo que estaba haciendo para ordenar que se enterrase el cadáver y, sin soltar la puerta, termina la invocación y dedica el templo.”

Se trataba del 13 de septiembre del 509 a. C., dies natalis de este templo tan significativo e importante para Roma.

Aedes Iovis Optimo Maximo Capitolini
El templo posee tres cellae, en las que descansan las respectivas estatuas de los dioses a los que el templo está dedicado: Júpiter –situado en el centro-, su esposa Juno –a la izquierda- y su hija Minerva –a la derecha-. Los tres constituyen la Triada Capitolina, máximo exponente nacional romano.
La estatua de Júpiter fue elaborada por el etrusco Vulca de Veyes. La figura está ataviada con una túnica decorada con hojas de palma –tunica palmata- y Victorias, así como una toga púrpura con filigrana de oro, similar a la que emplean los generales romanos en sus triunfos. Agarra con firmeza un rayo dorado en su mano derecha. En los días consagrados a Júpiter y sus festivales se pinta su rostro de rojo con minio –pigmento rojizo-.
El mismo Vulca había dispuesto en la acrótera del templo –la parte superior del frontispicio- una cuadriga de terracota gobernada por Júpiter. En el 296 a. C. esta cuadriga fue sustituida por una de bronce; Tito Livio nos lo narra con mayor detalle: […] los ediles curules Gneo y Quinto Ogulnio presentaron demanda contra algunos usureros; se les impusieron multas sobre sus bienes, y con el producto de lo confiscado colocaron puertas de bronce en el Capitolio, y los vasos de plata de las tres mesas en el santuario de Júpiter, y un Júpiter en cuadriga en el pináculo.”

En el techo se había dispuesto una estatua de Summanus, pero fue destruida por un rayo en el 275 a. C. por un rayo; para ser más concreto, el rayo decapitó la estatua.
En el 193 a. C. los ediles M. Emilio Lépido y L. Aemilio Paulo decoraron el frontón con escudos dorados; todo gracias a las multas obtenidas por los arriendos fraudulentos de los pastos públicos.
El templo está situado en un lugar que recibe el nombre de area Capitolina. Frente al mismo se halla un gran altar, el ara Iovis –aunque en su interior cada divinidad posee el suyo-. Este altar es utilizado en las más solemnes ocasiones, como los sacrificios de inicio del año o la celebración de los triunfos.
Tal es la cantidad de donaciones y regalos que a lo largo del tiempo ha recibido este templo que las autoridades no han tenido más remedio que trasladar parte de las estatuas, las enseñas militares asociadas a los triunfos y escudos dorados a otros templos. Se recuerdan donaciones tan tempranas como la corona dorada ofrecida por los latinos en el 459 a. C. El pontífice máximo M. Emilio Lépido fue el encargado del traslado de ofrendas en el 179 a. C.
El 6 de julio del 83 a. C. un trágico incendió destruyó el templo original y la estatua de Júpiter elaborada por Vulca. Se quemaron los Libros Sibilinos guardados en un cofre de piedra, aunque gran parte del tesoro pudo salvarse, siendo trasladado a Praeneste por un joven Cayo Mario, el que sería uno de los grandes militares romanos. Sería Sila, el gran rival de Mario, el que reconstruyese el templo; sin embargo, la mayor parte de la obra estuvo a cargo de Q. Lutacio Catulo, asignado por el Senado.
El templo de Lutacio respetaba el original, aunque había ampliado su altura y tamaño, rompiendo con el tamaño de la escalinata y las proporciones del area Capitolina; además, no tenía en cuenta un elemento importante e invisible del templo, su favisae, sus sótanos –que presumiblemente había escapado de las iras del incendio-. Este subterráneo está compuesto de diversos pasajes conectados con las cellae y los almacenes que guardan multitud de antiguas estatuas y donaciones públicas y privadas. Por ello, favisae puede emplearse como sinónimo de “tesoro del templo”, sin ser un término exclusivo de este mismo templo.
La nueva estatua de Júpiter, idéntica en arte a la original, estaba elaborada en oro y marfil –criselefantina-.
El templo a lo largo de su historia ha sido alcanzado por multitud de rayos, recibiendo daño diverso. Bien puede verse el interés de Júpiter en su propio templo. Augusto lo reforma en el 26 a. C.
En el 69 d. C. durante la guerra de los cuatro emperadores fue objeto de saqueo y destrucción por parte de los partidarios de Vitelio. Toda una infamia, pues el templo no disponía de guarnición alguna, siendo un gran sacrilegio. Vespasiano, tras la guerra, lo restauró, respetando el original, aunque ampliando su altura y disponiendo de forma diferente algunas estatuas y otras decoraciones.
En el 80 d. C. sufrió daños severos, siendo restaurado por Domiciano. Ya siendo costumbre, respetó el original pero amplió su tamaño y magnificencia: puertas doradas, cuatro columnas de bronce, tejas de oro en el techo, la escalinata decorada con bajorrelieves…

