jueves, 3 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Bellona -3 de junio-

Ubicación del templo a Bellona
Aniversario del templo a la guerrera diosa Bellona en el Campo de Marte.

La diosa Bellona
Diosa de la guerra de origen sabino. Según Varrón, en su Lengua Latina VIII, la divinidad recibía antaño el nombre de Duellona. Se la representa ataviada como una guerrera con casco, portando un escudo, una lanza o una espada, o bien una antorcha o, como describe Virgilio en la Eneida VIII, “un látigo sanguinolento”. Se dirige a la batalla conduciendo una cuadriga.
Debido a su naturaleza, se la identifica con Nerio, antigua divinidad bélica compañera de Marte; a Nerio a menudo se le ofrecen los botines de guerra, aunque con el tiempo pierde preeminencia. A Nerio también se la confunde con Minerva. Un asunto complejo.
Para los griegos, sin embargo, Bellona es la diosa de la guerra Enyo, compañera de Ares –a veces madre, hermana o esposa-.
En la lejana Capadocia, se identifica con Ma, una antiquísima deidad bélica. Tanto es así que a menudo se la denomina Ma-Bellona. En tiempos imperiales puede decirse que es una sola divinidad. Es interesante decir que las legiones de Sila fueron las que realmente trajeron a la diosa Ma a Roma: los milites son perfectos vehículos para traer nuevos cultos a la ciudad.
Se le rinde culto, muy a menudo, conjuntamente con Marte y con Virtus, símbolo de varonil actitud, incluyendo el valor militar. Tiene devotos y santuarios en todo el Occidente romano, destacando, además de la propia Italia, Numidia y Germania Superior; aunque debe aclararse que se trata de un culto minoritario.
Además de su carácter bélico, su naturaleza, a menudo, es brutal, incluso sanguinaria. En el imaginario disfruta de la violencia y la carnicería. En la poesía se la describe disfrutando al decapitar la cabeza de sus enemigos, observando hasta el paroxismo escenas truculentas. La compañera ideal para la guerra.

Aedes Bellonae
Acontecía la tercera guerra contra los samnitas –apoyados además por los etruscos-, liderado el ejército romano por Apio Claudio, el Ciego. Se presentó batalla contra estos, y temiendo Claudio la derrota, rogó a Bellona por una cruenta victoria, prometiendo un templo en su honor si Roma vencía. Era el año 296 a. C., y la diosa cumplió: derrotado quedó el enemigo samnita. Años después el templo fue inaugurado un 3 de junio, siendo su dies natalis.
El aedes está situado en el extremo meridional del Campo de Marte, al este de la Via Trimphalis, a la vista del Circo Flaminio. Erigido fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad, es adecuado para recibir a los generales victoriosos que reclaman el triunfo. Los senadores deben deliberar y decidir si aceptan esta reclamación. De igual modo, se suelen recibir a los embajadores de las naciones extranjeras en este lugar. Cerca del templo se encuentra un senaculum, un recito apropiado tanto para las reuniones del senado como para la recepción de embajadores u otros personas a las que no se les permita atravesar el pomoerium.
Plinio el Viejo en su Historia Natural XXXV (12) nos detalla una curiosa decoración del templo, entre lo bélico, pues se trata de escudos, y lo privado, pues en ellos están pintados efigies de antepasados del promotor del templo: “Por lo que sé, Apio Claudio, que era cónsul con P. Servilio, fue el primero en dedicar escudos en honor a su propia familia en un lugar público o privado. Puso las representaciones de sus antepasados en el templo de Bellona, erigidas por mandato suyo en un lugar elevado, para ser admiradas, y en ellas inscritas sus honores y hazañas para ser leídas. Una disposición sumamente elegante; más singularmente cuando una multitud de niños aparecen representados por tantas figuras minúsculas, mostrando la continuación de la saga familiar; escudos como éstos nadie puede mirar sin sensación de placer y de vivo interés.”

Estos escudos, denominados clypei en plural, son de antigua manufactura, circulares y elaborados en metal bruñido, aunque muy delgados para llevar en batalla; en este caso son decorativos. Pintados sobre ellos las efigies de los familiares fallecidos. Como puede leerse en el texto, Apio Claudio fue el que inició esta costumbre ya común en tiempos imperiales.

