viernes, 15 de marzo de 2013

Calendario religioso romano: festival de Anna Perenna -15 de marzo-


Licenciosa y antigua fiesta en honor a la ninfa fluvial Anna Perenna, celebrado en la ribera del Tíber adyacente al Campo de Marte, concretamente en la zona del primer miliario de la vía flaminia.

La ninfa Anna Perenna
Divinidad de cierta complejidad. En origen se trata de una ninfa asociada al río Numicio y al Tíber, aunque con el tiempo se fueron asociando diversas leyendas a su naturaleza. Sin embargo, no debe olvidarse que en esencia es una ninfa fluvial.

Según Ovidio puede tratarse de una hermana de Dido, la gran reina de Cartago. Huyendo de la ciudad tras el suicidio de la reina, arribó a Italia, donde se enamora de Eneas sin ser correspondida. Acaba sus días al arrojarse el río Numicio. Simbolizando por ello la renovación cíclica con la llegada de la primavera.

Se le asocia al tiempo en su forma lunar, pues los idus de marzo debían coincidir con el primer plenilunio del año romano –recordando que antiguamente marzo marcaba el inicio del año-. Asociada por lo tanto a la diosa Luna y a Temis. Por ello, simbolizaría el ciclo anual, buscando con su festival el que el nuevo año fuese propicio.

Otro mito relata como se le asociaba a una anciana llamada simplemente Anna que ayudó a la plebe en un momento de gran necesidad. Quizás pensaban que la anciana no era otra que Perenna oculta bajo una faz mortal. Aquí el relato:

“Ha llegado a mis oídos la opinión que voy a relatar y que no dista de la creencia verdadera. La plebe antigua, cuando no disponía de la garantía de los tribunos, escapó y se instaló en la cima del Monte Sacro. Ya les faltaba también el alimento que habían llevado consigo y el trigo apropiado para las necesidades humanas. De las Bovilas, un arrabal de la ciudad, era originaria una tal Anna, una vieja pobre, pero de grandes recursos. Con el pelo canoso ceñido por una mitra de poco peso, aderezaba tortas rústicas con sus manos temblonas, y de este modo, humeantes todavía, solía repartirlas entre el pueblo por la mañana, Tal abastecimiento resultaba grato a la gente. Cuando se hizo la paz en la ciudad, levantaron una estatua a Perenna por haberles ayudado  cuando estuvieron necesitados.”

El festival popular
Se consideraba que esta feria plebeya era una de las más licenciosas y escandalosas, ya que las borracheras y la cohabitación eran habituales y faltas del más mínimo decoro. Se celebraba el festival con abundante vino, el cual simbolizaba la salud, el festejo, así como la longevidad. Se honraba la alegría y la vida con las uniones sexuales.

Las muchachas vírgenes podían romper una prohibición sagrada de aquellos tiempos, y era la declamación de palabras soeces y obscenas –especialmente en tiempos de la República y en épocas de nupcias, después, las costumbres se relajarán-. Por ello, no era raro que las jovencitas, e incluso niños, aprovechasen para adornar ese día con insultos y palabras indecorosas. Posiblemente el fin último fuese de carácter apotropaico: se reforzaba el poder benigno de la ninfa con esta acción a la inversa, aunque para nosotros parezca extraño y contradictorio.

Aunque la mejor forma de comprender cómo se llevaba a cabo la feria es de primera mano, nada como la descripción de Ovidio en sus Fasti (III):