Símbolo del poder romano
Este templo a Júpiter es símbolo inequívoco del poder estatal romano. No se trata de un templo más. Aquí se custodian no pocos botines de guerra, lo que incluye sus ganancias para la construcción y decoración del templo. Es el destino de las procesiones triunfales, un ritual de gran importancia, tanto en el aspecto militar como religioso y ciudadano. Es archivo de multitud de documentos públicos y lugar de reunión del senado, incluyendo los Libros Sibilinos recopilados por orden de Augusto. Este sagrado lugar es símbolo de Roma y su supremacía en el mundo antiguo.

Capitolio y foros

martes, 24 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Venus Genetrix -26 de septiembre-

Foro de César en primer plano y el templo a Venus Genetrix al fondo
Aniversario conmemorativo de la inauguración del templo fundado en honor a Venus Genetrix, divinidad asociada a la gens julia.

Farsalia (48 a. C.)
Se enfrentaban Pompeyo Magno y Julio César en la brutal segunda guerra civil que desangraba a la República romana. Ambos defensores, a su manera, de la propia república. Pompeyo contaba con mayor número de tropas, pero menos experimentadas que las de su rival; la mayoría de los senadores –optimates-, estaban a su lado. Entre los dos, cerca de 70.000 combatientes.
La suerte quiso que el destino de la república se sellase en Tesalia, tierra de brujas en el imaginario antiguo, concretamente en Farsalia. Ninguno de los dos colosos que se enfrentaban tenía certeza alguna sobre su victoria. Por ello, Julio César rogó a Venus, del que aseguraba descendía su familia, le ayudase en la batalla. Se trataba de una Venus específica: Victrix.
Apiano, en su Guerras Civiles II (68), nos narra la petición de César a Venus y su paredro Marte, así como los prodigios asociados al sacrificio realizado a colación: “En el curso de un sacrificio, a medianoche, invocó a Marte y a su misma antepasada, Venus –pues se creía que el linaje de los Julios descendía, con un ligero cambio de nombre, de Eneas y del hijo de Eneas, Ilo-, y le prometió, si salía con bien de su empresa, erigirle un templo en Roma, en acción de gracias como portadora de la victoria. A continuación, un resplandor atravesó el firmamento desde el campamento de César al de Pompeyo, donde se extinguió. Los soldados de Pompeyo lo interpretaron como una victoria brillante de ellos mismos sobre sus enemigos, pero César lo interpretó en el sentido de que él atacaría y extinguiría el poder de Pompeyo. En esa misma noche, algunas de las víctimas del sacrificio se le escaparon a Pompeyo y no fueron cogidas, y un enjambre de abejas, criaturas lentas, se posaron sobre el altar.”

César venció en Farsalia. Para muchos el punto de inflexión de la moribunda república y el alumbramiento del futuro que estaba por venir y que se conocería como imperio. Aunque el gran César había prometido el templo a Venus Victrix, finalmente lo consagró a Venus Genetrix, como engendradora de su linaje y grandeza.

