miércoles, 29 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Ludi Capitolini –del 15 al 30 de octubre-

Área capitolina, y el templo de Júpiter Feretrio marcado con el número 5

Antiguos juegos en honor de Júpiter Feretrio y, posteriormente, Júpiter Capitolino, salvador de Roma ante los galos.

Origen
Entre la historia y el mito, tras la desastrosa y humillante derrota romana en el río Alia, se nombra como dictador a Marco Furio Camilo, uno de los grandes héroes de la joven república. Este, que habitaba a las afueras de Roma, y tras alguna reticencia, acepta el cargo y con la voluntad y piedad que lo caracterizaba, ataca a los galos. Los galos reclamaban a Roma un humillante pago en oro –el famoso Vae Victis! (¡Ay, de los vencidos!)-, lo que no era del agrado de Camilo.
Tito Livio V, 49, nos narra la ocasión: “Pero los dioses y los hombres impidieron que los romanos viviesen rescatados, pues dio la casualidad de que, antes de que el execrable pago se efectuase, no estando aún pesado el oro en su totalidad debido al altercado, se presenta el dictador y ordena que se quite de en medio el oro y que los galos se retiren. Al negarse éstos, alegando que se había hecho un trato, dice que un pacto que ha sido convenido después de ser él nombrado dictador, sin orden suya, por un magistrado de rango inferior, no tiene validez, y advierte a los galos que se apresten al combate. Ordena a los suyos que pongan en un montón los bagajes y preparen las armas, y reconquisten la patria con el hierro, no con el oro, teniendo a la vista los templos de los dioses, las esposas e hijos, y el suelo patrio destrozado por los males de la guerra, y todo aquello que es un deber sagrado defender, recuperar y vengar. Forma, luego, a las tropas en orden de batalla, en la medida en que lo permitían las condiciones del terreno en el suelo de una ciudad medio derruida y de conformación accidentada, y toma todas las medidas favorables a los suyos que sus conocimientos bélicos le permitían adoptar y disponer. Los galos, desconcertados por lo inesperado de la situación, toman las armas y se lanzan contra los romanos con más ira que reflexión. La fortuna había cambiado, ya la ayuda de los dioses y la prudencia de los hombres favorecía a Roma. Así, al primer choque fueron dispersados los galos en no más tiempo del que les había llevado vencer en el Alia. Después, en otra batalla más regular, en el miliario ocho de la vía Gabinia, donde se habían reagrupado después de la huida, son vencidos bajo el mando y los auspicios del mismo Camilo. Allí la carnicería fue total, el campamento fue tomado y no quedó ni siquiera quien pudiese llevar la noticia del desastre. El dictador, recuperada la patria de manos del enemigo, volvió en triunfo a Roma, y en los rudos cantos de burla que profieren los soldados le llamaban Rómulo, y padre de la patria, y segundo fundador de Roma, elogios que no carecían de fundamento.”

Tras la victoria, Camilo instituyó en el 387 a. C. los ludi Capitolini como agradecimiento a Júpiter por salvaguardar el Capitolio de los galos, sin olvidar la derrota de los invasores. Así lo explica Tito Livio: “[…] se celebrarían juegos Capitolinos, porque Júpiter Óptimo Máximo había protegido su morada y la ciudadela del pueblo romano en circunstancias críticas; a este fin, el dictador Marco Furio formaría un colegio integrado por habitantes del Capitolio y la ciudadela.”

Los primeros sacerdotes encargados de la organización de los juegos eran patricios residentes en el Capitolio, escogidos por el propio Camilo. Este colegio sacerdotal recibe el nombre de collegium Capitolinorum.
Estos juegos se inician en los idus de octubre, con una duración de dieciséis días.

Otro posible origen
Según algunos autores, como Calpurnio Pisón –citado por Suetonio y Tertuliano- el origen de los ludi Capitolini están en unos previos instaurados por Rómulo, llamados ludi Tarpeii, al realizarse en ese lugar –la tristemente famosa Roca Tarpeya, desde la que se arrojaban en algunas ocasiones a los condenados-. Estos primeros juegos consistían en sencillas competiciones atléticas y pugilísticas.
Realizados en honor a Júpiter Feretrio –“el que golpea, ante aquel quien se lleva, llevar, transportar”-, en relación a los spolia opima, los trofeos de guerra ganados en combate personal. Su pequeño templo –aedes Iuppiter Feretrius- está situado en la colina Capitolina, siendo el primero en ser construido en Roma. Ninguna estatua representa a este Júpiter, sino un arcaico cetro, símbolo de su poder, y una roca –posiblemente un meteorito-. En su interior, además, se custodian antiguos trofeos.
Por lo tanto, es muy posible que los ludi Capitolini sustituyan a los arcaicos ludi Tarpeii de Rómulo.

Los ludi durante el Imperio
Caídos en desuso, inexistentes y olvidados, durante el principado de Domiciano (en el 86 d. C., durante su consulado), son restablecidos con el nombre de agones Capitolini, aunque celebrados cada cinco años, siendo quinquenales. Con el tiempo, debido a su aceptación, se celebran cada cuatro años –lo que se denomina olimpiada-.
Domiciano torna estos ludi en agones al estilo griego, con competiciones atléticas y culturales. El propio emperador coloca coronas florales de laurel a los vencedores. Estos agones son tan populares que atraen a poetas, oradores, autores, comediantes, atletas,… de todos los lugares del Imperio. Aunque debido, precisamente, a su popularidad, atrae a su vez a charlatanes, adivinos, magos…

¡Sardianos en venta! (Sardi venales!)
 “¿Por qué al celebrar espectáculos en el Capitolio aún ahora gritan «sardianos en venta» y un anciano va delante para burla llevando colgado al cuello un amuleto infantil que llaman bulla?
¿Acaso porque los etruscos llamados veyos lucharon largo tiempo contra Rómulo, quien tomó esta ciudad la última y vendió en pública subasta a muchos cautivos junto con su rey, a la vez que se burlaba de su simpleza y de su necedad. Y puesto que los etruscos eran de origen lidio y Sardes era la capital de los lidios, anunciaban así a los de Veyes y hasta ahora conservan la costumbre como diversión?”
De ese modo se pregunta Plutarco, en sus Cuestiones romanas, sobre una particular costumbre durante los agones Capitolini. Al parecer, según algunos autores, la intención de esta venta ficticia es humillar a los etruscos de la ciudad de Veyes, derrotados por Roma tras una larga e incierta guerra. Muchos de ellos fueron esclavizados, incluyendo a su rey. Costumbre de los reyes etruscos era llevar una bulla de oro, un amuleto; en el mundo romano ésta recibe el nombre de bulla puerelis, siendo una protección mágica infantil contra el mal de ojo. Por ello, estos improperios son un recordatorio festivo y triunfal de una guerra compleja y difícil de Roma en tiempos arcaicos contra los etruscos de Veyes, originarios de Sardes –sardi-.
Lidera una procesión, al comienzo del festival, un anciano ataviado con una toga praetexta –símbolo de su poder regio-, y una bulla colgando de su cuello, representando al rey etrusco.
Sin embargo, algunos autores romanos, consideran que el epíteto deriva en realidad de los habitantes de Sardinia –la actual Cerdeña-, tomada en el 238 a. C., realizándose una numerosa venta de esclavos de guerra, al no encontrarse nada más de valor en la isla. Según la tradición, estos esclavos fueron de la peor calidad, por lo que se perpetuó la frase de «sardianos en venta» como un proverbio burlesco y jocoso.
Templo de Júpiter Feretrio

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