lunes, 30 de noviembre de 2009

Furia de Titanes (1981) y (2010)

Hace ya muchos años, en mi infancia, recuerdo que la peli Furia de Titanes (1981) simplemente me cautivó. La lucha de Perseo contra su fatal destino, las conspiraciones de las crueles divinidades y la miríada de seres sobrenaturales, destacando una terrorífica Medusa, que eran sus antagonistas fueron un imán para mi imaginación. Realmente, no sé cuantas veces pude visionar esta película, aunque hace ya mucho que no la he vuelto a ver. Ignoro cómo habrá “envejecido” y posiblemente lo deje estar.

Sin embargo, parece que no soy el único nostálgico y finalmente han rodado un remake: Clash of the Titans (2010). Valorar lo que pueden haber hecho es prematuro, pero al menos el adelanto promete. Posiblemente me lleve un chasco pero prefiero esperarla con cierta ilusión. Al menos será espectacular. ¡Que los dioses vengativos se venguen si no salen satisfechos del cine situado en la cúspide del Olimpo!

lunes, 9 de noviembre de 2009

Ágora, de Alejandro Amenabar

Hace poco fui a ver Ágora. Centrada en el decadente y convulso Egipto de finales del siglo IV y principios del V, específicamente en la gran ciudad de la Biblioteca y el Museo, Alejandría, la otrora gran metrópolis fundada por el legendario Alejandro Magno.

Ciudad ilustre en la que bullen griegos, judíos y egipcios, una imposible amalgama cultural que en diversas épocas mostró lo mejor del genio humano y lo peor de las pasiones que nos dominan. Lejos queda de ser un lugar idílico. La carne y las pulsiones luchan contra la filosofía y el saber de una época ahora extinguida en gran parte.

Es una época poco conocida por la mayoría de aquellos que fueron a disfrutar de la visión de Amenabar. Siempre comento que no se trata de un documental o una película enteramente histórica, aunque en ese sentido me pareció razonablemente correcta en gran medida. Si se mostrase el mundo alejandrino tal y como era es muy posible que la mayoría de los espectadores no entendiesen qué es lo que están viendo. Roma no era tan monolítica como pueda parecer: el Oriente romano tenía innumerables particularidades y el poder romano nunca intentó pisotearlo o destruirlo.

No se trata de un peplum al uso. Está más centrada en la vida y la injusta respuesta de algunos fanáticos contra la filósofa Hipatia. Quien espere ver gladiadores, combates de galeras y legionarios, se llevará una gran decepción, aunque no carezca de cierta acción; eso sí, la trabajada ambientación y la recreación de Alejandría es simplemente espectacular. Debe comprenderse que la peli vive y respira por medio de Hipatia y sus allegados más inmediatos, algunos de ellos futuros adversarios. Sentimientos y razonamientos son las armas que se verán en la palestra de los diferentes puntos de vista de un mundo en decadencia… hasta que la deolatría y la violencia ganan la partida.

En el aspecto técnico me parece una gran película, con un guión pausado apropiado a la historia que se narra. Algunos pueden pensar que se trata de un peli lenta pero a mi parecer este es el ritmo adecuado. Si tuviese que pensar en dos “motores de la acción”, leit-motiv o esencia, el absurdo fanatismo y la estupidez son mis candidatos por un lado; en el otro fiel de la balanza, la razón y la tolerancia.

La gran protagonista, Hipatia, encarnada perfectamente por Rachel Weisz, me parece un personaje memorable, complejo e interesante, lejos de lo que nos tiene acostumbrado últimamente el cine, con personajes que son simples clichés, o simplemente absurdos e insulsos. Hipatia simboliza para mí algunos de los logros del mundo antiguo, ignorados y destruidos por un grupo de fanáticos motivados por una nueva religión que rara vez practicó lo que predicaba. De todas formas, no quiero entrar en bizantinos debates de este tipo. Simplemente narro un hecho.

Aunque se trate de una peli de “romanos” la recomiendo a cualquier tipo de espectador… bueno, aquellos que disfruten más con la acción y la casquería igual se desilusionarán. Desgraciadamente, en nuestro mundo pocas son las hipatias y muchos los cirilos. La máxima de estas gentes debería ser un simple vive y deja vivir.