Aedes Veneris Genetricis
Situado en el Foro de César –Forum Iulium-, célebre por su magnificencia y buen gusto artístico, confiriendo al templo de un escenario perfecto, teatral para los que lo visitan, elevado sobre un gran podium que hace las veces de rostra, tribuna ideada para los oradores. Dedicado el 26 de septiembre del 46 a. C. por el propio Julio César, siendo el dies natalis del templo. Ese día 26 fue la culminación del triunfo dedicado en honor a la victoria contra Pompeyo en Farsalia. Aunque dedicado ese día, las obras del Foro de César y del propio templo fueron culminadas por su digno sucesor, Augusto.
Años más tarde, el templo fue reconstruido por Domiciano y dedicado nuevamente por Trajano, añadiendo la llamada Basílica Argentaria –comercios de los argentarii, banqueros y cambistas de moneda-; esta basílica en realidad asemeja más un pórtico que une los llamados foros imperiales con el foro romano.
No está muy lejos de la Curia, lugar habitual de reunión del Senado romano. Entre el propio templo y la Curia se han habilitado algunas tabernae –oficinas- de dos plantas en las que se guardan información burocrática asociada a las actividades senatoriales. Una de estas tabernae recibe el nombre de Secretarium Senatus.
Frente al templo se han habilitado tres fuentes en las que destacan sus conjuntos escultóricos representando ninfas. Reciben el nombre de Appiades, en honor a la ninfa acuática Appias. Ovidio, en su Arte de Amar I (80) nos hace una descripción de la vida “amorosa” de su tiempo en el Foro de César: “También los foros (¿quién podría creerlo?) son sitio apropiado para el amor, y muchas veces la llama amorosa brotó en el bullicio del foro. Por donde la Apíade, situada al pie del templo de Venus construido en mármol, salpica los aires con el surtidor de sus aguas, por allí el jurisconsulto queda con frecuencia cautivo del Amor y quien se había cuidado de los demás no sabe ahora cuidarse de sí mismo; allí las palabras le faltan a menudo al orador, un caso insólito se le presenta y ha de litigar en su propio proceso. Venus se ríe de él desde su templo, que está en las inmediaciones, y el que hasta hace poco era un defensor, ahora desea ser un cliente.”
El templo alberga no pocas obras de arte, destacando la magnífica estatua de Venus Genetrix realizada por el gran escultor Arcesilao de Cirene; así como dos pinturas de Timomaco de Bizancio representando a Ajax y a Medea, que costaron una fortuna al mismo César; una estatua dorada de Cleopatra caracterizada como la diosa Isis; diversas colecciones de gemas, que reciben el nombre de dactyliothecae; una coraza decorada con perlas de Britania.
Tras el año 17 d. C., frente al templo se ha dispuesto una enorme estatua de Tiberio, donación de varias ciudades de Asia Menor tras sufrir un terremoto, como reconocimiento por la ayuda prestada por el emperador –donaciones monetarias y suspensión del pago de impuestos durante cinco años-.

El Equus Caesaris
Como curiosidad, destacar la estatua de un singular caballo situado frente al templo. Se trata del caballo que montaba habitualmente César. Llamado Genitor –creador, padre-, en honor al difunto padre del dictador.
Suetonio, en su Vida de César (61) nos detalla cierta particularidad física del caballo y su vinculación con el mundo divino: “Montaba, por otra parte, un caballo extraordinario, de pezuñas casi humanas y con los cascos hendidos a modo de dedos; había nacido en su casa y, como los arúspices habían vaticinado que presagiaba a su dueño el dominio del globo terráqueo, lo crió con gran cuidado y fue el primero en montarlo, porque no soportaba otro jinete; más tarde, dedicó incluso una estatua suya delante del templo de Venus Genetrix.”

Situación del templo respecto a los foros imperiales

jueves, 19 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Juno Moneta -1 de junio-

Localización del templo de Juno Moneta en el Arx

Aniversario conmemorativo de la inauguración del templo erigido en honor a Juno Moneta.

