lunes, 18 de septiembre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Marte Vengador -12 de mayo-

Templo de Mars Ultor

Aniversario conmemorativo del templo a Mars Ultor, situado en el monumental Foro de Augusto.

Dos eventos bélicos para un templo
El emperador Augusto fue el instaurador del culto a este Marte vengador de perfidias relacionadas con el mundo bélico, aunque de un modo un tanto singular. Nada de victorias en batalla contra enemigos extranjeros o gestas heroicas comunes al imaginario romano. Dos hechos diferentes fomentaron el culto y la promesa de este templo. El primero, vengar el asesinato de Julio César, padre adoptivo de Octavio, triunfo conseguido en la batalla de Filipos; el segundo, recuperar las enseñas militares perdidas por Craso ante los partos en Carrhae, un triunfo diplomático y propagandístico. Dos hechos en relación con el mundo guerrero.

  • Filipos (42 a. C.), el final de la causa republicana
Octaviano y Marco Antonio, tras el asesinato del celebérrimo Julio César, juraron venganza por el execrable y cobarde magnicidio. La ocasión se presentó en Filipos, población de Macedonia. Se entabló una durísima batalla que bien puede llamarse doble: dos fueron los enfrentamientos entre los ejércitos comandados por los vengadores de César y sus asesinos, los llamados libertadores. Entre ellos Bruto.
Durante dicha batalla Octaviano –aún no era Augusto- prometió un templo a Mars Ultor, dios guerrero y ahora vengador. Y cumplió su merecida venganza, derrotando al enemigo. Murió por su propia mano Bruto en la contienda al verse rodeado de enemigos y su causa derrotada. Tras Filipo se consideró vengado al gran César.

  • Regresan los estandartes capturados a Craso
Craso, uno de los hombres más ricos de su tiempo –si no el más rico-, vencedor contra Espartaco, dirigió su desmedida ambición contra el reino de los partos. Su campaña, aunque bien ideada, terminó abruptamente en la batalla de Carrhae (53 a. C.), una de las peores derrotadas sufridas por Roma. Quizás perdió a Craso su carácter soberbio, quizás menospreció al adversario. Como anécdota se puede nombrar la llamada Legión Perdida, legionarios que tras cierto tiempo de cautiverio, terminaron como soldados fronterizos en el extremo oriental del reino parto, finalizando, posiblemente, sus días en tierras de Sedere –la actual China-.
Ignominiosa derrota, mayor ignominia los estandartes romanos capturados. Para el soldado romano el águila es sagrada, y verla en manos del enemigo es la mayor afrenta y vergüenza que puede sufrir. Curioso resulta, que Julio César, poco antes de su asesinato, planeaba una campaña contra los partos teniendo en mente la derrota de Carrhae y la pérdida de los estandartes.
Pero fue Augusto el que los recuperó, empleando la diplomacia y la fuerza. Tiberio fue el encargado de derrocar al rey de Armenia e instalar a uno a favor de la causa romana. Y en un acto de buena voluntad, entregó a Fraates, el rey parto, al hijo que retenía Augusto como “huésped”. Ambas acciones fueron suficientes para la devolución de los estandartes, todo un triunfo para el orgullo romano. ¡Craso estaba vengado!

Augusto y Marte Vengador en los Fasti
El gran Ovidio, en sus Fasti V (550-595), nos describe los motivos de Augusto para prometer el templo a Marte Vengador. Una forma honrosa de entender el poder del bélico dios como garante del honor y la justa venganza en los conflictos guerreros:
“[…] Había llegado Marte y al llegar había dado señales de guerra. El propio Vengador había descendido del cielo a recibir sus honores y el templo que se divisa en el foro de Augusto. El es dios grande y su monumento también: no de otro modo debía habitar Marte en la ciudad de su hijo. […] Ve en las jambas armas de distinta hechura y armas de tierras conquistadas por sus soldados. En una parte ve a Eneas cargado del querido peso –su padre a hombros- y a tantos antepasados de la nobleza julia […]. Contempla también el templo con el nombre de Augusto en su fachada, y el edificio le parece más grande al leer el nombre de César. Augusto había prometido este templo de joven, cuando empuñó las armas que su amor le exigía; con hechos tan grandes tenía que inaugurarse el principado. Extendiendo las manos, mientras a un lado se alineaban las tropas leales y al otro, los conjurados, dijo las siguientes palabras: «Si mi padre, sacerdote de Vesta –Julio César era Pontífice Máximo-, es quien patrocina mi guerra, y estoy decidido a vengar a ambas divinidades, ve, Marte, y sacia de sangre criminal la espada, y que tu favor se incline por la causa mejor. Tendrás un templo, y si venzo yo, serás llamado el Vengador». Lo había prometido y regresó contento al derrotar al enemigo. No tuvo bastante con haber ganado una sola vez el calificativo de Vengador para Marte: fue en busca de las enseñas que habían quedado en poder de los partos. Eran una nación protegida por las llanuras, los caballos y las flechas, e inaccesible por los ríos que la circundan. La muerte de los Crasos había dado ánimos a esta nación, cuando perecieron a un tiempo tropa, enseñas y general. Los partos poseían las insignias romanas, honor de la guerra, y el abanderado del águila romana era el enemigo. Y esta vergüenza habría durado hasta hoy si las valientes armas del César no hubieran protegido el poder de Ausonia –Italia-. Él eliminó las antiguas manchas y el deshonor de largo tiempo. Las insignias recobradas reconocieron a sus dueños. […]. Religiosamente se ha dado un templo al dios y por dos veces el nombre del Vengador, y el honor benemérito ha cumplido con la deuda de la promesa. ¡Celebrad, Quirites, juegos solemnes en el Circo!”

