lunes, 13 de agosto de 2018

Arcana Mvndi Segunda Edición: La noche en Roma

Magnífica recreación de la noche romana por Enrico Marini
Finalizado otro capítulo de ambientación. En este caso la protagonista es la noche y como se vivía, ya fuese en la ciudad o en el campo. Desde las agradables penumbras de un banquete a un ebrio paseo por la ciudad, hasta las tinieblas campestres y los seres que acechan en la oscuridad de otro mundo. Sin olvidar cómo se iluminan los romanos, algunas de sus supersticiones y algunas cosillas de brujas.

Otro paso más para AM, lusitores e Iniciadores. ¡Fors Fortuna!

Cuando se extingue el día
La noche en tiempos modernos
Un apunte sobre el cielo nocturno y la mentalidad del hombre antiguo

Las vigilias
Clepsidras militares
La noche avanza…

Bruma, el solsticio de invierno
Pero, ¿cómo se calcula la fecha de la bruma?
Recolección sagrada contra maleficios

Cómo se iluminan los romanos
Antorchas
  • Curiosidad: ¿Cómo se fabrican las maderas para las antorchas?
Candelas
Lucernas
  • Candelabrum
Linternas

La ciudad mundana
Ciudades pequeñas
Collegium iuvenum
¿Qué puede uno encontrarse en la urbana noche romana?
  • Tabernas y lupanares por doquier
  • Borracheras y peleas
  • El silencio ensordecedor de la noche
  • Amores furtivos
  • Criminales
  • Banquetes

Las tinieblas campestres
El lobo, encarnación nocturna
Latrones
  • Trampas para lobos y hombres
Fauno y su comitiva
  • Lobos de las Faunalias
Encrucijadas
  • Capillas a Diana

Brujas nocturnas
Las que dicen serlo…
…y las que sí lo son.

Seres monstruosos
Sueños y pesadillas
  • Ephialtes
Fantasmas
Licántropos y versipellis
  • ¿La plata, dañina para los licántropos?
Aves nocturnas
  • Trucos y hechizos de la lechuza
Demonios sedientos de sangre
  • Un tipo de Lamia –hay varias-, según un extracto del Suidas
  • Empusa, según un extracto del Suidas
  • Las striges, según Ovidio en un extracto de sus Fasti
  • El gello, según Zenobio en un epítome de la Suida
Y como siempre, este humilde scriptor acepta sugerencias ;)

jueves, 26 de julio de 2018

Arcana Mvndi Segunda Edición: Viajando por el Imperio


Cerrado un capítulo doble de pura ambientación: Viajando por las calzadas del Imperio y el cursus publicus, el correo imperial. Siempre redactado desde la más pragmática de las ópticas. ¿Cómo son los albergues en los caminos? ¿Se paga aduana por transitar dentro del Imperio? ¿Qué equipaje es el más adecuado para viajar? ¿Qué es exactamente el cursus publicus? Un paso más para Arcana Mvndi, lusitores e Iniciadores. Este humilde escriba solo pide algo de paciencia.

Y como siempre, añado un índice (siempre provisional, ya que si las Musas me atormentan y aconsejan, siempre añado alguna cosilla más):

Viajando por las calzadas del Imperio

Las calzadas
Cómo Roma ha unido el mundo
Prioridad de paso
Viae rusticae
Mantenimiento de las calzadas
Miliarios
Altares a Mercurio

Aduanas
¿En qué lugares se aplica el portorium? ¿Y en cuánto consiste el pago?
El problema de los artículos de lujo
Stationarii milites

Preparándose para el viaje
¿Cuándo viajar?
Un pequeño acto religioso
Oneirocritica: consultado al intérprete de sueños
Itineraria adnotata
Suministros
Vestimenta y equipo apropiado
  • Calzado
  • Abrigo
  • Equipo variado
  • El equipaje de un viajero pudiente

Tipos de transportes
A pie, caballo o mula
Litera
Carros rápidos
Carromatos
Alquiler de carros
Legislación sobre los carros

Viajeros
¿Qué clase de viajeros peculiares pueden encontrarse en Arcana Mvndi?

Albergues
Caupona
Hospitium
Stabulum
¿Quiénes frecuentan estos lugares?
Nombres de albergues

Cursus publicus

Historia
Angaria
República romana
Imperio

Organización
Praefectus vehiculorum
Tabularius a vehiculis
Diploma
  • A diplomatibus
  • Beneficios
  • Evectio y tractoria
  • Mal uso de los diplomas, falsificación y fraude

Cursus velox y cursus tardus
Cursus velox
  • Veredarius: jinetes correo
  • Carros
Cursus tardus

Mansiones y mutationes
Mansion
Mutatio
Personal adscrito a las mansiones y mutationes
  • Manceps
  • Personal de servicio
  • Mansionarius

sábado, 14 de julio de 2018

Arcana Mvndi Segunda Edición: los bajos fondos en el Imperio


Finalizado el capítulo dedicado al mundo criminal en Roma. Un capítulo de pura ambientación que espero sea útil para los lusitores que deseen recrear uno de los aspectos más sórdidos y brutales de la antigüedad. Escrito con la idea de que sea una herramienta práctica y fuente de ideas para el Iniciador. ¿Qué tipos de criminales existen? ¿Cuáles son las penas por los delitos? ¿Cómo se hace un buen soborno? ¿Cómo se trucan unos dados para apuestas? ¿Cómo es la prostitución?