“El día de los Idus es el festival del genio de Ana Perenna, no lejos de tus riberas, Tíber, advenedizo. Se reúne la plebe, y echándose por doquier en la hierba verde, se pone a beber, y cada cual se recuesta con su pareja. Algunos aguantan a cielo raso; unos pocos ponen tiendas; otros levantan una chabola de hojas y ramas; otra parte, así que han levantado cañas a manera de rígidas columnas, colocan encima las togas extendidas. Sin embargo entran en calor con el sol y el vino, y se desean tantos años como copas toman, y beben contándolas. Allí podrías encontrar al que se bebe los años de Néstor –que vivió tres generaciones- y la que se convierte en la Sibila con las copas que se toma. Allí también cantan lo que aprenden en el teatro y baten hábilmente las palmas siguiendo la letra; colocan una crátera en el suelo y ejecutan duras danzas, y una muchacha ataviada baila con el pelo suelto. Cuando viene de vuelta, van haciendo eses y son el espectáculo de la gente, y los grupos con los que se topan los llaman afortunados. No hace mucho me tropecé con una romería (me ha parecido digno de referir). Una vieja borracha llevaba a rastras a un viejo borracho.”

El paso del tiempo
El carácter de esta divinidad, su naturaleza y su festival fueron variando con el paso de los siglos.

República y tiempos de Augusto
Cabe la descripción que se ha realizado del festival y la divinidad en esta época. Cabe destacar una costumbre que resultó invariable a lo largo del tiempo, y fue arrojar monedas u otros objetos a la fuente que tenía consagrada Anna Perenna en Roma, para solicitar su favor, o bien, como puro acto de devoción.

Siglo II
Al festival se añaden certámenes de índole cultural, como poesía, recitación y danza, todo en honor a la diosa. Debido a ello se pierde en cierta medida el carácter licencioso, pues muchos de los plebeyos dejan aparte sus borracheras y uniones sexuales para acudir o participar en dichas competiciones.

Siglo IV
Época de crisis y esoterismo en el Imperio. La divinidad pierde parte de su anterior naturaleza para adquirir ciertos matices de índole mágico y sobrenatural. Se le brindan ofrendas como hornillos, lámparas o calderos de bronce, asociados a rituales mágicos. Incluso algunos solicitan de ella que maldiga a sus enemigos por medio de defixiones –láminas de plomo que se empleaban como vehículo para realizar maldiciones-, así como recipientes de plomo en cuyo interior se depositaba una figurilla humana para señalar a la víctima de la maldición.

Asesinato de César
Cabe recordar que el famoso y aciago asesinato del gran Julio César ocurrió durante el festival de Anna Perenna, una de las fechas más recordadas por la humanidad: los idus de marzo del 44 a. d. n. e. Algunos consideran que la elección de esta fecha nada tiene de casual, marcando el fin de la época cesariana y el inicio del imperio augusteo.

jueves, 14 de marzo de 2013

Calendario religioso romano: Mamuralia -14 de marzo-


Uno de los festivales más curiosos, misteriosos y arcaicos del mundo romano, relacionados con Marte –marzo es un mes especialmente consagrado a esta importantísima deidad-, durante el cual se honra y repudia a Mamurio Veturio, una figura controvertida ya desde tiempos antiguos.

¿Quién era Mamurio Veturio?
Según los propios romanos se trataba de un artesano arquetípico, maestro armero o herrero, compañero de Numa Pompilio, el cual siempre aparece asociado a la magia y el mundo religioso del primitivo Lacio.

Es una de las figuras principales en el mito de los salii, los sacerdotes de Marte. Son los portadores de los ancilia, los doce escudos sagrados de bronce de arcaica manufactura… de hecho, Mamurio es su creador, pero no adelantemos acontecimientos.  El mito nos cuenta que un escudo de bronce cayó desde los cielos un primero de marzo en tiempos de Numa Pompilio. Este escudo era obviamente de origen divino, un regalo del dios Marte. Un poderoso talismán de vital importancia para la joven y frágil ciudad de Roma.

El escudo era poderoso en términos religiosos, con él se realizaba una procesión por varios caminos de Roma buscando su protección. Por ello, debía idearse una forma de enmascararlo a los enemigos de la ciudad, e incluso a no pocos de sus habitantes. Mamurio se encargó de fabricar once réplicas perfectas del original. Lo que logró con tal maestría que ya nadie era capaz de distinguirlos. Por ello los salii en su procesión portan doce escudos, entonado un himno en honor a Mamurio y diversas divinidades.

