miércoles, 28 de diciembre de 2016

Calendario religioso romano: Carnaria -1 de junio-


Preparando el tocino y las habas

Festival en honor a Carna, divinidad protectora de los órganos vitales. Este día también recibe el nombre de fabrariue calendae o Kalendae fabariae, pues es costumbre realizar un banquete donde el tocino y las habas –fabae- son los alimentos principales.

Tocino y habas
Ovidio explica con detalle la importancia de estos alimentos en sus Fasti, libro VI, 170-180, aunque idealizando los tiempos primitivos:
“¿Me preguntas por qué se come tocino grasiento aquellas calendas, y por qué mezclan habas con espelta caliente? Ella es una diosa antigua y se alimenta con la comida que se acostumbraba antes, y no es golosa como para desear manjares de importación. El pez nadaba con aquellas gentes sin temor al anzuelo y las ostras estaban seguras dentro de sus conchas. El Lacio no conocía las aves que suministra la rica Jonia –se refiere al francolín, ave parecida a la perdiz- ni el pájaro que se deleita con la sangre pigmea –se refiere a la grulla-. Y del pavo real no agradaban más que las plumas, y la tierra no había enviado antes los animales capturados. El cerdo estaba en estima: las fiestas celebraban con matanza de cerdos; la tierra sólo daba habas y espelta dura. Quienquiera que come en las calendas del sexto mes estos dos productos al mismo tiempo, dicen que a éste no le puede doler las tripas.”
Ambos alimentos son muy nutritivos, importantes en la dieta de los antiguos romanos, tal y como asegura Macrobio: “robustecen las fuerzas corporales.”

La diosa Carna
De gran antigüedad, se la confunde a menudo con Cardea, diosa de los goznes y con la ninfa Crane –Ovidio en sus Fasti las confunde y mezcla-. Carna es protectora y garante de los órganos vitales, especialmente del corazón, los pulmones y el hígado. Su nombre, según etimología popular, deriva de caro carnis “carne”. En origen era una diosa del Inframundo, aunque con el tiempo ha ganado en carácter benéfico.
En Roma posee un santuario dedicado por Junio Bruto en el monte Celio, y al suroeste de la ciudad, se le honra en el bosquecillo sagrado llamado Helerno; este bosquecillo, alimentado por el Tíber, es la sede del dios Helerno, oscura y desconocida deidad, al parecer patrón de las habas –estas relacionadas con las almas de los muertos-.

Carna y las striges
Como protectora de los órganos vitales, y por asociación, de la sangre y la vida, Carna es propicia para proteger a los infantes de unos seres llamados striges –vampiros con forma de aves similares a los buhos-. Ovidio los describe de la siguiente forma: “Hay unos aves voraces, no los que engañaban las fauces de Fineo con los manjares –refiriéndose a las Harpías-, pero tienen la descendencia de ellos. Tienen una cabeza grande, ojos fijos, picos aptos para la rapiña, las plumas blancas y anzuelos por uñas. Vuelan de noche y atacan a los niños, desamparados de nodriza, y maltratan sus cuerpos, que desgarran en la cuna. Dicen que desgarran con su pico las vísceras de quien todavía es lactante y tienen las fauces llenas de la sangre que beben. Su nombre es «vampiro» (striges); pero la razón de este nombre es que acostumbra a graznar (stridere) de noche de forma escalofriante.” Añade, posteriormente, posibles orígenes de estos seres, ya sean aves voraces, engendrados por encantamientos de los marsos –pueblo del sur de Italia- o viejas brujas transformadas en aves por encantamientos.

Ovidio describe, a continuación, el modo de protegerse de estos seres, en boca de Crane, una nodriza conocedora de los secretos de Carna: “[…] tocó tres veces las jambas de la puerta con hojas de madroño; tres veces con hojas de madroño señaló el umbral. Salpicó con agua la entrada (el agua también era medicinal) y sostenía las entrañas crudas de una marrana de dos meses. Y dijo del siguiente modo: «Pájaros nocturnos, respetad el cuerpo del niño; por un pequeño es sacrificada una víctima pequeña. Tomad, os lo ruego, corazón por corazón y entrañas por entrañas. Esta vida os entregamos por otra mejor». Cuando huno sacrificado de esta manera, colocó al aire libre las entrañas partidas y prohibió a los que estaban presentes en la ceremonia volver la vista atrás. Colocó una vara de Jano, tomada de la espina blanca –espino albar-, donde una pequeña ventana daba luz a la habitación. Cuentan que, con posterioridad a aquel rito, los pájaros no ultrajaron la cuna, y el niño recobró el color que antes tenía”.

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