Poco a poco Arcana va adquiriendo nueva forma. ¡Que los dioses me den sabiduría y fuerza!

Añado lo que podría ser un índice del capítulo. Es la mejor forma de mostrar su contenido:

Los bajos fondos en el Imperio
“Pérfidos, malignos, sórdidos…”
Populi infamanti
Laverna, diosa de los ladrones y criminales, incrementa sus filas
Infamia

Delicta: algunos delitos y sus penas
Calumnia: falsa acusación
Falsum: falsedad, falsificación
Furtum: hurto, robo con violencia
Incendium: incendio, intencionado o no
Injuria: agresión física o verbal
Peculatus: malversación de caudales públicos
Plagium: secuestro
Repetundae: soborno
Veneficium: envenenamiento
Vis publica: violencia pública

Criminalis
Abactor: cuatrero
Canis: hombre de confianza
Captator testamenti: cazaherencias
Cleptes: ladrón de mercado
Deceptor: estafador, timador
Effractor: ladrón de pisos
Falsarius: falsificador
Fenerator: usurero, prestamista
Grassator: ratero callejero
Latro: bandido, salteador de caminos
Plagiarius: secuestrador
Sicarius: asesino

Un tipo especial de “criminal”: los soldados bandoleros
El bandido Julio Materno, terror en tiempos de Cómodo

Argot criminal

Algunas prácticas clandestinas
Apuestas
Sobornos

Seguridad privada

Prostitución
Quiénes lo practican
Pago de impuestos
Dónde se practica
Lupanares de los bajos fondos
Proxenetas
Aspecto de las prostitutas
Anuncios por todas partes
Un pequeño glosario relacionado con la prostitución
Diferentes nombres para denominar a las prostitutas

martes, 13 de febrero de 2018

Arcana Mvndi Segunda Edición: Oficios


En la versión anterior de AM se describían 22 oficios o profesiones. Variadas pero que considero incompletas. Con la perspectiva que da el tiempo, algunas me parecen demasiado genéricas y faltan otras propias del mundo romano. Por ello, en AM2E estoy desarrollando más oficios y los he desglosado en grupos: militares, espectáculo, liberales, bajos fondos y variado.

La intención es doble: ofrecer más profesiones a los lusitores y ampliar la ambientación, siendo una ayuda extra para el Iniciador. Recordar que aún queda mucho camino. Se pueden añadir más oficios –acepto sugerencias-, y la redacción no es definitiva.

A continuación los oficios. Nada como una muestra para que se entienda mejor mi idea:

Oficios militares
Auxiliar
Centurión
Correo imperial
Frumentario
Legionario
Marino
Pretoriano
Speculator Augusti
Stator Augusti
Tribuno militar
Urbaniciani
Vigil

Oficios asociados a los espectáculos
Auriga
Bestiario
Funámbulo
Gladiador
Lanista
Pugilista

Oficios liberales
Abogado
Arquitecto
Artista
Filósofo
Histrión
Librero
Médico
Senador

Oficios de los bajos fondos
Delator
Hetera
Matón
Praedonibus
Prestamista
Proxeneta
Salteador de caminos
Venefica

Oficios variados
Argentario
Buhonero
Funcionario
Libitinario
Parásito
Navegante
Tabernero
Trotamundo

lunes, 5 de febrero de 2018

Arcana Mvndi Segunda Edición


Ave, Iniciadores y lusitores, tras cierto tiempo meditando y haciendo acopio de fuerzas, he decidido redactar una segunda edición para Arcana Mvndi. Esta edición requiere reescribir el juego, por lo que llevará su tiempo. Creo que puedo ofrecer una versión de AM mejor que la anterior –al menos esa es mi intención-. Ahora sé más sobre el mundo romano, he sopesado las virtudes y defectos del sistema de juego, incluyendo la creación de personajes, el combate y la teurgia. Cuando se editó la versión anterior tomé nota del tipo de preguntas que me hacían los lusitores, por lo que pondré más ejemplos y explicaciones en el mismo juego.

La edición, a priori, será por medio de mecenazgo, salvo que llegue a un trato con alguna editorial. Aún es pronto para empezar a mostrar contenidos, aunque intentaré informar periódicamente sobre los avances de la escritura y los cambios de esta nueva edición. Por supuesto, leeré con detalle vuestros comentarios y sugerencias, sabiendo que no podré contentar a todos.

Tengo la intención de ofrecer más material, tanto para los lusitores como para los Iniciadores, por ello el juego estará dividido en dos manuales, ¡pero que nadie entre en pánico! Se venderían juntos. La idea es que los lusitores puedan manejar su manual y los Iniciadores el suyo durante las aventuras sin problema alguno. Facilita su consulta. No se tratará de dos manuales “pequeños”. Tanto uno como otro ofrecerán más material que en la versión anterior.