Marte agrícola
Sin embargo, los modernos historiadores consideran que este Mamurio no era otro que una arcaica denominación de Marte como deidad agrícola o arbórea, representando el Marte del año que ya moría, un simple nombre que podría traducirse como “el viejo Marte”. Cabe recordar que durante cierto tiempo marzo fue el primer mes del año romano.

Esta idea o conjetura de un viejo Marte es la más probable, aunque los propios romanos hubiesen olvidado el verdadero origen de su herrero mitológico. Cabe decir que los romanos en sus mitos, al contrario que los griegos, tendían a “convertir” a sus más antiguas divinidades en seres humanos. Las humanizaban de tal modo que no perdían su conexión con el mundo divino, pero era una forma radicalmente diferente a la de muchos pueblos que hicieron a menudo lo contrario –divinizar a multitud de seres humanos, lo que no ocurrió tan a menudo en Roma como puede pensarse-.

El festival: la expulsión
Sencillo en esencia. En esa fecha los salii realizaban cierta tarea “teatral”, actuando como herreros, imitando de algún modo a Mamurio, pero golpeando pieles de animales, nada de metales o piedra.

Tras esto, un viejo ataviado con pieles encarnaba a ese herrero mitológico. Esta triste figura era golpeada con largos cayados de madera blanca, siendo expulsado de Roma. Al parecer cuando se elaboraron las once réplicas algún tipo de desastre sucedió en la ciudad relacionada con el pueblo de los oscos –antiguos enemigos de Roma-, siendo este el motivo de la expulsión de Mamurio. Pero los autores modernos consideran que Mamurio personificaba el invierno y que durante el festival simplemente se le expulsaba como chivo expiatorio. De algún modo cargaba con los males asociados al invierno y gracias a su violenta expulsión atraía los bienes de la primavera.

Roma y otras ciudades
Aunque el origen de tal festival era la ciudad de Roma, con la consecución del imperio y la llamada romanización, otros pueblos también adoptaron la costumbre de la expulsión de sus propios Mamurio Veturio. Especialmente en las ciudades del Occidente romano, donde sobrevivió durante siglos.

martes, 5 de marzo de 2013

Calendario religioso romano: Navigium Isidis -5 de marzo-


Procesión en honor a la divinidad egipcia Isis, representación del mundo femenino, el mundo lunar y la magia, entre otra multitud de caracteres, siendo de naturaleza realmente variada y compleja. El culto a Isis en el imperio romano era en extremo popular, teniendo cabida en todas las provincias; de hecho, eran multitud las ciudades en las que se celebraba este y otros festivales asociados a divinidades egipcias. No son pocos sus templos, los sacerdotes que los administraban y la prosperidad de sus variadas rentas y donaciones privadas.

La fecha y razón del festival
La “Nave de Isis” –navigium isidis- se realizaba una vez finalizaba lo que podía considerarse el invierno, y por lo tanto la finalización del llamado mare clausum, esto es, la dificultad natural de los viajes marítimos durante la época invernal. Durante la colorida procesión se agradecía especialmente al “navío” de Isis como símbolo o alegoría del grano procedente de Egipto como clara señal de prosperidad y bienestar, y todo gracias a la bondad y poder de la diosa.

Origen egipcio
Sin embargo, no debe olvidarse que se trataba de un culto “extranjero” para los romanos, siendo de origen exótico y a menudo extraño. En teoría la primitiva conmemoración del festival estaba relacionada con la búsqueda que realizó Isis para encontrar y reunir las partes de su marido desmembrado, el célebre Osiris, tras ser traicionado y engañado por el terrible Set. Antiguo en Egipto, cuando el festival se popularizó durante el primer siglo de nuestra era mutó considerablemente su función.

La procesión
En Roma partía del Iseum -templo de Isis- situado en el monte Aventino. Lugar de culto edificado y frecuentado por lo más bajo de la sociedad romana de la época –egipcios, sirios, esclavos-. Ampliado a finales del siglo II, pero derribado en tiempos del emperador Caracalla, edificando sus célebres termas allí, sin dejar de honrar a Isis, una de sus divinidades favorecidas.