Lucio Furio Camilo y Juno Moneta
Era el año 345 a. C. y Roma nuevamente estaba en guerra. En esta ocasión con el pueblo de los auruncos, situado a caballo entre el Lacio y la Campania. No se trataba de un conflicto bélico importante o vital, asemejando más un acto desesperado u oportunista de este pueblo. Roma, sin embargo, quiso dar un mensaje claro a los latinos: no permitiría rebeliones ni que se cuestionase su autoridad. Para la guerra envió, nombrado dictador, a Lucio Furio Camilo, hijo del que fue llamado “segundo fundador de Roma”, Marco Furio Camilo.
Tito Livio, en su Ad Urbe Condita VII (28), nos narra el hecho con claridad: “Comenzó, luego, una guerra con los auruncos a raíz de un pillaje repentino, y por temor a que esta acción de un solo pueblo respondiese a un plan de toda la nación latina, fue nombrado dictador, como si hubiese que hacer frente ya al Lacio en armas, Lucio Furio, el cual nombró jefe de caballería a G. Manlio Capitolino. Y después de decretar la suspensión de los asuntos públicos, igual que solía hacerse en los casos de graves perturbaciones, y realizar una leva sin exenciones al servicio de armas, las legiones fueron conducidas contra los auruncos lo más rápidamente que se pudo. En éstos encontraron ánimo más de saqueadores que de enemigos en regla, y así en la primera batalla se llegó al fin de la guerra. El dictador, no obstante, como habían iniciado la guerra por iniciativa propia y se entregaban sin reservas a la lucha, pensó que se debía recurrir también al poder de los dioses y en el transcurso mismo de la pelea prometió con voto un templo a Juno Moneta; regresó a Roma comprometido con este voto y dejó la dictadura. El senado dispuso el nombramiento de duunviros para que se construyese aquel templo en consonancia con la grandeza del pueblo romano; se destinó, para ello, en la ciudadela un espacio que había sido el emplazamiento de la casa de M. Manlio Capitolino. […] Un año después de haberse hecho voto del mismo, es dedicado el templo de Moneta durante el tercer consulado de G. Marcio Rútulo y el segundo de T. Manlio Torcuato. A la dedicación siguió, de forma instantánea, un prodigio similar al antiquísimo prodigio del monte Albano, pues hubo una lluvia de piedras y se vio a la noche extenderse en pleno día. […] Se acordó que acudiesen a presentar súplicas no sólo las tribus, sino también los pueblos del contorno y se les señaló un orden según el día en que cada uno presentaría sus súplicas.”

Como puede verse, se trató de una guerra menor, casi súbita; pero las promesas a los dioses deben cumplirse. Aunque, quizás, en este caso, Furio Camilo se precipitó en su petición de ayuda divina.

Juno Moneta, “aquella que avisa”
No son pocos los epítetos con los que se honra a Juno, siendo moneta uno de los más interesantes. Cicerón, entre otros autores romanos, consideran que este epíteto deriva de monere, la que advierte o avisa. Su origen se entremezcla en un hecho histórico y fábula: el asedio de los galos al Capitolio y la salvadora advertencia de las ocas sagradas de Juno en el Arx. Cuentan que estos animales, advertidos de la presencia del bárbaro enemigo, avisaron a la guarnición romana del nocturno asalto, evitando el desastre. (Ver el festival del Supplicia canum para obtener más información). Aunque es justo decir, que en el caso de Cicerón, hace referencia a un terremoto, narrando en su Sobre la Adivinación como una voz proveniente del templo de Juno aconsejaba el sacrificio de una cerda preñada para conjurar el terremoto.
Con el paso del tiempo, se acuñó moneda de plata en unas dependencias aledañas al templo –algunos autores consideran que fue durante la guerra contra Tarento-. Por ello, al referirse a la ceca como ad monetam, en referencia al templo, fue adquiriendo el significado moderno de moneda. En tiempos de Domiciano la ceca se trasladó cerca del Anfiteatro Flavio.
Sin embargo, para los propios romanos la naturaleza y origen de esta “juno” es controvertida y compleja. Para Livio Andrónico se trata de un equivalente latino de Mnemosyne, titánide encarnación de la Memoria y madre de las Musas; Valerio Máximo considera que se trata de la Juno proveniente de Veyes (que no es otra que Juno Regina); otros que se trata de la Hera de Cumas; o bien la Juno adorada por los sabinos y procedente de Cures, de carácter guerrero.
Complicada cuestión, aunque casi todos sí coinciden en que el culto a Juno Moneta es más antiguo de lo que parece a primera vista.