Y si el mecenazgo sale óptimo -¡escucha Fortuna mi plegaria!- me gustaría incluir una pantalla y dos libretos, uno de ellos orientado al combate y otro para el Iniciador. Sin olvidar aventuras, que tanto me han solicitado. La centuria de los hispanos es mi primera opción, y si es posible, incluiría al menos otras dos, Los dos Carontes y Neptuno Furioso.

Por lo tanto, ese es mi objetivo, un nuevo y mejorado Arcana Mvndi. ¡Espero que sea una realidad en un futuro no muy distante!

Un saludo desde las Hespérides

domingo, 17 de diciembre de 2017

Calendario religioso romano: Saturnalia -17 al 23 de diciembre-


Una representación muy libre de las Saturnales

El más célebre y conocido de los festivales romanos, un alegre y popular festejo en honor a Saturno, antigua deidad del Lacio. También es conocida como feriae Saturno o simplemente como Saturnales.

Las Saturnales de Macrobio
Sin duda, entre los autores clásicos, esta obra es la más indicada para comprender cómo eran las Saturnales, su naturaleza, origen e innumerables detalles que la conformaban. Se trata, además, de una fuente inagotable y magnífica de puro conocimiento sobre el mundo clásico pagano.

El culto a Saturno
Antigua divinidad del Lacio, encarnación de una perdida y olvidada edad dorada, en la que no existían ni bienes privados, solo comunes, ni existía la esclavitud. Primitivo y sencillo en esencia, enseñó los rudimentos básicos de la agricultura a las gentes ribereñas del Lacio, así como otras artes propias de las culturas civilizadas, como la acuñación de moneda.
Saturno es símbolo de riqueza agrícola –Varrón hace derivar su nombre de satur, «siembra»-, de plenitud material y moral; siendo padre, además, de divinidades tan importantes como Júpiter, Juno, Neptuno o Vesta. Su nombre aparece en el arcaico Carmen Arvale como Satur. No será hasta los últimos tiempos de la República en la que vemos identificado a Saturno con el griego Cronos, dios de la siembra y, aunque no exactamente, el tiempo.
Reinó, junto a Jano, en el llamado Monte Saturnio, en lo que sería el Monte Capitolino una vez fundada Roma. Varrón, en su Lengua Latina V (42), lo confirma, siempre desde una base etimológica: “Refiere la tradición que antes este monte se denominó Saturnius «de Saturno» y que por esto el Lacio era la tierra de Saturno (Saturnia), como la denominaba el poeta Ennio. Está escrito que en éste hubo una antigua ciudad, Saturnia. Aún ahora permanecen tres vestigios suyos: el que haya un templo de Saturno en su garganta, el que haya una puerta Saturnia que el jurisconsulto Junio sitúa allí en sus escritos, a la que ahora llaman Pandana, y el que, en las leyes de derecho privado correspondientes a edificios, detrás del templo de Saturno las paredes estén citadas como «muros posteriores de Saturno».
En la mitología grecorromana se considera que la diosa Ops, encarnación de la abundancia, es su consorte. Para ello ver los festivales de la Opiconsivia y Opalia.

Una curiosidad sobre el “cara o cruz”
Macrobio, en sus Saturnales, narra una anécdota sobre la denominación de la “cara y cruz” de las monedas en tiempos de Roma, teniendo en cuenta que Saturno arribó al Lacio en barco desde tierras lejanas, siendo acogido por Jano, señor de las tierras que después serían la ciudad de Roma. Jano, agradecido con el dios por desvelarle los secretos de la agricultura, compartió el trono con él: “Es más, como quiera que fuera el primero en acuñar moneda, también en esto observó deferencia hacia Saturno, de forma que, puesto que este había arribado en barco, por un lado se grababa, desde luego, un retrato de su propia cabeza, pero por el otro una nave, a fin de transmitir a la posteridad la memoria de Saturno. Que el bronce se acuñó así, aún hoy se advierte en un juego de azar, cuando los niños, arrojando denarios al aire, exclaman «¡cabeza!» o «¡barca!», siendo el juego prueba de la antigüedad.”

Origen del festival
Según los diversos mitos y tradiciones, tres son los posibles orígenes de este festival, aunque siempre asociados a Saturno. Macrobio en sus Saturnales I (7) nos los narra.

  • El primero de ellos, el más antiguo, tiene como iniciador al propio Jano: “Saturno desapareció de repente, y Jano planeó acrecentar los honores de aquel dios. En primer lugar, dio el nombre de Saturnia a toda la tierra que obedece a su dominio; luego le consagró, como si fuera un dios, un altar y unas fiestas que llamó Saturnales. ¡En tanto siglos las Saturnales preceden la fundación de Roma! Ordenó, pues, que Saturno fuera venerado con la grandeza del culto, como artífice, a su juicio, de una vida mejor: prueba de ella es su estatua, a la que añadió una hoz, símbolo de la cosecha. A este dios se atribuyen los injertos de renuevos, la crianza de árboles frutales y variopintos métodos para cultivar cualquier cosa fértil.”

