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Denario de L. Caesio (acuñado sobre el 112 -111 a. C.) En el anverso la efigie de Vulcano (o de Apolo); en el reverso los lares praestites, a veces identificados como los espíritus de Rómulo y Remo |
Pequeño festival realizado en honor a los lares praestites –en origen, divinidades
tutelares de las murallas de Roma, y por lo tanto, de los límites físicos de la
ciudad-. Se les representa como dos jóvenes portando lanzas y en medio de
ellos, un perro guardián.
Ovidio, en sus Fasti V (129-148) nos lo describe
someramente, comparándolos con fieles perros guardianes, con una razón muy
particular:
“Las calendas
de mayo vieron la fundación de un altar a los Lares tutelares y de pequeñas
estatuas a los dioses: Curio, precisamente, las había ofrecido; pero la mucha
antigüedad las destruyó, y el largo envejecimiento ha dañado a la piedra. Sin
embargo, la razón del apelativo que le dieron había sido el que con sus ojos lo
conservan todo seguro. Se alzan también en nuestra defensa y presiden las
murallas de la ciudad, y están presentes y nos traen auxilio. Ahora bien, ante
sus pies estaba un perro tallado en la misma piedra. ¿Cuál fue la razón de
estar junto al Lar? Ambos guardan la casa, ambos son fieles a su dueño también.
Las encrucijadas son gratas para el dios, las encrucijadas son gratas a los
perros. El Lar y el pelotón de Diana –los perros- ahuyentan a los ladrones.
Pasan la noche en vela los Lares, en vela pasan la noche los perros…”
La razón de la comparación con los canes es que los
lares praestites van ataviados con
las pieles de estos animales, razón que escapa a los romanos. Es muy posible
que en la primera antigüedad de los romanos se les sacrificase perros a estos
lares; sacrificio ya caído en desuso en tiempos imperiales.
Plutarco y su
explicación sobre los lares praestites
Autores antiguos, como Plutarco -aunque lo haga
indirectamente-, asocia los lares praestites
como guardianes de los límites de Roma, apostados en lo que en origen era un
cruce de caminos, con Hécate. Diosa infernal, domina de las encrucijadas,
acompañada siempre de una jauría de perros que aúllan como almas en pena. Por
ello, estos lares estarían vinculados a esta deidad y a las brujas, al menos,
en su brumoso origen en tiempos de los reyes etruscos que gobernaron Roma.
En la obra Cuestiones
romanas (51), Plutarco se pregunta sobre estos lares:
“¿Por qué
aparece colocado un perro al lado de los lares, con mucha propiedad llamados praestites,
y ellos mismos aparecen cubiertos con pieles de perros?
¿Acaso
praestites son «los que están colocados delante», y por eso tienen a su cargo
la protección de la casa y, lo mismo que los perros, son motivo de terror para
los extraños, mientras que se muestran amistosos y mansos con los miembros de
la familia?
¿O resulta
más verídico lo que cuentan algunos romanos? A saber: del mismo modo que los
filósofos seguidores de Crisipo creen que continuamente nos acechan espíritus
malignos, de los que se sirven los dioses como verdugos castigadores de los
hombres impíos e injustos, así los lares son una especie de genios vengadores y
démones punitivos que supervisan las vidas de las familias de las personas. Por
eso van cubiertos con pieles de perro, y un perro aparece sentado a su lado,
como hábiles que son estos animales para rastrear y perseguir a los
malhechores.”
Reforma de
Augusto
Como hizo con multitud de cultos y templos, el
emperador Augusto restauró el culto y festival a los lares praestites, convirtiéndolos en lares estatales o publici
–ganando para ellos mayor importancia y celebridad-. Desde ese momento
comparten culto y templo con los lares
compitales. Las efigies de estos lares se guardan en la Regia, cerca del
templo a Vesta, en Roma; aunque cabría puntualizar que antes de tiempos
imperiales se guardaban en el sacellum
larum, o aedes larum, templo
dedicado por Rómulo a estos lares.
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