La Columna Bellica y los fetiales
Cerca del templo se halla una pequeña columna truncada –columella-, que recibe la curiosa denominación de Columna Bellica.
También se asocia a Apio Claudio, el Ciego. Era el año 280 a. C., y Pirro, rey del Epiro, guerreaba al sur de Italia. El senado, agotado en la contienda estaba dispuesto a firmar la paz con el rey, pero Apio lo impidió tras dar un emotivo discurso patriótico, y aquí es donde entra en la historia la columna de la guerra.
Costumbre era desde antaño declarar la guerra al enemigo en una ceremonia en la que se arroja una lanza en suelo adversario. Los encargados de este arcaico y simbólico rito bélico son los fetiales, colegio sacerdotal instituido por Numa Pompilio. Son los que declaran formalmente la guerra o la paz. Sin ellos no se puede firmar un tratado con pueblos extranjeros.
Apio, tras su discurso, ya con el senado enardecido, se dirigió a la columella. Una vez allí, sabiendo los pormenores necesarios para realizar el rito, obligó a uno de los soldados de Pirro allí presentes en la comitiva a que “comprase” un pequeño terruño ante la estatua. Y así hizo. Ya tenía ante sí Apio, el Senado y Roma un pedazo de territorio enemigo al que hincar la lanza. Había nacido la Columna Bellica.
Ovidio en sus Fasti VI (200-205) hace mención del curioso y aguerrido episodio: “Cuando hayan pasado dos mañanas y Febo haya repetido su salida y las mieses se hayan humedecido dos veces con al escarcha caída, un día como ese dicen que fue consagrada Belona durante la guerra etrusca, y siempre asiste favorablemente al Lacio. Su promotor fue Apio, quien, al negar la paz a Pirro, vio bien con el entendimiento, pero estaba privado de la luz del día. Un breve llano ofrece desde el templo la vista de la parte alta del Circo Flaminio. Allí una pequeña columna de no pequeño significado: desde ella es costumbre arrojar con la mano una lanza, que anuncia la guerra, cuando deciden empuñar las armas contra un rey y pueblos.”

Este singular rito aún perdura en tiempos de Marco Aurelio. Dion Casio comenta en su Historia romana que la lanza se encuentra en el templo a Bellona. En su dies natalis se recrea la acción de Apio y su declaración de guerra contra Pirro.

Las Hilarias de Ma-Bellona
En marzo acontecen las Hilarias a Cibeles, deidad procedente de Asia Menor. Esta gran diosa está vinculada a Ma-Bellona. Ambos son cultos extremos, mistéricos, en esencia orientales. Las Hilarias duran varios días, siendo denominado el día 27 dies sanguinis, el día de la sangre. Los sacerdotes de Cibeles, los galli, se flagelan violentamente en honor a Atis. La sangre brota en abundancia este día, y los propios sacerdotes de Ma-Bellona les van a la zaga. Reciben el nombre popular, plebeyo, de bellonarii –su nombre oficial es hastiferi, portadores de lanzas, organizados como una milicia-. Se flagelan y mutilan con cuchillos de doble hoja, arrancando parte de su carne, para apaciguar la ira, la violencia de su cruel y bélica deidad. La sangre que produce sus tremendas heridas es el sacrificio. Incluso llegan a consumirla. Corren poseídos por la deidad, gritando grotescamente, profiriendo profecías. Para muchos son una plaga, ocasionando destrozos allí donde se encuentren. El poeta Marcial los llama turba entbeata Bellonae –la turba posesa de Bellona-. También se dice que emplean estramonio, planta de naturaleza alucinógena –nuestra atropa belladonna-, para llegar al éxtasis con su divinidad. Para ello se bebe con vino.
La cuestión es que en tiempos de Cómodo, la mayoría de estos bellonarii simulan las heridas, produciéndose pequeños cortes. Todo un espectáculo pero sin cortes reales. El emperador, al ser informado del engaño, puso especial énfasis en remediar esta cuestión: nada de cortes simulados con sus cuchillos de doble hoja. Una muestra más de la crueldad de Cómodo, muy acorde, además, con la brutalidad de Bellona.

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