  • El segundo origen recae en el casi omnipresente Hércules, héroe iniciador de multitud de ritos y cultos a lo largo de todo el Mediterráneo: “Hércules había abandonado en Italia a unos hombres, enfurecido, porque no habían vigilado su rebaño, o bien los había dejado allí deliberadamente, para que protegieran su altar y su templo de los asaltos. Estos hombres, pues, en cierta ocasión en que les atacaron unos bandidos, ocuparon una colina elevada y se les llamaron saturnios, por el nombre que también dicha colina recibía antes, y porque se sintieron protegidos por el nombre y el respeto de este dios, instituyeron, cuentan, las Saturnales, con la intención de que la propia observancia de una fiesta oficialmente declarada exhortara a los ánimos salvajes de sus vecinos a una mayor veneración por el culto.”

  • El tercer origen tiene como protagonistas a los pelasgos –antiguos habitantes de la Hélade-, que expulsados de sus dominios consultaron al Oráculo de Dodona, que les envió al occidente, en busca de la tierra de Saturno: “Partid en busca de la tierra de Saturno que habitan los sículos y los aborígenes, Cótila, donde flota una isla; cuando os hayáis unido a ellos, enviad el diezmo a Febo, y enviad las cabezas a Hades y un hombre a su padre”. Finalmente arribaron al Lacio y en un lago llamado Cutilias encontraron una isla flotante, “una masa de hierba, formada por la compactación del fango o por el espesamiento de la marisma, toda cubierta de matorrales y de árboles a manera de un bosque, y vagaba errante, sacudida sin cesar por la mares”, en palabras de Macrobio. Se trataba de las marismas primigenias de lo que sería Roma. Allí erigieron un altar a Saturno, instituyendo un festival en su honor, las Saturnales.

Tales son los orígenes atribuidos al mito. Según algunos autores clásicos –y modernos- el origen del festival, aunque antiguo, suele atribuirse al rey sabino Tito Tacio, a Tulo Hostilio o Tarquinio el Soberbio. Sin embargo, es muy posible que el inicio oficial de las Saturnales fuese el 17 de diciembre del año 497 a. C., bajo el consulado de Aulo Sempronio y Marco Minucio, a su vez, fecha de la inauguración del templo a Saturno.
Es posible, también, que todas las posibilidades sean admisibles. Con el tiempo, el culto y los festivales tienden a corromperse, y que cada uno de los protagonistas citados renovase las Saturnales, atribuyéndose su fundación.

El festival se prolonga –saturnaliorum dies-
En tiempos imperiales, la Saturnalia dura siete días, desde el 17 hasta el 23 de diciembre, pero no siempre ha sido de este modo. Al principio, según la mayoría de los autores, la Saturnalia se celebraba un único día: el 17 de diciembre; para ser más concreto, según el modo romano de calcular las fechas en los calendarios, el decimocuarto día antes de las calendas.
Debido a diversas vicisitudes históricas –la mayoría hechos irregulares y confusos- y a la propia popularidad del festival, se le han ido añadiendo días poco a poco. Por ejemplo, Julio César añadió dos días al mes de diciembre, por lo que la plebe comenzó a celebrar tres días de Saturnalia -¿Qué decimocuarto día antes de las calendas de enero debían celebrar, el antiguo o el nuevo?-. Años más tarde, el emperador Augusto, para acabar con este problema, decretó que el festival durase tres días. Calígula añade un quinto día –nada sabemos sobre el cuarto día-, al que denomina Iuvenalis. Suprimido durante algunos años, pero restaurado por Claudio.
Macrobio, en sus Saturnales I (10, 23), lo explica del siguiente modo: “Creo haber probado ya suficientemente que las Saturnales se celebraban de ordinario durante una sola jornada, a saber, en el decimocuarto día antes de las calendas, pero prolongadas más tarde a tres jornadas, primero por causa de los días que César añadió a este mes, luego por causa del edicto en el que Augusto asignó a las Saturnales tres días de fiesta, empiezan, pues, el decimosexto día y terminan el decimocuarto, el único día en que solían antes celebrarse. Ahora bien, se añadieron las Sigilares y su celebración prolongó el ajetreo del pueblo y la alegría religiosa hasta los siete días.”
La Sigillaria, o Sigilares, es un festival integrado en la Saturnalia, como se detalla más adelante.

Días festivos
Durante la festividad –oficialmente durante el 17, 18 y 19 de diciembre- no se pueden celebrar juicios ni reuniones políticas ni transacciones públicas, incluso las escuelas cierran, pero se permite apostar jugando a los dados y lo que se tercie. Marcial, en uno de sus Epigramas V (84) describe, con cierta emoción, el final de las Saturnalias, y como los niños y los tahúres añoran esos días de regocijo y absoluta libertad: “Al niño, triste ya por dejar sus nueces, vuelve a llamarlo el maestro chillón y el jugador de dados, traicionado de mala manera por el seductor cubiliete, arrancado hace un momento de la oscura taberna, borracho, pide perdón al edil […].
Además, en boca de Macrobio, “emprender una guerra durante las Saturnales está considerado como un acto sacrílego, y castigar a un culpable durante estos mismos días es de mal agüero.” De hecho, el festival es celebrado por los soldados en sus campamentos, donde se sortea que uno de ellos interprete al rey del banquete –aunque ellos lo llaman emperador, sin tapujos ni miramiento alguno (ver Saturnalicius princeps más adelante).