Aedes Junonis Monetae
Situado en el Arx, un pequeño promontorio al norte de Capitolio. Está ligeramente más elevado que el propio Capitolio, siendo perfecto para que los augures observen el vuelo de las aves –auguraculum-. Se trata de una altura preñada de simbolismo religioso y preeminencia estatal, en la que destaca la cercanía del Asylum o la Scalae Gemoniae, por donde se arrojan los cadáveres de los prisioneros ejecutados en la Carcer, sin olvidar el cercano tabularium –deposito de los archivos estatales-, o el propio templo de Júpiter Óptimo Máximo.
Según los propios anticuarios romanos, entre ellos Plutarco, en este lugar residía Tito Tacio, aquel mítico co-regente procedente de Cures, ciudad sabina -¿Posible señal que confirma la procedencia de esta Juno antaño de naturaleza guerrera, apaciguada por el tiempo?-.
Con el tiempo, el Arx lo habitó M. Manlio Capitolino, defensor del último reducto en la ciudad durante el infame ataque de los galos. Avisado por las ocas sagradas, pudo defender la ciudadela. Pero avatares del destino, este hombre, héroe en el pasado, fue considerado enemigo público al final de su vida. Defensor a ultranza de la causa plebeya, se ganó el odio de sus iguales patricios. Fue ajusticiado arrojado por la Roca Tarpeya, su casa en el Arx se demolió y se prohibió a los patricios habitar la cima. Era el año 384 a. C.
Tras la victoria sobre los auruncos, fue inaugurado el templo el 1 de junio del 344 a. C., siendo su dies natalis.
Se le atribuye un curioso prodigio acontecido en el 196 a. C. Dos lanzas de punta férrea ardieron sin motivo aparente, quizás asociando a esta Juno Moneta con su antiguo aspecto bélico.
En su interior, durante varios siglos, se guardaron los libri lintei –libros elaborados en lino, de manufactura etrusca- en los que se inscribían las listas de los magistrados prominentes de la ciudad, como los cónsules, desde el inicio de la república. Por ello, también son conocidos como “libros de los magistrados”. Sin embargo, es posible que incluyesen información variada sobre algunos hechos históricos, religiosos e, incluso, mitológicos. El propio Tito Livio comenta que los empleaba como fuente de información para sus libros.

Nota del autor
Resulta más que curioso, que siendo uno de los templos más importantes de Roma, se ignore su localización exacta. Es un misterio sin resolver, todavía. Se sabe que se halla en el Arx, se han encontrado vestigios de fortificación arcaica, pero no la planta del templo. ¡Todo es secreto con Juno Moneta!

martes, 17 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Fortuna Primigenia -25 de mayo

Templo de Fortuna Primigenia en Praeneste
Aniversario conmemorativo de la fundación del templo a Fortuna Primigenia en el Quirinal, adscrito a otros dos templos erigidos en honor a diversas fortunae.