El festival según Apuleyo
Describir el colorido y variopinto carácter de la procesión es una labor compleja –siendo muy similar a un gran carnaval-. Por ello, nada como la magnífica descripción que realiza un autor de aquellos tiempos, que vivía con intensidad estos festivales. Apuleyo, en su obra “El asno de oro” –libro XI, 8, 9, 10, 11-, nos muestra como eran estos pasacalles multitudinarios, siendo él mismo un devoto a la gran diosa Isis. Claro que al tratarse de una obra literaria puede colarse algo de la propia inventiva de Apuleyo, aunque descubriendo como disfrutaban los romanos de sus festivales, no sería de extrañar que no hubiese excesiva exageración en la descripción.

8. “Ya desfilan, a paso lento, en cabeza de la solemne comitiva y abriéndole paso, los bellísimos disfraces votivos que cada cual se ha amañado a su gusto. Uno llevaba un correaje y hacía de soldado; otro, con su capa, sus polainas y sus venablos, hacía de cazador; un tercero llevaba zapatos dorados, bata de seda y un aderezo de valiosas joyas; su peluca postiza y su movimiento de caderas completaban el disfraz femenino. Otro llamaba la atención con sus grebas, su escudo, su casco y su espada: parecía salir de la escuela de gladiadores. Había quien, precedido por las fasces y vestido de púrpura, hacía de magistrado; y quien, con un manto, un bastón, unas sandalias de fibra vegetal y una barba de macho cabrío, hacía de filósofo. Había un cazador de pajaritos con cañas y liga, y un pescador con otra clase de cañas y anzuelos. También vi una osa mansa: iba en litera, disfrazada de dama distinguida; un mono con un gorro de paño, con vestido amarillo a la moda frigia y con una copa de oro en la mano recordaba al pastor Ganimedes; un asno al que habían aplicado un par de alas caminaba junto a un viejo achacoso: querían ser respectivamente Belerofonte y Pegaso: ambos daban mucha risa.”

9. “Entre estas diversiones y algaradas populares de libre organización, ahora emprendía la marcha la verdadera procesión de la diosa protectora. Unas mujeres con vistosas vestiduras blancas, con alegres y variados atributos simbólicos, llenas de floridas coronas de primaverales, iban caminando y sacando de su seno pétalos para cubrir el suelo que pisaba la sagrada comitiva. Otras llevaban a su espalda unos brillantes espejos vueltos hacia atrás: en ellos la diosa en marcha podía contemplar de frente la devota multitud que seguía sus pasos. Algunas llevaban peines de marfil y con gestos de sus brazos y movimiento de los dedos parecían arreglar y peinar a su reina. Entre ellas las había que, como si gota a gota perfumaran a la diosa con bálsamo y otras materias olorosas, inundaban de aroma las calles. Además, una gran multitud de ambos sexos llevaban lámparas, antorchas, cirios y toda clase de luces artificiales para atraerse las bendiciones de la madre de los astros que brillan en el cielo. Seguía, en deliciosa armonía, un conjunto de caramillos y flautas que tocaban las más dulces melodías. Detrás venía un coro encantador, integrado por la flor de la juventud con su traje de gala, tan blanco como la nieve: iban repitiendo un himno precioso, letra y música de un poeta mimado por las Musas: la letra contenía ya como una introducción a los votos más solemnes. Formaban en el cortejo los flautistas consagrados al gran Serapis, que con su instrumento lateralmente dispuesto y apuntando al oído derecho, repetían el himno propio del dios y de su templo. Independientemente estaba el nutrido grupo de quienes chillaban porque se dejara paso libre a la piadosa comitiva.”

