jueves, 24 de enero de 2013

Calendario religioso romano: Feriae Sementivae y Paganalia –finales de enero-


Ambas festividades son hermanas en su concepción, naturaleza y propósito, al rogar por el beneplácito de dos divinidades asociadas: Ceres, diosa del cereal, y Tellus, personificación de la Tierra.
En el caso de Ceres, se ruega por que insufla vitalidad en las semillas recién sembradas y las protega de cualquier mal –que en el mundo agrario son muchos-, y Tellus el lugar o solaz donde las semillas germinarán.
Cabe comprender que la Feriae Sementivae se realiza en los campos sembrados –sementis en latín procede precisamente de sembrado-, y la Paganalia, en las aldeas de los campesinos –un pago es una pequeña aldea-.

¿Cuándo se realizan los festivales?
Son feriae conceptivae, esto significa que la fecha es móvil, siendo designada por los flamines, sacerdotes o magistrados adecuados. La fecha es un tanto imprecisa pues se determina en relación a la finalización de la siembra en diciembre. El clima en este caso es el que influye en la fecha. El año agrario se ve modificado según las inclemencias climáticas.
En el caso de la Paganalia la fecha “ideal” es el 24 de enero, y de la Feriae Sementivae un día después, el 25 de enero, aunque cabe entender que puede variar en muy pocos días, e incluso ambas coincidir en la fecha.

Días de festival
Fiesta agraria, los labradores y los animales de labor descansan ese día, tras la dura labor de la siembra. Incluso los animales disfrutan de ciertos honores al ser coronados con guirnaldas de flores, hasta algunos arados son engalanados de esa forma. Los animales además pueden pastar tranquilos por los campos.
Los campesinos elaboran pequeñas efigies de Baco llamadas oscilla, que cuelgan de los árboles. Estas efigies se elaboran con materiales muy perecederos, aunque algunos más pudientes las realizan en mármol, bronce o terracota. Algunas son un tanto toscas, otras, verdaderas obras de arte, todo según la capacidad de cada hogar. Estas oscillae, mecidas por el viento, dirigen sus dotes purificadoras y benéficas hacia los viñedos, al estar asociadas al gran Pater Liber, Baco, o Dionisios.
En honor a las dos diosas se realizan ofrendas de tortas de escanda –un tipo de trigo que fue básico en la alimentación del mundo antiguo-, y el sacrificio de una cerda preñada (porca praecidanea), la cual personifica los campos sembrados y fértiles. En latín el surco arado se denominaba porca. Lo habitual es que la mayoría de los habitantes de la localidad acudan al festival.
Cuando se sacrifica a la cerda se invocan a doce divinidades, que en realidad son diversos aspectos de Ceres y Tellus. Es importante recitar correctamente y por orden esta lista. Los romanos observan sus rituales meticulosamente. Son los siguientes:

  • Vervactor, que preside las labores del barbecho
  • Reparator, que prepara los campos
  • Imporcitor, que hace los surcos con el arado
  • Insitor, que siembra los campos
  • Obarator, que labra
  • Occator, que allana la tierra
  • Sarritor, que rastrilla
  • Subruncinator, que escarda
  • Messor, que siega
  • Convector, que ayuda a la recolección
  • Conditor, que ayuda a almacenar las cosechas
  • Promitor, que hace crecer los campos

Tras el sacrificio los aldeanos y campesinos celebran un banquete rústico.

Ovidio en los Fasti
Este gran poeta latino nos describe los ruegos asociados a estas festividades, tal y como podemos encontrar en los Fasti (675-684):

“Compañeras en el trabajo por quienes los antiguos tiempos se transformaron y la bellota de la encina fue reemplazada por un alimento más nutritivo, colmad de inconmensurables cosechas a los campesinos siempre insatisfechos, para que reciban la recompensa que merecen sus cultivos. Proporcionad a los brotes tiernos un desarrollo ininterrumpido, para que los nuevos retoños no se pasmen por las gélidas nieves. Cuando sembramos, despejad el cielo con vientos apacibles; cuando la semilla está enterrada, regadla con la lluvia de los cielos. Impedid que los pájaros, ruina de los cultivos, devasten los campos de trigo en destructoras bandadas. También vosotras, hormigas, dejad en paz los granos enterrados: después de la cosecha la abundancia de vuestro botín será mayor. Que mientras los sembrados crezcan libres del áspero tizón y no adquieran un color pálido al enfermar por algún influjo nefasto de la atmósfera; que no se desarrollen débiles por la sequía, ni tampoco, engordando más de lo normal, lozanas perezcan por su propia abundancia; que los campos estén al abrigo de la cizaña que daña a los ojos, y que la avena loca no aparezca en la tierra cultivada; que el campo devuelva, con un interés centuplicado, los granos de trigo, la cebada y la escanda que por dos veces sufrirá el fuego”


3 comentarios:

Paco dijo...

Enhorabuena, me encanta esta sección del calendario religioso. Por favor, no la pares.

Adrián T. Rodríguez dijo...

Ave Paco
Día a día espero ir completándolo, aunque sí debo decir que... ¿estos romanos no trabajaban nunca o qué? ;) Menuda cantidad de festivales, coñe. Bueno, poco a poco. Espero perseverar y culminar todo el año festivo romano. Que Fortuna me ayude :)

Paco dijo...

Ave Adrianvs, realmente sí que parece que los romanos vivían de celebración en celebración,te espera un largo trabajo... pero la calidad de lo que escribes es bastante buena. Como arqueólogo de ibérico a mi al menos me lo parece. El tema de las cerdas preñadas es algo que se repite constantemente en el mediterráneo, hace poco encontraron una cerda preñada enterrada en la puerta del oppidum de Puente Tablas... o mandíbulas de cerdo como ofrenda en el santuario del siglo I a.C de Atalayuelas... Ya paro que si no no acabo :) Felicidades de nuevo y que Fortuna te ayude