
Tan antiguos como el hombre, el humor y la risa, compañeros inseparables, son alimento indispensable para la mente. Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha buscado la forma de burlarse de todo, incluido de si mismo y de todo lo establecido: rebeldía y un poco de locura, chanza y contagiosa risa. Los griegos y los romanos no iban a ser menos, conocidos por su elocuencia, pero también por su locuacidad. Pero entre todos ellos algunos pueblos destacaban por su socarronería y jocosidad, como los sicilianos, rodios y atenienses.
Desde tiempos de la Grecia de Perícles y hasta época bizantina circulaban por el Mediterráneo multitud de libros que recogían chistes, chanzas y dichos populares. Los romanos los llamaban De ridiculis. Al alcance de casi todo el mundo, incluso los eruditos los leían y encargaban. No era raro que se enviasen entre amigos de lejanas ciudades. Puede decirse que circulaban por el Imperio más de lo que uno puede esperar. Por ejemplo, hacía furor entre las doncellas y jóvenes casaderas, las cuales charlaban entre ellas sobre estos chistes, muchos de ellos picantes.
Uno de los libros de chistes más famosos que han llegado hasta nuestros días es el Philogelos, el amante de la risa, elaborado por Hierocles y Philagrios. De época bizantina, pero sus chistes se datan de muy antiguo. Posee un total de 265. El humor que destila es muy diferente del actual. Alguno de sus chistes son ciertamente incomprensibles, pero otros pueden arrancarnos una sonrisa. Otros no son propiamente chistes, sino bromas y dichos.
Aquí pongo algunos ejemplos, por si alguno se hace un “cómico” de la época para el Arcana Mvndi y necesita algún repertorio. O simplemente gusta de interpretar con frases típicas de la época. Intento explicar algunos de los ejemplos, ya que muchos son un poco difíciles de entender por una mente moderna:
“Todo pertenece a los dioses. Los filósofos son amigos de los dioses. Las cosas de los amigos son comunes. Por lo tanto todas las cosas pertenecen a los filósofos.”
Este dicho se atribuye a Diógenes el Cínico, el cual se burlaba de la propiedad ajena.
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“Cuando Cicerón fue a casa de Damasipo a cenar, el anfitrión sirvió un vino corriente y barato, tras lo que dijo: Bebe este falerno, tiene cuarenta años. A lo cual dijo Cicerón: se conserva muy bien para su edad.”
El vino de Falerno y más si es un reserva es uno de los vinos más caros y exclusivos del imperio. Cicerón al catarlo se percata perfectamente de que se trata de “garrafón” y se burla de su anfitrión.
“¿Por qué, Póntico, cortas la lengua a tu esclavo? ¿No oyes a la gente decir que con eso no podría?”
En este caso Póntico sorprendió a su mujer con un esclavo en el lecho, con lo que tiene derecho a matarlo o mutilarlo sin represalia alguna. La chanza final se refiere a que quizás no es la lengua lo que tiene que cortar.
“Un médico de Cime al ver que al operar a un enfermo con un bisturí este gritaba y sufría un terrible dolor, cambió el bisturí por uno sin punta.”
La ciudad de Cime, en Asia menor, es junto a Abdera, dos lugares conocidos en la antigüedad como nuestro Lepe –sin ánimo de ofender-.
“Compras trenzas de pelo, colorete, miel, cera, dientes: por el mismo precio podrías comprarte una cara”.
Burla de Lucilio a una mujer. Todos los objetos que menciona se utilizaban como parte del maquillaje.
“Ni siquiera un hombre realmente enfermo, hablando en sueños, podría llegar a decir algo tan incomprensible que no pudiese decir un filósofo en su sano juicio.”
El literato Varrón burlándose de los filósofos y sus interminables doctrinas.
“Un erudito en un largo viaje por mar, sufre una terrible tormenta, sus esclavos comienzan a sollozar sabiéndose muertos. El erudito les dice; no os preocupéis. Ahora sois libres.”
El erudito libera a sus esclavos dándoles la libertad… poco antes de morir. Menudo favor y consuelo.
“Un hombre durante un largo viaje visita a un adivino para preguntar sobre su hogar y su familia. El adivino le dice: todos gozan de una gran salud, incluido tu padre. El hombre le contesta: ¡Pero si mi padre lleva diez años muerto! El adivino le contesta: no conociste a tu verdadero padre.”
Que decir sobre esto. Como los charlatanes de hoy en día. En este caso el adivino sale del paso como puede de su garrafal error.
“Un hombre con muy mal aliento pregunta a su esposa: ¿Cariño, por qué me odias? A lo que contesta la esposa: Porque tú me amas.”
“Deseando enseñar a su asno a no comer, un sabio no le daba nada de alimento. Cuando el asno muere de hambre, el sabio se lamenta: Que gran pérdida. Tenía que morirse justo ahora que había aprendido a no comer.”
“Un idiota envuelto en un pleito legal había escuchado que los juicios más justos se realizaban en el Hades. El mismo se colgó.”
“Un tonto mordido por numerosas pulgas apaga la lámpara diciendo: ¡Ahora no podéis verme!
“Un tacaño antes de morir escribió su testamento, poniéndose él mismo como heredero.”
“Un astuto estudiante al no poder pagar sus deudas vende sus libros. Escribe a su padre: Felicítame, padre. Estoy viviendo de mis libros.”
O como diríamos hoy en día, que vive de sus estudios.
“Con tu gran nariz encarada al sol y la boca abierta, bien puedes decir la hora a todo el mundo”
En el mundo antiguo se utilizaban relojes de sol, los cuales marcan la hora por la sombra de una aguja que da en una superficie marcada con las horas. Obviamente, la aguja en este caso es la gran nariz. Son numerosos los chistes de narizotas y tuertos.
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