Días singulares para los esclavos
Días de fiesta que incluyen a los esclavos domésticos, que se ven libres de sus quehaceres cotidianos. Se les permite, como importante signo distintivo de su “libertad”, llevar el píleo –pileus-, el gorro de lana que distingue a los libertos. Incluso tienen libertad de expresión, lo que aprovechan para mofa de sus amos, criticar y mostrar su opinión sin temor a represalias –al menos, durante las fiestas-. Lo que Horacio denomina libertas Decembri.
Una de las curiosidades de las Saturnalias es la inversión del orden social. Por ello, los esclavos, aunque siempre preparan la cena, pueden organizar un festín empleando la mesa de su señor, toda una transgresión, ataviados, además, como ellos. Los autores difieren sobre si estos comen junto a su señor o antes de él. Lo más plausible es que varíe de casa en casa: algunos señores accederán a comer con sus esclavos, y otros, como Plinio el Joven, tenga dispuestas unas habitaciones acondicionadas para recluirse durante las fiestas; en su caso, por no ser amigo de bullicioso y borracheras. De hecho, algunos esclavos terminan bailando y cantando desnudos debido al vino y el deseo de escape de sus penurias diarias. Es momento de búsqueda de placeres y desenfrenos.

Ataduras de lana
La antigua estatua de Saturno, resguardada en su aedes –templo-, tiene los pies atados con una cuerda de lana durante todo el año. Solo se le desata durante las Saturnalias, liberándolo de sus rústicas ataduras. Tras ello se realiza un lectisternium, un sacrificio y un banquete público –convivium publicum-. Se tiene constancia de la celebración de este banquete público desde el 217 a. C. Los senadores y caballeros que acuden al sacrificio van ataviados con la toga praetexta, apropiada para las grandes ocasiones, aunque se despojan de ella durante el banquete.
Siendo algo singular, el sacrificio se realiza al modo griego –ritus graecus-, esto es, con la cabeza descubierta. Los romanos sacrifican capite velato, con la cabeza cubierta por un pliegue de la toga, símbolo de piedad. Macrobio lo explica del siguiente modo: “Allí, conforme al rito griego, se realizan las ceremonias con la cabeza descubierta, porque se supone que así solían hacerlo desde el principio, primero los pelasgos, luego Hércules.” Aunque la explicación puede estar en la propia naturaleza del festival: se invierte el orden social y la mayoría de las normas sociales –y religiosas- del resto del año.

Saturno con sus singulares ataduras de lana


¡Io Saturnalia!
Tras el banquete comienza oficialmente el festival. En ese momento, la multitud, enfervorecida, clama con sincera alegría el famoso Io, Io Saturnalia! Una frase que engloba tanto un grito característico durante las fiestas, como una expresión de júbilo e incluso una fórmula mágica y religiosa, tanto que puede proferirse en la vida cotidiana como una exclamación de satisfacción y regocijo.

Baño ritual y sacrificios privados
Los días 18 y 19 de diciembre, considerados oficialmente saturnales, es costumbre tomar temprano un baño, contrario a lo habitual: las termas se visitan a la tarde. Además, aquellas familias que tengan medios, sacrifican un lechón en honor a Saturno.

El mundo al revés
Las Saturnalias destacan por su principal característica: la inversión del orden social, es el mundo al revés. Por ello son tan populares entre la plebe, los esclavos y las mujeres. Es uno de los festivales más duraderos en el tiempo y entre todos los estamentos sociales.
Aquellos que no son ciudadanos pueden llevar la toga –más que un puede, es un debe-. Se considera de mal gusto ir vestido como se debe habitualmente. De ello se mofan autores como Marcial al ver a un conocido llevando la toga durante las fiestas: “No hay cosa más indecente que Carisiano, en los Saturnales va con toga.” Todo el mundo lleva el píleo, el gorro de los libertos. De ese modo no existen distinciones entre los órdenes sociales.
Los ciudadanos llevan, en cambio, la synthesis, un equivalente el batín moderno o al jubón, sin mangas y corto, un atavío propio para andar por casa, empleado para las cenas; es una prenda común para hombres y mujeres, muy popular entre los siglos I y II.
Aunque no se relacionan ludi sceanici –representaciones teatrales- durante el festival, las gentes suelen aprovechar la ocasión para disfrazarse –portando incluso máscaras-, buscando la mofa y la extravagancia, siendo similar al actual Carnaval. Tal es el libertinaje, que son habituales las bromas pesadas y de mal gusto, aunque ingenuas e infantiles en cierto sentido, como arrojar a la gente a las fuentes, cuyas aguas están heladas: ¡se trata de mediados de diciembre! Algunos autores describen ciertas extravagancias en algunas cenas, como falsas luchas de “gladiadoras” o ridículos combates entre enanos y grullas, a imitación de un mito sobre estos animales y los pigmeos.
Se permite el juego con apuestas, como se ha dicho anteriormente. Un viejo dicho reza: “Ahora tienes permiso, esclavo, para jugar con tu amo.” Son habituales las apuestas con dinero y nueces, siendo uno de los elementos propios de las fiestas. Es el primer y más humilde regalo que se hace: nueces.