P. Sempronio Tuditano contra Aníbal
Nadie era capaz de derrotar al temible Aníbal en tierra itálica, pero la fortuna y la audacia, en connivencia, son ascendentes de las hazañas. En este caso, la hazaña recae en el cónsul P. Sempronio Tuditano, que logró ser uno de esos pocos elegidos capaces de derrotar y dejar contrariado al general púnico. Es justo decir que Tuditano es de los pocos que pueden considerarse héroes en la desastrosa batalla de Cannas (216 a. C.). Lideró un grupo de supervivientes romanos entre las exhaustas filas enemigas, logrando alcanzar la población de Canusio, poniendo a salvo a seiscientos hombres. Tal acto de honor y patriotismo le granjearon una gran reputación.
Nos detalla Tito Livio la hazaña en su Ad Urbe Condita XXIX (36, 8), situado el escenario bélico en la región del Bruttium, al sur de Italia, en el 204 a. C. Fue una derrota decisiva contra Aníbal, al obligarle a replegarse en la ciudad de Crotona. Aquí la narración: “Durante el verano en que ocurrieron estos acontecimientos en África, el cónsul Publio Sempronio, que estaba al cargo de la provincia del Brucio, se enfrentó con Aníbal en territorio crotoniense en un combate improvisado sobre la marcha. Fue un combate entre columnas en marcha más que entre frentes en orden de batalla. Los romanos fueron rechazados, y hubo cerca de mil doscientos muertos en el ejército del cónsul en lo que fue más una refriega que una batalla en regla. El retorno al campamento fue precipitado, pero a pesar de ello los enemigos no se atrevieron a atacarlo. Sin embargo, a la noche siguiente el cónsul se marchó de allí en silencio y, después de enviar por delante un mensaje al procónsul Publio Licinio para que se acercara con sus legiones, reunieron sus tropas. De esta forma, volvieron hacia Aníbal dos generales y dos ejércitos, y el combate no se hizo esperar, pues el cónsul estaba lleno de moral por la duplicación de sus fuerzas, y el cartaginés por su reciente victoria. Sempronio alineó sus legiones en primera línea; en la reserva se situaron las legiones de Publio Licinio. Antes de iniciarse la batalla, el cónsul prometió con voto un templo a la Fortuna Primigenia si aquel día derrotaba a los enemigos, y sus deseos se cumplieron. Los cartagineses fueron derrotados y puestos en fuga; sucumbieron más de cuatro mil combatientes y fueron capturados vivos poco menos de trescientos con cuarenta caballos y once enseñas militares. Aníbal, afectado por la derrota, llevó de nuevo a Crotona su ejército.”

Como puede entenderse tras la narración, el propio Tuditano no desmerece en absoluto la importancia de la propia Fortuna en una batalla de resultado tan incierto. Debo añadir, que siendo Tuditano uno de los pocos supervivientes de Cannas, derrotar al gran Aníbal debió ser un acto emocional capaz del mayor paroxismo.
Como anécdota, se puede comentar que el apodo de esta rama de la gens sempronia, los tuditani, tiene como origen la singular y llamativa forma de la cabeza de uno de sus antepasados. Tuditani procede de tudes, martillo.

Nota del autor
No debe confundirse a P. Sempronio Tuditano con P. Sempronio Sopho. Algunos autores suelen atribuir erróneamente esta hazaña a Sopho, no a Tuditano.

La Fortuna de Praeneste
Esta antigua Fortuna del Lacio procede de la ciudad de Praeneste, sede de un importante oráculo –algunos lo llaman “El Delfos del Lacio”-. En Praeneste esta diosa es considerada origen –primigenia- de todo lo que existe, incluyendo en su iconografía a un Júpiter lactante –Iupitter puer- y a su pequeña hermana Juno, también lactante; aunque como suele suceder en la antigua religión, a medida que Roma fue creciendo, variaron los cultos. En tiempos Imperiales a esta Fortuna Primigenia se la considera hija de Júpiter, no madre o nodriza, haciendo derivar su nombre de primum genita, “la primera nacida”. Y sin embargo, las dos ideas, aunque contradictorias, son plausibles y creíbles para la mayoría de los romanos. ¡Misterios de la religión!
Destacar que en Roma a esta Fortuna Primigenia se le despoja en su culto de los dos elementos que la hacen tan especial. Ni Júpiter lactante en sus imágenes ni oráculo. Esas son prerrogativas y privilegios exclusivos de Praeneste.

