domingo, 17 de octubre de 2010

Entresijos del Pacto Secreto: ¿Quién controla los templos de Imperio?

Esta entrada responde a una interesante pregunta realizada en el foro de Nosolorol formulada por Lindelion: si un teúrgo quiere realizar un don o una lustración en un templo del Pacto, ¿a quién debe pedirle permiso? ¿Quién controla la utilización de los templos para realizar dones y lustraciones?

Las ciudades del imperio dedican numerosos templos a una pléyade de divinidades de muy diferente origen y naturaleza: grecorromanos, celtas, sirios, egipcios… Roma es tolerante con las diversas religiones del imperio (siempre y cuando no afecten al orden público). Debido a ello, el Pacto secreto ha tenido que organizar el control, protección, buen uso y utilización de todos los templos. La práctica es muy diferente, ya que el Pacto obviamente no controla todos los lugares de poder. Cada templo, ciudad, región y término posee sus peculiaridades. Entresijos de poder e influencia.

Un poco de historia arcana: la Ley del templo y la congregación
El Pacto Secreto, tras la guerra civil que culminó con la entronización de Augusto como primer emperador, se reunió en su sede de Praeneste para dirimir el modo de administrar los templos (entre otros temas). Tras agrias discusiones, secretas negociaciones y larguísimos discursos, los cultos del Pacto idearon redactar la que sería conocida como Ley del templo y la congregación.

En ella se determinó que los templos consagrados a los dioses capitalinos serían regidos por los cultos vinculados a sus respectivas divinidades. De esta forma, los templos dedicados a Júpiter serían controlados por el culto a Júpiter, siguiendo sus reglas internas; los templos de Minerva, al culto a Minerva, etc. Sin embargo, la Ley del templo incluye lo siguiente, y es que “cualquier teúrgo perteneciente al Pacto tiene derecho a realizar sus ritos en los templos capitolinos y recibir la ayuda del encargado de dicho templo, sin importar a que culto pertenezca.” Los templos capitolinos son los administrados por los cultos del Pacto.

Por ello, un teúrgo que no pertenezca al culto controlado por el templo tiene derecho a realizar sacrificios, ritos y acogerse a asilo en su interior. Además, se le tiene que permitir preparar el lugar para realizar dones y lustraciones sin problemas ni interferencias… al menos en teoría.

Los aetate provectus: líderes de congregación. Un ejemplo.
Pese a la ley, quienes controlan de facto los templos no son los cultos, sino los líderes de las congregaciones: los aetate provectus (y en algunos casos sus delegados, los atriensis; más información en el Libro de la Penumbra, páginas 18-19).

Los aetate de primera mano saben que se cuece en los templos, sus respectivas congregaciones y por extensión en sus términos. Por ejemplo, el dialis Marco Valerio Ortigio es líder de la Congregación de Aretusa, en Siracusa (Sicilia, término de Italia). La ciudad posee un magnífico y solicitado templo dedicado a Júpiter Óptimo Máximo. Aunque para los ciudadanos siracusanos el templo lo administra un senador de la propia Siracusa, realmente el poder y el control lo tiene M. Valerio Ortigio: los que administran cada día el templo son todos fieles asociados a la Congregación de Aretusa.

Cualquier teúrgo del Pacto que desee utilizar el templo para fines teúrgicos o sobrenaturales deberá solicitar audiencia con Ortigio y pedirle permiso para utilizar el templo, explicando el uso que le dará.
Si el teúrgo tiene buenas referencias, es otro dialis o simplemente es amigo de Ortigio o de otro miembro de Aretusa, es difícil que tenga problemas, incluso es posible que Ortigio le asista como teúrgo y le ofrezca ciertas ventajas materiales, como fieles u objetos de poder.
Si de lo contrario, el teúrgo no mantiene buenas relaciones con Ortigio o los teúrgos de Aretusa, o es un desconocido sin referencias, o es teúrgo de un culto poco “amistoso” con el de Júpiter, como podría ser el de Ceres, posiblemente Ortigio le niegue entrar en el templo y le mantenga vigilado para impedir que entre a escondidas. Incluso, si el teúrgo no despierta mucha confianza, Ortigio y sus hombres podrían “invitarle” a abandonar la ciudad. En realidad no se trata de mala fe, sino de proteger la integridad de los templos y la tranquilidad en el lugar.

Esta es la realidad de la Ley del templo y la congregación. Los aetate provectus deciden sobre la utilización de los templos, especialmente para aquellos teúrgos que no pertenezcan a su congregación o culto. Como siempre, se trata de un pulso de poder e influencia, así como de prudencia y desconfianza. Las relaciones personales entre teúrgos es determinante a la hora de utilizar los recursos en los templos y las congregaciones.