El píleo, característico gorro de los libertos

Regalos
Los presentes entregados en la Saturnalia reciben el nombre de xenia, siendo los receptores habituales los amigos y familiares, así como a los conocidos a los que se deba algún favor.
Los autores antiguos hacen continua referencia a las nueces, el regalo imprescindible; y tras ellos, todo tipo de regalos, extravagantes, inútiles, buscando la broma y la sorpresa –como animales exóticos o una salchicha picante-, aunque algunos más recatados o considerados pueden ofrecer regalos de cierta utilidad –perfumes o cucharas-. Marcial, en uno de sus Epigramas se queja de un amigo, al enviarle los regalos que había acumulado los primeros días de fiesta y que no le interesaban.
Nuevamente Marcial en sus Epigramas XIV (XLVI) nos hace una relación posible de regalos, casi todos de índole alimentaria: “Las Saturnales han enriquecido a Sabelo, con razón se pavonea Sabelo y piensa y dice que no hay nadie más afortunado entre los abogados. Tales fastos y ánimos se los da a Sabelo medio modio de trigo y de habas molidas, tres medias libras de incienso y de pimienta, una longaniza con tripa falisca, una garrafa siria de vino tinto cocido, una helada orza libia de higos junto con unas cebollas y caracoles y queso. También llegó de parte de un cliente del Piceno un cestillo al que no le cabían unas sobrias olivas, un juego de siete copas esculpidas por el tosco cincel de un alfarero de Sagunto, obra de barro de un torno hispano, y un pañuelo adornado con un ancho arrequive de púrpura. Saturnales más fructíferas no las tuvo en diez años Sabelo.”
Como ejemplo, el emperador Heliogábalo sorteaba premios en sus cenas, como diez camellos, diez libras de plomo o diez moscas. El poeta Estacio hace referencia de la Alegría y la Picaresca como si de deidades se tratase en relación a las bromas, regalos y ambiente habitual de las fiestas.

Bagatelas por regalos
Un autor antiguo destaca una curiosa práctica. Algunos niños preparan pequeños y humildes presentes, envolviendo sencillos frutos –posiblemente nueces- en oropel, una fina lámina de latón que imita el oro. Estos regalitos los ofrecen puerta a puerta, con la esperanza de intercambiarlos por regalos de mayor valor.

Cerei
Otro regalo propio de esta festividad son las cerei, velas elaboradas en cera, símbolo de luz. Suelen regalarla los de más baja condición social a sus señores y superiores.
El origen de esta costumbre es incierta, aunque posiblemente esté relacionada con el propio diciembre y el fin del año, como pequeña muestra del regreso de la luz tras el solsticio de invierno. Macrobio, en sus Saturnales, considera, entre otras opciones, la siguiente: “Otros piensan que las velas de cera se envían precisamente porque, bajo el reinado de este dios, fuimos elevados, por así decirlo, de una vida grosera y tenebrosa a la luz y al conocimiento de las artes liberales. Descubro también en las fuentes escritas el caso siguiente: como muchos, por codicia, con ocasión de las Saturnales, exigieran con insistencia regalos a sus clientes y esta carga abrumara a los más pobres, el tribuno de la plebe Publicio propuso que a los ricos se les enviará solo velas de cera.”

El rey del banquete
Durante las Saturnalias se sortea durante la cena quien interpreta el papel de Saturnalicius princeps, rey de las Saturnales, amo y absurdo señor del banquete; su reino –Saturnia regna- dura todo el festival, está suscrito al tiempo de las diversas cenas y afecta a todos los presentes en la cena. La misión de este rey del desgobierno es determinar cuánto se bebe y quien canta, ordenando a los presentes que realicen actos burlescos y ridículos, como cantar desnudo u ordenar a alguien que arroje a otro al agua fría. Toda licencia está permitida, al gusto del rey.
Se tiene constancia de este “rey” en tiempos imperiales; nada sabemos de su origen y si existía en tiempos republicanos. No pocos autores consideran que se trata de una burla del gobierno imperial, naciendo por lo tanto, bajo el principado de Augusto. También aclarar que no se realiza en todas las cenas durante las fiestas, ya que en algunos hogares simplemente no se realizan, siendo más común la elección del rey entre la gente joven. Al tratarse de un sorteo, también puede caer sin problema alguno en una mujer, siendo la reina del banquete.