Unas notas sobre las sortes praenestinae
De esa forma se denomina el singular oráculo de Primigenia –aunque su denominación exacta son sortes fortunae primigeniae praenestinae-. El 11 de abril es el día en que el oráculo se abre para los devotos, incluyendo diversos sacrificios.
Cicerón, en su Sobre la Adivinación II (41) nos describe su origen y el aspecto de estas sortes, aunque con cierto tono escéptico, como suele ser habitual en el de Arpinate: “Los testimonios de los de Praeneste proclaman que Numerio Sufustio, persona noble y honorable, como se le ordenaba con frecuencia durante el sueño –de manera incluso amenazadora, al final- que hendiese el pedernal que se hallaba en un determinado lugar, se dispuso a hacerlo, aterrado por las visiones y entre las burlas de sus conciudadanos; una vez fraccionada así la roca, saltaron aquellas tablillas esculpidas en roble, con la marca de unas letras primitivas. Este lugar hoy se encuentra cercado, de acuerdo con la prescripción religiosa, y está próximo al lugar en que se encuentra el Júpiter niño, al que –sentado como un lactante sobre el regazo de Fortuna, al lado de Juno, mientras pide la teta- veneran las madres muy castamente. Dicen que en ese lugar, donde ahora se encuentra situado el santuario de Fortuna, fluyó miel de un olivo –hecho imposible y milagroso-, por aquella misma época, y que los arúspices dijeron que esas tablillas gozarían de suma reputación; y que, por mandato de estos, se construyó un arca con aquel olivo y se metieron en ellas las tablillas que hoy se sacan a instancias de Fortuna.”

El roble, madera en la que está elaboradas las tablillas, se considera árbol asociado a los oráculos y vaticinios; además, es árbol asociado a la majestad de Júpiter. Estas pequeñas tablillas tienen inscritas en ellas sílabas parciales. Tras agitar la caja, se extraen al azar varias de estas tablillas, y con los grupos de sílabas obtenidos al azar, se “lee” el oráculo. Resulta curioso que el encargado de extraer las tablillas sea un inocente niño.

Tres Aedes Fortunae
El templo de Fortuna Primigenia domina un conjunto de tres templos de diverso tamaño y antigüedad. Esta singular disposición da nombre a la zona, conocida coloquialmente como ad tres Fortunas. Dispuestos en el Quirinal, adyacentes a la Porta Collina, una de las puertas de la Muralla Serviana.
El nombre oficial de la diosa Fortuna que se adora en el templo principal es Fortuna Publica Populi Romani Quiritium, aunque a veces se la denomina con un simple Fortuna in Colle –añadiendo en ocasiones Quirinali-. Sin embargo, tras tan oficial y pomposo nombre se oculta Fortuna Primigenia.
Prometido, como ya se ha descrito, por P. Sempronio Tuditano en el 204 a. C., fue inaugurado por Q. Marcio Ralla el 25 de mayo del 194 a. C., siendo su dies natalis.
Dion Casio, en su Historia romana XLII (26) relata un prodigio relacionado con el templo acontecido en el 48 a. C.: “En el siguiente año se sufrió un violento terremoto, un búho fue visto, numerosos rayos descendieron al Capitolio y otros cayeron sobre el templo de Fortuna Pública, como es llamada, y dentro de los Jardines de César un caballo de no poco valor destrozó sus interiores, y el templo de Fortuna se abrió por pura voluntad.”
El templo goza de cierta preeminencia, tanto como para ser nombrado por Vitruvio como ejemplo en su Arquitectura III (2.2): “Un templo será in antis si en su fachada tiene antas en los muros que enmarcan la cella y si, además, entre dichas antas hay dos columnas centradas, y encima de ellas un frontón, todo dispuesto conforme al principio de la simetría que se describirá en el presente libro. Un modelo de este tipo se hallará en los templos de las Tres Fortunas (de los tres, el que está más cerca de la Puerta Colina).”


Barrio de las Tres Fortunas

lunes, 2 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Hércules Musarum -30 de junio-

Denarios de Q. Pomponio Musa
Aniversario conmemorativo de la fundación del templo circular al Hércules de las Musas en inmediaciones del Circo Flaminio.