Foro de Augusto –Forum Augustum, o Augusti-
Situado en la zona central de los llamados foros imperiales, el foro de Augusto está dominado por el templo a Marte Vengador y su impresionante escalinata. El emperador había comprado el terreno gracias al botín obtenido en las diversas guerras, aunque no había quedado satisfecho: le hubiese gustado poder adquirir un terreno incluso mayor.
Suetonio, en su Vidas de los doce césares II (29) nos describe los motivos que Augusto sopesaba para la construcción de este foro y las prisas por inaugurarlo: “El motivo de levantar un foro fue la gran abundancia que había de hombres y de procesos, que parecía necesario un tercero por no dar abasto los dos ya existentes –el foro romano y el foro julio-; por eso también se abrió al público a toda prisa, sin que estuviera acabado el templo de Marte, y se dispuso que en él se celebraran especialmente los juicios públicos y los sorteos de los jueces. Había hecho voto de levantar el templo de Marte una vez entablada la guerra de Filipos para vengar a su padre; decidió, por tanto, que en él sería consultado el Senado a propósito de las guerras y de los triunfos, que de él partiría la escolta de los magistrados que se dirigieran a las provincias investidos del mando supremo y que a él traerían las insignias de sus triunfos los generales que hubiesen regresado vencedores.”

Debido a ello, a las prisas, a una posible mala gestión de los tiempos –Augusto, irónico, solía hacer referencia a la lentitud del arquitecto del foro en no pocas de sus conversaciones privadas-, se inauguró el foro el uno de agosto del 3 a. C., no así el templo, inaugurado un año después el doce de mayo, siendo su dies natalis. Pese a ello, el foro a veces recibe el nombre de forum Martis. Situó Augusto a lo largo del foro estatuas de bronce y mármol representando a los héroes y generales victoriosos de la historia romana, indicando su nombre y cursus honorum. Todo un espectáculo y motivo de orgullo para todo romano, que pueden contemplar a los triumphatores, comenzando con el mitológico Eneas.
Nota del autor: es posible, aunque existe controversia, que se instalase provisionalmente un templo a Mars Ultor en el Capitolio, hasta la inauguración del templo del foro de Augusto. Debido a ello existe cierta confusión sobre la fecha exacta de la inauguración del templo. Algunos autores consideran el 1 de agosto, otros el 12 de mayo –fecha por la que me inclino-.

Templum Mars Ultor
Este singular templo tiene diversas funciones desde su inauguración, todas relacionadas con el mundo bélico.
  • En tiempos de Augusto los senadores se reunían aquí para tratar y deliberar los asuntos relacionados con la guerra.
  • Aquí acuden los generales victoriosos a mostrar sus respetos a Roma y al emperador; aquellos que regresan a Roma con botines de guerra singulares, suelen depositarlos en este templo.
  • Los salii, los sacerdotes guerreros de Marte, a menudo realizan sus banquetes en el interior de este templo.
  • En su interior existe una capilla a la arcaica diosa guerrera Ultio, personificación de la venganza personal. Sin embargo, en tiempos imperiales se suele moderar el carácter vengativo de esta deidad, algo más clemente y misericordiosa con sus enemigos.
  • No pocos jóvenes de la nobleza, en ese tiempo que deben adquirir la toga viril, muestra clara de su madurez, acuden a este lugar para esta ceremonia pública tan importante. El foro y el templo son magníficos escenarios para estas ocasiones tan solemnes pero alegres y emotivas.
  • Durante un tiempo el templo se consideró seguro para custodiar riquezas y bienes, pero según Juvenal, cuando robaron de su interior el casco de Marte, ya no se consideró una fortaleza segura e inexpugnable. El poeta se mofaba asegurando que Marte el Vengador era incapaz de vengarse del robo perpetrado en su templo.

Ludi Martiales -12 de mayo-
Por motivo de la inauguración del templo a Marte Vengador, Augusto celebró unos juegos en su honor, que después se hicieron anuales y organizados por los cónsules. Los juegos también reciben el nombre de Martis Ultoris. En estos primeros juegos el emperador ofreció una naumaquia. Posteriormente, se suele ofrecer una venatio.
Sin embargo, el plato fuerte de los juegos está en la competición de las seis turmae –escuadrón de caballería, en teoría, formada por treinta jinetes y sus monturas-. Estas turmae están lideradas por los sodales augustales, miembros en el sentido más extenso de la familia imperial, encargados del culto a los julio-claudios. Los senadores tienen el privilegio de escoger, en esta ocasión, a una turma que les representa.


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