Sigillaria
El último día de las Saturnalias -23 de diciembre- se celebran las Sigilares. Es costumbre regalar a los niños pequeños figurillas elaboradas en terracota o cera para entretenerlos; aunque con el tiempo estos regalos se han extendido a los adultos. Suelen tener una forma en cierta medida ridícula o exagerada, figuras humanas con una cabeza desproporcionada, aunque la variedad es la norma. Marcial nombra entre algunas de estas figurillas una del famoso Bruto, otra de Hércules, una máscara burlesca de un bátavo pelirrojo y un jorobado; también se elaboran algunas con la forma de animales.
Durante las Saturnales se abre un mercado con numerosas tiendas que recibe el nombre de Sigillaria, primero en las cercanías del Pórtico de Octavia –en el Campo de Marte-, y posteriormente en las Termas de Trajano –muy cerca del Anfiteatro Flavio-. Lugar concurrido que no se limita a vender las famosas figurillas sigilares, sino productos apropiados para regalo, muchos de ellos de gran valor.

martes, 31 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Júpiter Óptimo Máximo -13 de septiembre-

Templo de Júpiter Óptimo Máximo y Área Capitolina
Aniversario conmemorativo de la inauguración del templo fundado en honor a Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio.

Un poco de historia: la Roma de los reyes
La colina capitolina es desde sus inicios un lugar sagrado, cuajado de diversos altares y santuarios dedicados a dioses muy diversos, como Término o Juventas, aunque, según la tradición, era territorio de los sabinos del rey Tito Tacio.
Fue el rey Tarquinio Prisco el que prometió el templo tras la guerra con los sabinos, comenzando su construcción, nivelando gran parte del Capitolio –denominado también en tiempos arcaicos mons tarpeius-. La idea principal era dotar a Roma de un magnífico templo digno de ella, con la clara intención de rivalizar con los grandes templos de otras ciudades del Lacio o Etruria; la postrera intención era poseer una alternativa a los santuarios religiosos de la Liga Latina.
Tito Livio nos narra los hechos en su Ad Urbe Condita: […] “para liberar la zona de los demás cultos y dedicarla exclusivamente a Júpiter y al templo que se le iba a erigir, decidió desacralizar algunos santuarios y capillas que el rey sabino Tacio había primero prometido, en el momento crucial de su lucha contra Rómulo, y más tarde consagrado e inaugurado en aquel enclave. Al comenzar a construir el edificio en cuestión, se dice que los dioses emitieron una señal de su voluntad para significar la grandeza del imperio; en efecto, las aves consintieron la desacralización de todas las capillas, pero no fueron favorables en la del lugar sagrado de Término. Este presagio y augurio fue interpretado en el sentido de que el no cambiar Término de sitio y el ser el único dios que no podía ser desplazado de su recinto consagrado, vaticinaba la firmeza y la estabilidad del Estado. A este presagio de durabilidad siguió otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: al excavar los cimientos del templo apareció, según dicen, una cabeza humana con los rasgos intactos. Esta aparición presagiaba con toda claridad que aquél iba a ser el epicentro del imperio y la capital del mundo; así lo vaticinaron los adivinos, tanto los de la ciudad como los que se hizo venir de Etruria para estudiar aquel hecho.”

Alentadores presagios auguraban un gran destino a la pequeña pero pujante ciudad de Roma. Sin embargo, sería Tarquinio el Soberbio el que dedicase más recursos en la edificación del templo. Irónicamente, este rey, el último de ellos en Roma, no pudo dedicar el templo al ser expulsado de la ciudad.

Nace la República (509 a. C.)
Tras la expulsión del último rey, y tras diversos avatares políticos y militares, son elegidos cónsules Valerio Publícola y Horacio Pulvilo. Se trata del primer año de la república y el Senado desea inaugurar el gran templo al dios nacional romano por excelencia, Júpiter.
La rivalidad entre los cónsules es manifiesta, por lo que se echa a suerte cual de ellos tendrá el gran honor de inaugurar el templo y pasar a los anales de la historia como protagonista de tal hecho.
Nuevamente, Tito Livio en su Ad Urbe Condita II (8) nos lo narra, incluyendo una curiosa anécdota muy propia de las élites romanas, su estoicismo proverbial y su lealtad al Estado: “No había sido aún dedicado el templo de Júpiter en el Capitolio; los cónsules Valerio y Horacio echaron a suerte cuál de los dos lo dedicaba. La suerte se inclinó por Horacio; Publícola partió para la guerra contra Veyes. Los amigos de Valerio tomaron a mal más de lo debido el que la dedicación de un templo tan famoso se le encomendase a Horacio. Trataron de impedirlo por todos los medios y, después de haber fracasado todas las demás tentativas, cuando ya tenía el cónsul la mano puesta sobre la jamba de la puerta y estaba invocando a los dioses, lanzan una noticia siniestra: su hijo ha muerto, y con la familia de luto por una muerte no puede dedicar el templo. Sobre si es que no creyó la noticia o es que su entereza de ánimo fue muy grande, la tradición no es segura ni las conjeturas son fáciles; pero, ante tal noticia, sólo interrumpió lo que estaba haciendo para ordenar que se enterrase el cadáver y, sin soltar la puerta, termina la invocación y dedica el templo.”

Se trataba del 13 de septiembre del 509 a. C., dies natalis de este templo tan significativo e importante para Roma.