¿Hércules y las Musas?
Antes de la fundación del templo Hércules ya es una divinidad popular en Roma, no así las Musas. Conocidas por los más cercanos y entendidos del mundo griego, pero cuyo culto aún es extranjero y, por lo tanto, “sospechoso”. Nobilior, fundador del templo, empleó un curioso ardid para evitar la negativa de los prohombres romanos más tradicionalistas: fundó un templo a las Musas, pero al incluir a Hércules, importante para la propia mitología fundacional romana, aniquiló cualquier reticencia.
En la propia Hélade existe el culto a Apolo Musagetes, aunque el de Hércules Musagetes no es relevante –o directamente, no existe-.
El propio Plutarco, en sus Cuestiones romanas (59), se pregunta precisamente porqué existe un templo a Hércules y las Musas en Roma, siendo un asunto peculiar e incluso inédito en Grecia: “¿Por qué Hércules y las Musas tenían un altar en común? ¿Acaso porque Hércules enseñó las letras a los de Evandro, según ha recordado Juba? Y el hecho se consideró noble por enseñar a amigos y parientes. Tiempo atrás empezaron a enseñar por un sueldo y el primero en abrir una escuela elemental fue Espurio Carvilio, un liberto de aquel Carvilio, que fue el primero en divorciarse de su mujer.”

Aedes Herculis Musarum
Erigido por M. Fulvio Nobilior tras la toma de Ambracia, ciudad situada en la costa occidental de la Hélade, en la primavera de 189 a. C. Tras su posterior saqueo y toma de prisioneros, la ciudad cayó en la insignificancia. El triunfo de Nobilior fue en el 187 a. C. -otros dan la fecha del 179 a. C.-, por lo que es probable que fuese la fecha de inauguración del templo, siendo su dies natalis el 30 de junio.
En la Hélade descubrió Nobilior que a Hércules se le consideraba líder o señor de las Musas, denominado por ello Herakles Musagetes. Inspirado por ello, se apropió de las numerosas estatuas de la ciudad conquistada; destaca un conjunto escultórico con el propio Hércules tañendo una lira, obra de Zeuxis, y las nueve Musas.
Es interesante resaltar que Nobilior era un gran anticuario interesado en la antigüedad romana. Por ello, tras inaugurar el templo lo dotó de unos Fasti, un completo calendario religioso con numerosa información histórica y mitológica, siendo, según la tradición, el primero en hacerlo.
Nobilior dotó al templo de una pequeña capilla –aedicula- de bronce en honor a las Musas, que al parecer data de los tiempos de Numa Pompilio, guardada en el templo de Honos et Virtus.
L. Marcio Filipo restaura el templo en el 29 a. C., en tiempos de Augusto, edificando a su alrededor el Pórtico de Filipo –Porticus Philippi-. Destacan en el pórtico las numerosas barberías que hacen del lugar un centro concurrido. El gran Marcial se burla, precisamente, de un amigo y su indecisa calvicie. Aquí el epigrama, titulado con un simple y descriptivo “Un calvo”, con anécdota mitológica incluida: “El otro día, viéndote por casualidad sentado a ti sólo, te tomé por tres personas. Me engañó el número de tu calva: tienes cabellos a una parte y tienes a la otra, y tan largos como los que pueden sentar bien incluso a un adolescente; en su mitad, tienes la cabeza desnuda y en un largo espacio no se deja ver ni un solo pelo. Este error te vino bien en diciembre, cuando el emperador distribuyó comida: volviste con tres raciones. Creo que así fue Gerión. Te aconsejo que evites el pórtico de Filipo: como te vea Hércules, estás perdido.”
Y además de barberías, no son pocas las “peluquerías” especializas en el género femenino, y como detalla Ovidio, aquí se venden incluso vistosas pelucas y tocados para las mujeres pudientes.

Los denarios de Q. Pomponio Musa
Resulta interesante mencionar los denarios acuñados por el magistrado, banquero y prestamista Q. Pomponio Musa, un prohombre de su época (siglo I a. C.). Siendo triumvir monetalis acuñó moneda con la autorización del estado romano. Destaca una serie de diez denarios en la que está representada en el reverso una de las musas, sobresaliendo entre todas una magnífica Urania, musa de la astronomía. En uno de los denarios está representado Hércules Musarum, aunque en el anverso de todas las monedas puede verse a Apolo Musageta. De esta forma Q. Pomponio (y con seguridad gran parte de la gens pomponia) muestra uno de sus cultos preferidos. El sobrenombre de Musa adquirido por Q. Pomponio es indicativo claro de su preferencia.