10. “Entonces llega la riada masiva de los iniciados en los divinos misterios: hombres y mujeres de todas las clases sociales, de todas las edades, flamantes por la inmaculada blancura de sus vestiduras de lino. Ellas llevaban un velo trasparente sobre sus cabellos profusamente perfumados. Ellos, con la cabeza completamente rapada, lucían la coronilla, como astros terrestres de veneración sus sistros de bronce, de plata y hasta de oro formaban una delicada orquesta. Los pontífices sagrados, como grandes personajes, iban enfundados en blancos lienzos que les ceñían el pecho y les caían sin vuelo ninguno hasta los pies; llevaban los símbolos augustos de los dioses todopoderosos. El primero sostenía una lámpara de gran luminosidad, pero que no recordaba en nada las que iluminan nuestras comidas vespertinas: era una naveta de oro, que en el centro de su cubierta echaba una abundante llama. El segundo, de igual indumentaria, sostenía con ambas manos un altar, es decir, un altar “del Amparo”, pues debe su nombre específico a la auxiliadora providencia de la diosa soberana. El tercero llevaba una palma de oro artísticamente forjada y además el caduceo de Mercurio. El cuarto exhibía el símbolo de la justicia, esto es, la palma de la mano izquierda completamente abierta: por su peculiar torpeza, su absoluta inhabilidad para trucos de prestidigitación, parecía más apta que la derecha para representar a la Justicia; también llevaba un pequeño vaso de oro, moldeado en forma de tetina; con ese vaso iba haciendo libaciones de leche. Un quinto ministro llevaba una zaranda de oro llena de ramitas de oro; y el sexto iba cargado con una ánfora.”

11. “Inmediatamente detrás, accediendo a caminar sobre piernas humanas, marchan ahora los dioses. El primero, de aspecto sobrecogedor, eral el gran mensajero que enlaza el cielo y el infierno: su rostro negro y dorado, pero ciertamente sublime, sobre su largo y erguido cuello de perro; se llama Anubis; lleva un caduceo en la mano izquierda y agita con la derecha una palma verdosa. Le iba a la zaga una vaca levantada en ancas; esa vaca, símbolo de la fecundidad, encarnaba a la diosa madre universal; iba apoyada a la espalda de un santo sacerdote que la sostenía sin perder su hierática compostura. Otro sostenía la cesta de los misterios: guardaba celosamente en su interior los secretos de la sublime religión. Otro llevaba sobre su bienaventurado corazón la venerable imagen de la divinidad suprema, sin encarnarla ya en forma de un animal doméstico, de un ave, de una fiera, ni tampoco de un ser humano; por un ingenioso descubrimiento, cuya novedad en sí ya inspiraba respeto, ideó un símbolo inefable para esa religión envuelta en el mayor y más misterioso secreto: se acudió a la forma material –en oro puro- de una pequeña urna muy artísticamente vaciada, de fondo perfectamente esférico y cuyo exterior iba decorado con maravillosas figuras del arte egipcio. Su orificio de desagüe, no muy alto, se prolongaba por un caño a modo de largo chorro; del lado opuesto sobresalía en amplia curva el contorno del asa, a cuyo vértice iba anudado un áspid con la cabeza muy erguida y el dilatado cuello todo erizado de escamas.”

viernes, 1 de marzo de 2013

Calendario religioso romano: Matronalia / Matronales feriae -1 de marzo-


Festival en honor a Juno Lucina, garante de los matrimonios, y especialmente de los partos, protegiendo tanto al neonato como a la madre. El propio nombre del festival deriva de “madres” –matres en latín-, para indicar con mayor claridad que se realiza en honor a las mujeres que han dado a luz, y su vinculación con la divinidad.

Inauguración del aedes a Juno Lucina
La fecha del festival escogida es aquella en la que fue inaugurado uno de los templos más antiguos en honor a Juno, allá por el 375 a. d. n. e., por el rey sabino Tito Tacio, en una arboleda sagrada. Situado en la ladera norte de la colina Esquilina, en lo que se conoce como el Cispius mons. En el 191 a. d. n. e. fue alcanzado por un rayo que daño sus puertas. Ya restaurado, fue ampliado el templo por el cuestor Q. Pedio en el 41 a. d. n. e.