Aedes Iovis Optimo Maximo Capitolini
El templo posee tres cellae, en las que descansan las respectivas estatuas de los dioses a los que el templo está dedicado: Júpiter –situado en el centro-, su esposa Juno –a la izquierda- y su hija Minerva –a la derecha-. Los tres constituyen la Triada Capitolina, máximo exponente nacional romano.
La estatua de Júpiter fue elaborada por el etrusco Vulca de Veyes. La figura está ataviada con una túnica decorada con hojas de palma –tunica palmata- y Victorias, así como una toga púrpura con filigrana de oro, similar a la que emplean los generales romanos en sus triunfos. Agarra con firmeza un rayo dorado en su mano derecha. En los días consagrados a Júpiter y sus festivales se pinta su rostro de rojo con minio –pigmento rojizo-.
El mismo Vulca había dispuesto en la acrótera del templo –la parte superior del frontispicio- una cuadriga de terracota gobernada por Júpiter. En el 296 a. C. esta cuadriga fue sustituida por una de bronce; Tito Livio nos lo narra con mayor detalle: […] los ediles curules Gneo y Quinto Ogulnio presentaron demanda contra algunos usureros; se les impusieron multas sobre sus bienes, y con el producto de lo confiscado colocaron puertas de bronce en el Capitolio, y los vasos de plata de las tres mesas en el santuario de Júpiter, y un Júpiter en cuadriga en el pináculo.”

En el techo se había dispuesto una estatua de Summanus, pero fue destruida por un rayo en el 275 a. C. por un rayo; para ser más concreto, el rayo decapitó la estatua.
En el 193 a. C. los ediles M. Emilio Lépido y L. Aemilio Paulo decoraron el frontón con escudos dorados; todo gracias a las multas obtenidas por los arriendos fraudulentos de los pastos públicos.
El templo está situado en un lugar que recibe el nombre de area Capitolina. Frente al mismo se halla un gran altar, el ara Iovis –aunque en su interior cada divinidad posee el suyo-. Este altar es utilizado en las más solemnes ocasiones, como los sacrificios de inicio del año o la celebración de los triunfos.
Tal es la cantidad de donaciones y regalos que a lo largo del tiempo ha recibido este templo que las autoridades no han tenido más remedio que trasladar parte de las estatuas, las enseñas militares asociadas a los triunfos y escudos dorados a otros templos. Se recuerdan donaciones tan tempranas como la corona dorada ofrecida por los latinos en el 459 a. C. El pontífice máximo M. Emilio Lépido fue el encargado del traslado de ofrendas en el 179 a. C.
El 6 de julio del 83 a. C. un trágico incendió destruyó el templo original y la estatua de Júpiter elaborada por Vulca. Se quemaron los Libros Sibilinos guardados en un cofre de piedra, aunque gran parte del tesoro pudo salvarse, siendo trasladado a Praeneste por un joven Cayo Mario, el que sería uno de los grandes militares romanos. Sería Sila, el gran rival de Mario, el que reconstruyese el templo; sin embargo, la mayor parte de la obra estuvo a cargo de Q. Lutacio Catulo, asignado por el Senado.
El templo de Lutacio respetaba el original, aunque había ampliado su altura y tamaño, rompiendo con el tamaño de la escalinata y las proporciones del area Capitolina; además, no tenía en cuenta un elemento importante e invisible del templo, su favisae, sus sótanos –que presumiblemente había escapado de las iras del incendio-. Este subterráneo está compuesto de diversos pasajes conectados con las cellae y los almacenes que guardan multitud de antiguas estatuas y donaciones públicas y privadas. Por ello, favisae puede emplearse como sinónimo de “tesoro del templo”, sin ser un término exclusivo de este mismo templo.
La nueva estatua de Júpiter, idéntica en arte a la original, estaba elaborada en oro y marfil –criselefantina-.
El templo a lo largo de su historia ha sido alcanzado por multitud de rayos, recibiendo daño diverso. Bien puede verse el interés de Júpiter en su propio templo. Augusto lo reforma en el 26 a. C.
En el 69 d. C. durante la guerra de los cuatro emperadores fue objeto de saqueo y destrucción por parte de los partidarios de Vitelio. Toda una infamia, pues el templo no disponía de guarnición alguna, siendo un gran sacrilegio. Vespasiano, tras la guerra, lo restauró, respetando el original, aunque ampliando su altura y disponiendo de forma diferente algunas estatuas y otras decoraciones.
En el 80 d. C. sufrió daños severos, siendo restaurado por Domiciano. Ya siendo costumbre, respetó el original pero amplió su tamaño y magnificencia: puertas doradas, cuatro columnas de bronce, tejas de oro en el techo, la escalinata decorada con bajorrelieves…

Símbolo del poder romano
Este templo a Júpiter es símbolo inequívoco del poder estatal romano. No se trata de un templo más. Aquí se custodian no pocos botines de guerra, lo que incluye sus ganancias para la construcción y decoración del templo. Es el destino de las procesiones triunfales, un ritual de gran importancia, tanto en el aspecto militar como religioso y ciudadano. Es archivo de multitud de documentos públicos y lugar de reunión del senado, incluyendo los Libros Sibilinos recopilados por orden de Augusto. Este sagrado lugar es símbolo de Roma y su supremacía en el mundo antiguo.

Capitolio y foros