¿Qué se puede hacer si impiden la utilización del templo?
Si un teúrgo es rechazado por el aetate provectus, impidiendo la utilización del templo para fines lícitos y legales, puede intentar por otros medios que finalmente le dejen entrar e incluso que le ayuden. Para ello puede dirigirse a uno de los dos teúrgos con cargo de pretor que cada año nombra el Pacto. Los pretores dirimen cuestiones legales. Habitualmente estos asignarán al caso un prudente, un experto legal que hace las veces (muy entre comillas) de abogado defensor y fiscal. La asignación del prudente puede tardar meses…, aunque un buen regalo al pretor puede acortar el tiempo de espera.

El prudente irá al lugar en litigio, se entrevistará con el aetate provectus para averiguar si se quebranta la ley. Si considera que el aetate tiene la razón, asunto zanjado y multa para el teúrgo por “acusación indebida”, debiendo además pagar las costas del viaje y manutención del prudente y su séquito. Si considera que el aetate no tiene razón, este deberá permitir al teúrgo utilizar el templo… aunque no puede obligarle.

Como siempre, si el prudente goza de influencia y poder, es posible que el aetate ceda sin problemas. De lo contrario, nunca se sabe. El aetate puede asegurar que acepta la decisión del prudente y darle largas indefinidas al teúrgo solicitante alegando problemas sobre fechas. Los únicos que tienen poder real para obligar al aetate son el líder de su culto, un cónsul o el propio pretor, aunque estos rara vez intervendrán en lo que se considera asunto menor.

Conclusión
Los templos están controlados en teoría por los cultos, pero en la práctica del día a día, son los líderes de las congregaciones, los aetate provectus, los que controlan en casi todos los aspectos lo relacionado con los templos y lugares de poder asociados. Por ello, mantener buenas relaciones con estos influyentes teúrgos es esencial, especialmente con los de otros cultos y congregaciones. La mejor manera es intentar ponerse en la piel del aetate y comprender sus intenciones. Este debe proteger el templo de intrusos con malas intenciones, espías de otros cultos y congregaciones, de enemigos del Pacto e incluso de la ineptitud de otros teúrgos.

Espero que esta entrada sea de ayuda, Iniciadores. ¡Que Júpiter os sea propicio!

4 comentarios:

dormin dijo...

Resumiendo, que en la práctica toda la administración y política romana, incluso en relación a
los cultos místicos, se resume en "Dime a quién conoces y te diré quién eres....".

Archimago dijo...

Muy interesante todo lo expuesto, como siempre. Este juego es una verdadera delicia para los amantes de la historia como yo, es una verdadera suerte que exista y esperemos que siga creciendo.

Aquilifer dijo...

Molan estos artículos en los que detallas tan minuciosamente cosas que no pueden desarrollarse en el libro por cuestión de espacio.

Me ha parecido muy interesante XD

Adrián T. Rodríguez dijo...

Ave
Todas las civilizaciones mediterráneas dan gran importancia a los sistemas sociales de clientela, patronazgo y honor social. Cuando estudias Roma o Grecia te percatas de algo realmente importante: si un individuo no está bien relacionado, no es nadie en toda la amplitud de la palabra.

A fin de cuentas el Pacto está formado por teúrgos de cultura grecorromana y estos cometen sus “pecados” sociales, como el tráfico de influencias, el nepotismo, la prevaricación en sus cargos, muchos aceptan sobornos en forma de regalos… ¿Nos recuerda algo?:(.

Socializar es clave, ya sea asistiendo a comitia (reuniones de teúrgos), viajando por los diferentes términos, carteando a conocidos para que estos nos pongan en contactos con otros teúrgos (un primitivo Facebook ), etc. Si a tu teúrgo se le ve con otros teúrgos de prestigio, el resto le verá y pensará que también goza de ese prestigio, con todo lo que conlleva eso: influencia, poder, riquezas, sabiduría, contactos, cargos, etc.

Dormin, no debes pensar únicamente que en la práctica romana eres con quien te relacionas, pero es uno de los parámetros de poder de un teúrgo: ningún hombre es una isla en si mismo.

Lindelion, Aquilifer, a vosotros dos no os puedo negar nada. :) Vosotros sois mi Pedro y mi Pablo (ñe, ñe, ñe). Tengo escritas unas cuantas páginas sobre la política del Pacto y Praeneste (aproximadamente 80). Tras escribir me he dado cuenta de multitud de detalles que no pude explicar en los manuales básicos. Quizás algún día salgan a la luz…