En el templo era común, ya desde tiempos de Servio Tulio, ofrendar los primeros regalos ofrecidos a los recién nacidos, por lo que la cantidad de este tipo de ofrendas debía ser considerable.

Cabe destacar que durante la Matronalia las mujeres que acudían a honrar a Juno a este templo debían observar ciertos deberes religiosos relacionados con su aspecto y vestimenta: debían llevar el pelo suelo -lo que era contrario al decoro romano para las mujeres casadas-, no se les permitía llevar cinturones o nudos en sus ropas, requisitos arcaicos muy vinculados a la superstición e incluso la brujería.

Origen
Según el mito fue instaurado por Rómulo a instancias del propio Marte tras el conocido rapto de las sabinas –las primeras esposas de los romanos.- El festival era una forma de conmemorar aquella paz obtenida por las sabinas entre sus maridos, padres y hermanos, antes enemigos, ahora familia.

Como siempre, mejor a Ovidio en sus Fasti que a un servidor para comprender la realidad de aquella época:

«Si cabe a los poetas oír las revelaciones secretas de los dioses, como al menos es fama que cabe, siendo como eres apropiado para funciones de hombres, Gradivo, dime por qué las matronas celebran tu fiesta». Así dije yo. Marte, dejando el casco, aunque en su mano derecha continuaba la lanza arrojadiza, me habló del siguiente modo: «Ahora por primera vez se me invoca en misión de paz, dios como soy que rinde en las armas, y encamino mis pasos hacia un cuartel nuevo, y no me arrepiento de la empresa. Me agrada hallarme también en esta función, para que no piense Minerva que sólo ella puede hacerlo. Aprende, poeta empeñado en los días latinos, lo que preguntas, y graba mis palabras en tu mente para recordarlas. Roma, si quieres remontarte a sus primeros orígenes, era pequeña, pero con ser pequeña tenía la esperanza de ser como ésta. Ya estaba en pie la muralla, estrecha para la población futura, pero para la población de entonces demasiado amplia, a su parecer. Si preguntas cuál era el palacio de mi hijo, fíjate en una casa de cañas y paja. En la paja se regalaba con el plácido sueño, y, sin embargo, de aquel lecho llegó hasta las estrellas. Y el romance tenía ya un nombre que desbordaba su lugar, pero él no tenía esposa ninguna ni suegro.

Los ricos pueblos vecinos despreciaban a los yernos pobres, y difícilmente, reían que yo era el autor de sus días. Les perjudicaba habitar en las cabañas y apacentar ovejas y tener unas pocas yugadas de suelo sin cultivar. Cada pájaro y cada alimaña forman su collera y la culebra encuentra alguna con la que reproducirse. A las tribus más remotas les es dado el matrimonio. En cambio, no había ninguna que quisiera casarse con los romanos. Sentí dolor y le dije: «Te he dado, Rómulo, el carácter de tu padre: fuera las súplicas; las armas te darán lo que deseas». Rómulo preparó las fiestas de Conso. Conso te dirá el resto de lo que pasó aquel día, mientras relatas su ceremonia. Los cures y los que sufrieron el mismo dolor se consumían de cólera. Entonces por primera vez un suegro se alzó en armas contra su yerno. Y ya las raptadas casi tenían el nombre de madres, y la guerra entre vecinos había sido aplazada por una larga tregua. Las desposadas se reunieron en el templo de Juno, como se les había indicado. En medio de ellas, mi nuera se atrevió a hablar de la siguiente manera: «Mujeres raptadas a un tiempo (puesto que esto tenemos en común), no podemos seguir demorándonos en el cumplimiento de nuestros deberes para con los nuestros. Los ejércitos están en sus posiciones, para elegid por cual de las dos partes debemos implorar a los dioses. A un lado empuña las armas nuestro esposo, al otro, nuestro padre. Hay que averiguar si preferís ser viudas o huérfanas. Yo voy a proponeros un plan arrojado y piadoso». Y propuso el plan. Ellas obedecieron y se soltaron el pelo, y cubrieron sus cuerpos desconsolados con vestidos de luto.

Ya habían formado los ejércitos dispuestos a combatir y matar; el clarín estaba a punto de dar la señal de combate. Llegaron las raptadas entre las filas de sus padres y las de sus esposos, llevando en su regazo a sus hijos, prendas queridas. Cuando alcanzaron el medio de la campiña, se pusieron de rodillas en el suelo, y los nietos, como si hubieran comprendido, dando tiernos gritos, tendían sus pequeños brazos hacia los abuelos. El que podía gritaba que por fin había visto a su abuelo, y el que casi no podía estaba obligado a poder. Cayeron las armas y los ánimos de los hombres, y, abandonando las espadas, suegros y yernos se estrecharon las manos. Alaban y retienen a sus hijas y sobre el escudo lleva el abuelo a su nieto. Este uso del escudo resultaba más dulce. A partir de entonces, las madres ebalias consideran deber no pequeño celebrar el primer día que es mío, las calendas, bien porque se atrevieron a meterse entre las espadas empuñadas y con sus lágrimas habían puesto fin a las guerras marciales o bien las madres veneran ritualmente mi día y su ceremonia porque por mí fue Ilia madre felizmente. ¿Pues qué? ¿No se marcha entonces por fin el invierno cubierto de frío y se pierden las nieves derretidas con el sol tibio, y vuelven a los árboles las hojas que el frío había pelado, y se hincha la yema húmeda de la vid tierna, y la fértil planta, oculta tanto tiempo, encuentra ahora el camino secreto por donde asomarse a la brisa? Ahora está el campo productivo, ahora es la ocasión de criar ganado, ahora prepara el pájaro su casa y hogar en la rama. Con razón veneran las madres latinas la estación fecunda, pues sus partos conllevan la milicia y las plegarias. Añádase que donde el rey romano montaba la guardia, en la colina que ahora tiene el nombre de Esquilino, las nueras latinas levantaron ese día a cargo del Estado un templo a Juno. ¿A qué extenderme cargando tu cabeza de múltiples causas? Lo que preguntas helo ahí descollando ante tus propios ojos. Mi madre quiere a las mujeres casadas. Las madres vienen en legión a visitarme: esta causa tan piadosa es la que principalmente nos conviene». Traed flores a la diosa; con plantas floridas se regocija esta diosa; ceñid vuestra cabeza con flores tiernas. Decid: «Tú, Lucina, nos diste la luz». Decid: «Atiende tú las plegarias de la parturienta». Y toda la que le halle embarazada, suéltese el pelo y rece para que ella resuelva su parto sin dolor.”

Regalos de Matronalia
Durante el festival los maridos acostumbraban a agasajar a sus esposas con regalos, los jóvenes muchachos a sus amantes y novias, las hijas a sus madres, e incluso muchos hombres regalaban a sus esclavas diversos presentes. Los más religiosos o tradicionales, además, cantaban himnos a sus esposas.
Cabe decir que es día libre para los esclavos, y en muchas casas las esposas libres les ofrecían un almuerzo preparado por ellas mismas. El poeta Marcial en tono humorístico llamaba a este festival la “Saturnalia de las mujeres”.

Otros ritos durante las calendas de marzo
Además de estos sencillos ritos, se engalanaban las puertas de la Regia, la Curia y las casas de los flamines con laureles, incluyendo el templo de Vesta, que se purificaba con especial cuidado, renovando su fuego sagrado. Incluso los salii, sacerdotes de Marte, realizaban una procesión portando sus escudos sagrados de bronce –los célebres ancilis-, en la que se conocía como la processio saliorum. La procesión realizaba su recorrido con diversas paradas, durante las cuales efectuaban su danza guerrera y ritual, sin dejar de entonar el carmen saliare, himno arcaico que empleaba un latín tan antiguo que apenas se comprendía ya en tiempos de la República.

Natalicio de Marte
Algunos mitólogos y expertos consideran que el uno de marzo era a su vez el “cumpleaños” de Marte -su dies natalis-.